Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El mal proviene de la lamentable capacidad que tenemos los humanos de ir por el camino de la tentación por lo que la victoria sobre el mal implica la educación del deseo, es decir deseando el bien que se encuentra solamente en Dios.

Homilía o062006a, predicada en 20220215, con 4 min. y 48 seg.

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Transcripción:

Con un lenguaje sencillo y directo. Ya hemos dicho, con un lenguaje prácticamente rudo. El apóstol Santiago una vez más decimos Santiago el menor. El apóstol Santiago nos muestra, nos enseña de dónde viene el mal y de dónde viene el bien en nuestra vida. No da una especie de respuesta metafísica general, sino que nos presenta de un modo muy concreto de dónde viene el mal y de dónde el bien en nuestra propia vida. ¿De dónde viene el mal en nuestra vida? Pues básicamente viene de nuestro resbalar, caer en la tentación. Pero hay que aclarar algo muy importante aquí, y es que la palabra tentación en la Biblia se utiliza de dos maneras.

A veces tentación significa simplemente prueba, como un periodo difícil, exigente. Ese es un sentido de tentación y otro sentido de tentación es la tentación como un intentar derribar a alguien, hacer caer a alguien. Ese es otro sentido de tentación. Cuando nosotros decimos, por ejemplo, de las tentaciones que sufrió nuestro Señor Jesucristo, claramente se trata de aquel intento del demonio por derribar a Cristo, por hacerlo pecar. Es decir, es la tentación en el segundo sentido. Y también en ese sentido está la enseñanza de Santiago. Dios no está empujándonos para que nosotros caigamos de ninguna manera. Sin embargo, Dios sí puede hacer que nosotros pasemos por tiempos difíciles. Y esos tiempos difíciles, complejos, finalmente traen una gran bendición para nosotros.

De hecho, en el pasaje que se leía ayer de la Carta de Santiago, nos decía este mismo apóstol alégrense, alégrense. Si ustedes están pasando por distintas pruebas, porque de las pruebas viene la constancia, y la constancia lleva a la victoria, lleva a la verdadera felicidad. Entonces, entendamos que cuando se habla de que Dios no tienta, estamos diciendo que Dios no nos empuja hacia el mal. Pero indudablemente Dios sí quiere, sí permite y quiere que nosotros pasemos por algunos tiempos que son difíciles y en esos tiempos exigentes, en esos tiempos difíciles, nosotros crecemos. Es lo que nos dice también San Agustín en una de sus hermosas predicaciones. Dice, no puede haber corona si no hay victoria, no puede haber victoria si no hay combate, no puede haber combate si no hay tentación. Y ahí se refiere a ese momento de prueba. Entonces, qué nos debe quedar claro aquí que el mal proviene de esa capacidad, de esa lamentable capacidad que tenemos los humanos de deslizarnos por el camino de la tentación. Es decir, nos dejamos empujar por el mal. Pero ese mal no está solamente afuera, ese mal está en nuestro deseo desordenado y por consiguiente, la victoria sobre el mal implica la educación del deseo. ¿Y cómo educamos el deseo? Aprendiendo a desear el bien. Y por eso también nos habla este apóstol en el pasaje de hoy sobre dónde se encuentra ese verdadero bien. Ese verdadero bien se encuentra en Dios que es constante, que no tiene grietas, ni fisuras, ni cambios. O sea que la enseñanza de hoy es preciosa. Apártate del mal, busca el bien y eso significa limpia tu deseo, purifica tu deseo, aprende a desear lo que es realmente bueno. Esa es la enseñanza práctica, como toda esta carta. Es la enseñanza que nos da el apóstol Santiago.

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