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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Dios me ha llamado a vencer y cada dificultad, incluyendo la que me puede llevar al pecado, tiene un propósito: crecer la victoria del Señor en mi vida.
Homilía o062005a, predicada en 20200218, con 5 min. y 46 seg. 
Transcripción:
De las cosas más difíciles en la vida y de las cosas más difíciles de enseñar, sobre todo a los niños, es asumir las propias responsabilidades. De hecho, la Biblia nos muestra, por ejemplo, en el Génesis, en el capítulo tercero, cuando aquel pecado de nuestros primeros padres. La Biblia nos muestra que ya desde el comienzo de la humanidad tenemos esa tendencia a estar transfiriendo la responsabilidad a otros. Así, por ejemplo, Dios le habla a Adán y por supuesto muestra que ha sido desobediente y Adán de inmediato transfiere la responsabilidad a Eva y Eva, transfiere la responsabilidad a la serpiente. De manera que es algo que está muy profundamente en la naturaleza humana.
Eso de no asumir uno sus responsabilidades y la manera más peligrosa de no asumir uno sus responsabilidades es terminar poniendo a Dios como responsable de lo que uno ha hecho mal en la vida. Y estas cosas suceden. No me estoy inventando nada. Piense usted, por ejemplo, en el caso de las personas que dicen no es que yo soy así, yo nací así. Y algunos lo dicen expresamente Dios me hizo así. Por ejemplo, en estos temas de orientación sexual es una frase que la hemos oído varias veces. Un altísimo ejecutivo de una firma muy prestigiosa, famosa en todo el mundo, decía eso, yo tengo esta orientación sexual y Dios me hizo así y le doy gracias por eso. Fíjate que esa es la manera, diríamos, más extrema de transferir la responsabilidad. Yo soy así y soy así porque Dios me hizo así. Como quien dice mi vida ha estado marcada por ese designio o ese camino de Dios. Pero resulta que cuando nosotros nos ponemos a mirar en profundidad lo que es el actuar de Dios. Resulta absurdo que Dios mande, por una parte, con toda claridad, que algo debe ser evitado y que al mismo tiempo Dios nos hizo tan débiles o tan frágiles, o tan inclinados como para que caigamos en eso mismo que él castiga. Es decir, parece una cosa absolutamente macabra. Dios me dice que yo no debo caer aquí, pero me pone en un plano inclinado para que yo resbale y caiga acá. Eso no tiene sentido.
Esta es la enseñanza que nos trae el apóstol Santiago en la primera lectura de hoy del capítulo primero de la carta que lleva su nombre. Eso es lo que nos está diciendo la expresión Dios no tienta a nadie. Hay que saberla entender. De la tentación puede salir algo positivo, pero aquí Santiago se está refiriendo a la tentación en términos de seducción como trampa que te envuelve y que te hace caer. O como lo que hemos descrito antes, ese plano inclinado que hace que resbales y termines cayendo. Ese no es Dios. Eso no es lo que Dios quiere. Esa no es la libertad que Él nos ha dado. Y por eso es muy importante que nosotros dejemos de transferir la responsabilidad de esa manera, que repito, es absolutamente extrema y absurda. Y decir Dios me hizo así. Muy al contrario, grandes santos nos han enseñado con total claridad que si hay tentación en nuestras vidas, que por supuesto la hay, esa tentación está ahí para ser superada.
Y lo dice San Pablo Dios que nos ha creado es el Dios que nos dará, junto con la tentación, la fuerza de resistirla. Es decir, que si llega el momento de dificultad, esa dificultad no está como un plano inclinado para que yo resbale y caiga, sino que esa dificultad está para que yo, con la ayuda del Señor, tenga una nueva victoria. Y ese es un buen resumen. Dios me ha llamado a la victoria. Dios me ha llamado a vencer y cada dificultad que se va encontrando, incluyendo aquellas que podrían llevarme al pecado. Cada dificultad tiene solo un propósito. Que crezca la victoria de Dios en mi vida. Ese es el único propósito, decir que Dios me hizo para el pecado. Decir que Dios me pone en la ruta para el pecado. Decir que Dios propicia las cosas o ha propiciado las cosas para que yo lleve esta vida de pecado. Eso es engaño, eso es blasfemia. Eso no es cierto. Dios te preparó, Dios te creó para la victoria, y si hay dificultades, Él es el primero en estar ahí para que la dificultad sea vencida, para que la victoria sea tuya y la gloria sea para él. Amén.

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