Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Purifiquemos el corazón para que en todo lo que hagamos busquemos la gloria divina, que el nombre de Dios sea santificado, que su voluntad se realice y que su reino venga.

Homilía o062004a, predicada en 20180213, con 5 min. y 13 seg.

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Transcripción:

En el Evangelio de hoy, tomado del capítulo octavo de San Marcos, nuestro Señor Jesucristo hace una advertencia a sus discípulos y como nosotros queremos ser discípulos de Cristo, esa advertencia vale también para nosotros. Cristo nos invita a que tengamos precaución con la levadura de los fariseos y la levadura de Herodes. Por supuesto que estos grupos, como son los seguidores de los fariseos o los seguidores de Herodes, ya no existen en nuestra época con ese nombre. Pero eso no le quita actualidad a la advertencia del Señor. A qué se refiere Cristo con la levadura, en alguna oportunidad dijo que el reino de Dios se parecía a aquello que realiza una mujer cuando mezcla tres partes de harina con levadura y la masa y entonces toda aquella masa de pan crece. Es poca la levadura y es grande el efecto. En ese momento parece que Cristo está utilizando la imagen de la levadura para indicar algo positivo. Es decir, para indicar cómo nuestra palabra, nuestro testimonio, aunque pueda parecer demasiado pequeño, puede lograr un resultado muy grande. Además, nos enseña a estar no aparte como creyéndonos los buenos, sino más bien en el mundo, aunque sin ser del mundo, que es una expresión que él utiliza también en otro contexto.

El hecho es que en esa imagen de la mujer que está amasando con la levadura nos está hablando del Evangelio. Y resulta que aquí nos pone en guardia contra la levadura de los fariseos o sea que existe la levadura del evangelio y existe la levadura de los fariseos. O dicho de otra manera, las mismas estrategias que pueden servir para difundir el bien pueden servir para difundir el mal. Esto se ha cumplido muchas veces en la Iglesia. Pensemos, por ejemplo, en la educación católica. Santos, de tan profunda inspiración como Juan Bosco, como José de Calasanz, como Juan Bautista de la Salle, Santos con esa inspiración tan profunda, vieron en la educación una oportunidad magnífica para transmitir la buena noticia del Evangelio a niños y niñas pequeños, formarlos como hombres y mujeres de bien y sobre todo como buenos cristianos. Es decir, esa herramienta, ese instrumento, puede dar un fruto muy bueno. Pero qué pasa si la educación católica pierde su horizonte, qué pasa si, por ejemplo, se empiezan a enseñar cosas que son contrarias al Evangelio, aunque el colegio sea católico, aunque la universidad sea católica, aunque estemos en una facultad de teología. En esos casos estamos utilizando una herramienta que hubiera podido servir para algo muy bueno y la estamos convirtiendo en un foco infeccioso que lo que hace es repartir confusión y repartir error a todas partes. O sea que esta comparación entre la levadura, llamémosla buena, la del evangelio y la levadura mala, la de los fariseos. Esta comparación es muy útil, es muy importante porque no es solamente utilizar un método, es decir, los métodos por sí solos pueden servir para cosas muy interesantes o pueden servir para cosas desastrosas.

Y por eso no debemos fiarnos simplemente de los métodos y por eso tenemos que preguntarnos con qué intención, con qué corazón, con qué propósito profundo hacemos las cosas. Por eso San Ignacio de Loyola quería que estuviera muy claro, muy, muy claro, aquel lema en todos sus jesuitas para la mayor gloria de Dios. Asegúrate de que en todo lo que estás haciendo de verdad, de verdad estás buscando la gloria divina. O como decimos en el Padre Nuestro, que el nombre de Dios sea santificado, que su voluntad se realice, que su reino venga. Esas han de ser nuestras preocupaciones, y no podemos fiarnos solamente de que utilizamos métodos, porque los métodos, como las herramientas, pueden servir para cosas muy buenas, pero también para cosas que no son buenas, a purificar el corazón y a buscar en todo la verdadera gloria divina.

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