Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Como los fariseos, es bien posible que también nosotros tengamos dificultades para liberarnos de nuestros esquemas y para aceptar la lógica maravillosa de Cristo.

Homilía o062002a, predicada en 20120214, con 4 min. y 35 seg.

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Transcripción:

Mis amigos. No es un sentimiento muy noble aquello de alegrarse cuando a otro las cosas le salen mal. Eso no parece muy cristiano. Tampoco parece muy cristiano que uno se alegre porque alguien pasa un mal rato. Y sin embargo, yo como que siento un poco de alegría de ver a los apóstoles pasando un mal rato. Todo empieza en el Capítulo Octavo del Evangelio según San Marcos, es decir, de donde tomamos el texto para la misa de hoy. Y el mal rato que pasan estos apóstoles es porque ellos no terminan de entender qué es lo que Jesús quiere decirles.

Y la razón por la que yo me alcanzó a alegrar un poquito es porque muchas veces me ha sucedido que tampoco yo le entiendo bien, a Jesucristo. No es porque él sea un mal maestro, sino porque a nosotros nos sucede lo que bien explica Santo Tomás de Aquino. Nosotros tenemos una doble oscuridad, el pecado y la ignorancia. Ignorancia que pone una gran distancia con la enorme sabiduría del Señor. Pero sobre todo el pecado, porque el pecado es el que nos retrae en la prisión del egoísmo. El pecado es el que nos ensordece porque oímos demasiado nuestra propia voz y no le prestamos tanta atención a la voz de Dios. El pecado que nos vuelve también ciegos para leer los signos de los tiempos. Jesús nos dice varias veces en el Evangelio que tenemos que estar atentos a los signos de los tiempos.

Pero como ya han demostrado los psicólogos, nuestros ojos se dirigen en primer lugar allí donde están nuestros intereses. Entonces, si somos personas marcadas por una historia de pecado, que yo creo que eso nos sucede a muchos, entonces quiere decir que nuestros intereses no son en primer lugar los intereses de Dios. Y como no tenemos esos intereses de Dios, entonces nuestros ojos con gran dificultad van a poder reconocer los signos de su presencia. Yo creo que algo semejante le sucedía a estos apóstoles y por eso Cristo los regaña, los sacude como queriendo despertar a aquel que está adormilado.

Así Cristo sacude a estos apóstoles, queriendo que ellos descubran su propia condición de necesidad y se resuelvan de una vez por todas a dejar los antiguos esquemas, los moldes ya corruptos del pecado, para empezar a vivir en la novedad de la gracia y de la santidad que Jesús les ofrece. ¡Oh, qué trabajo para ellos! Jesús les advierte: Cuidado con la levadura de los fariseos. Es una metáfora sencilla con la que quiere indicar que hay una especie de contagio que es muy fácil caer en esa lógica, que es muy fácil repetir el estilo de ellos. Que eso tiene su propio atractivo y que eso va pasando como de unas a otras personas. Creo que esto era lo que Jesús quería decirles, porque el modelo fariseo es algo que creo que todos hemos tenido alguna vez. Cada vez que juzgamos y condenamos a los demás, y cada vez que tenemos una opinión como tan ancha y tan cómoda de nosotros mismos, estamos repitiendo el esquema fariseo. Pero los apóstoles no terminaban de entender. Seguramente estaban apegados a sus esquemas mentales.

Lo mismo nos puede pasar o nos estará pasando a nosotros. Hay que pedirle entonces a este mismo Cristo que también nos sacuda, que libere nuestras mentes de esos esquemas y que nos lleve a la novedad y a la hermosura de su Evangelio, en el que brilla con gran esplendor la gracia que viene de lo alto.

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