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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Apegados simplemente a lo inmediato, no captamos el sentido más hondo y bello del lenguaje de Cristo.
Homilía o062003a, predicada en 20140218, con 5 min. y 16 seg. 
Transcripción:
Muy a menudo Jesús utilizaba un lenguaje figurado cuando dice por ejemplo, ustedes son la luz del mundo. O cuando dice que salió el sembrador a sembrar y que la palabra es una semilla. O cuando dice que el reino de Dios se parece a un comerciante en perlas finas, está utilizando comparaciones. Podemos decir,Jesús está haciendo hablar las cosas, está abriendo nuestros oídos para que podamos captar la voz de las cosas, el lenguaje de la vida, el mensaje de la realidad. Por medio de su lenguaje figurado, Jesucristo nos está ayudando a descubrir lo que Dios, se ha figurado al darnos la vida, la figura que Dios quiere que tenga nuestra vida y por consiguiente la manera como también nosotros desde nuestra realidad, hemos de responderle a Él.
La escena del Evangelio de hoy, tomada del capítulo octavo de San Marcos, nos muestra, sin embargo, que ese lenguaje figurado no entra tan fácilmente en la cabeza de los discípulos. Les dice Jesús tened cuidado de la levadura de los escribas y de los fariseos. El Señor se da perfecta cuenta de cómo, a través de esas palabras, muchas veces eruditas, alambicadas, retorcidas, es posible causar una confusión que paraliza en los oyentes y este era el lenguaje que utilizaban los fariseos y los escribas con gran elocuencia. Con un despliegue de maestría en el Verbo, eran capaces de producir gran impacto, de ganar una cierta autoridad y por consiguiente, de implantar su propio pensamiento. Entonces Jesús les advierte, tengan cuidado, tengan cuidado con eso. Pero esta gente no comprende. Ellos se ponen a pensar más bien en que quizás Jesús está haciendo alusión a que no llevaron suficientes provisiones. Y entonces el Señor les tiene que recordar cómo las provisiones no son un problema para el Dios providente. Y el Dios providente es el Dios que se manifiesta precisamente en Cristo, ese Dios que ha multiplicado los panes. El problema no son las provisiones, les está diciendo Cristo. El problema no es si llevas mucho o poco pan. El problema es si tus ojos sirven para ver y si tus oídos sirven para oír. Y ese es el regaño que les da Cristo. Cosa interesante para destacar Cristo, el misericordioso, Cristo, el Pacientísimo Cristo, el lleno de mansedumbre Jesucristo regaña también y regaña con fuerza.
Este pasaje del capítulo octavo de San Marcos se puede poner en paralelo con otro pasaje del capítulo veinticuatro de San Lucas. Allí donde Jesús dice a los discípulos de Emaús pero qué necios y torpes sois para entender las Escrituras y aquí les dice lo mismo tan torpe sois esos regaños de Cristo hay que recibirlos, porque esos regaños de Cristo son como los taladros que quieren reventar la dureza de nuestra mente y quieren reventar sobre todo ese apego que tenemos a las cosas inmediatas, al provecho inmediato, a la necesidad inmediata, al placer inmediato. Sal de lo inmediato, abre tu mente, escucha lo profundo, descubre la vida. Esos llamados de Cristo tienen que tener eco también en nosotros. Quizás nosotros no cometeríamos la torpeza de los discípulos, pero quizás sí estamos apegados al provecho inmediato y al placer inmediato, y al lucro inmediato y al resultado inmediato. Y quién vive en lo inmediato, seguramente no va a descubrir la riqueza de un Evangelio que es para aquel que sepa escuchar y que sepa abrir sus ojos para contemplar la grandeza del plan de Dios.

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