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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Es correcto pedir a Dios una señal cuando existe una duda sincera y se busca luz para actuar con rectitud. No es correcto pedirla para imponer condiciones o rechazar el camino que Dios ya ha mostrado claramente.
Homilía o061007a, predicada en 20260216, con 8 min. y 0 seg. 
Transcripción:
¿Por qué esta generación está pidiendo un signo? Esa es la pregunta que hace Cristo en el breve texto del Evangelio de hoy. Una pregunta que nos hace recordar momentos dentro de la misma Biblia en que personas pidieron signos.
Si nos vamos, por ejemplo, al libro de los Jueces, encontramos a uno de ellos llamado Gedeón. Cuando Gedeón, en un momento muy crítico, en un momento muy bajo, muy difícil del pueblo de Israel, recibió un mensaje aparentemente del cielo, pues él pidió una comprobación, él dijo yo quiero pedir este signo. Y fue un signo un poco raro. Básicamente había una piel de animal. Y entonces él dijo yo voy a pedir este signo, que para el día de mañana, lo que yo pido es que haya rocío en todas partes menos en la piel del animal. Obviamente la piel de un animal muerto. Y así sucedió.
Pero luego, como haciendo un poco lo que se hace en el método científico, entonces lo que hizo Gedeón fue pedir lo contrario, es decir pues ahora yo quisiera que el rocío quedará en la piel del animal y no alrededor. Si conocemos aunque sea solo un poquitico de meteorología, sabemos que las dos cosas no pueden darse así porque sí. Es decir, que un día hay rocío en todo menos en la piel y el otro día hay rocío en la piel, pero no alrededor. Es algo milagroso. Y esas señales las pidió Gedeón y no aparece por ninguna parte que Dios, digamos, corrigiera a Gedeón o que Dios regañara a Gedeón por haber pedido esas señales.
En cambio, en el Evangelio de hoy encontramos que los fariseos le piden a Cristo una señal y Él pregunta con exasperación, con frustración. Tal vez Él pregunta ¿Por qué esta generación está pidiendo ese signo? y no les da ningún signo. Entonces la pregunta a la que tenemos que llegar es ¿en qué momento es bueno o es correcto pedir un signo? y ¿en qué momento tenemos que decir que ese signo no se debe pedir? Repito, en el Antiguo Testamento tenemos el caso de Gedeón que pidió un signo y se le concedió y nadie lo regañó ni lo corrigió por eso. Y luego tenemos en el Evangelio que Cristo ve que le están pidiendo un signo y dice Esta es una generación perversa, están pidiendo signos. Yo no les voy a dar ningún signo. ¿Cuál es la diferencia?
Al principio uno no la encuentra, pero si miramos con más detalle, sobre todo en el Evangelio, nos damos cuenta que ya Cristo había dado muchos signos, muchísimos. Su Vida santa, llena de pureza, de inocencia, de sabiduría, es un signo y es muy importante. Y luego tenemos que la sabiduría, repito, la inteligencia con la que Él habla, su elocuencia llena de autoridad, es otro signo. Y los milagros que Él realizaba son signos y los exorcismos potentes que Él realizaba también son signos. Entonces, bueno, ya había muchos signos.
La gran diferencia entre el caso de Gedeón en el libro de los Jueces, Antiguo Testamento y lo que nos presenta el Evangelio. La gran diferencia es que en el caso de Gedeón, pues no había esos signos precedentes. En cambio, en el caso que nos encontramos en el Evangelio, ya Cristo había dado muchísimos, muchísimos signos y esos signos que había dado Cristo, ellos no los tomaban en cuenta.
Entonces, despreciar los signos de Dios para pedir un signo según mi propio gusto, según mi propio criterio, según mi propio control. Ese es el problema. Si yo acepto los signos que Dios me da. Entonces estamos en una situación. Pero es que el problema de los fariseos era la otra situación que ellos no aceptaban, que ellos rechazaban los signos que ya había realizado Cristo y ahora querían un signo a su gusto, un signo en sus condiciones, algo así como controlar a Dios, algo así como, podríamos decir, como ponerle condiciones a Dios. Y eso es lo que Cristo dice, pues eso no va a suceder y eso no va a hacerse así. Y efectivamente Cristo se niega a que se hagan las cosas de esa manera.
En resumen, cuando tenemos una auténtica perplejidad, una honestidad, cuando honestamente tenemos esa perplejidad, le podemos pedir a Dios ayúdame, dame una señal. Genuinamente no entiendo, Señor, auténticamente no sé lo que tengo que hacer. Ayúdame. Dame una señal. Eso no es pecado. Eso está bien. Pero el problema está en que si Dios me está mostrando claramente un camino y a mí ese camino no me gusta. Y entonces empiezo a buscar a ver qué otra cosa hago para que las cosas sean a mi gusto. Pues eso es lo que no es correcto. Si ya Dios te está hablando, si ya Dios te está mostrando lo que tienes que hacer, entonces no tienes por qué ponerle más condiciones a Dios.
Y voy a dar un ejemplo muy sencillo y muy breve. Hay personas que, por ejemplo, se confiesan de un determinado pecado con un sacerdote y entonces no les gusta lo que les dice el sacerdote. Yo he conocido casos de personas que, por ejemplo, están viviendo en adulterio o están en medio de una relación homosexual y entonces quieren encontrar un sacerdote que les apruebe lo suyo y entonces van de sacerdote en sacerdote hasta que lamentablemente encuentran alguno que les dice sí, sí, está bien lo que estás haciendo. Eso no es correcto. Ya Dios te habló claramente, claramente a través de tu conciencia. Te habló claramente a través de la Biblia, a través de la enseñanza milenaria de la Iglesia. Te ha hablado, te ha hablado a través de varios sacerdotes, y tú sigues buscando alguien que te diga lo que tú quieres oír. Así no es. Eso no es correcto. Esa es una aplicación práctica de lo que aprendemos en el Evangelio de hoy.
Si, por el contrario, estamos en una situación en que realmente no entendemos qué es lo que debemos hacer y necesitamos una luz, pedir una luz, pedir un signo está bien. Pero porque hay una búsqueda honesta, porque realmente necesitas esa claridad. Qué hermoso, qué hermoso es vivir nuestra vida cristiana en la presencia del Señor y en obediencia a su Divina Palabra. Que el Señor te bendiga.

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