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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
No le pidas pruebas a Dios, empieza por leer su presencia en tu vida. Al reconocer, agradecer y a confiar en Nuestro Señor la prueba que tengas que enfrentar no te derribará sino por el contrario te fortalecerá.
Homilía o061006a, predicada en 20240212, con 6 min. y 37 seg. 
Transcripción:
Hay una relación bien interesante entre la primera lectura de la Misa de hoy y el Evangelio. La primera lectura es tomada de la Carta de Santiago del comienzo de la Carta de Santiago, y el Evangelio es de San Marcos. El Evangelio es bien breve. Son apenas dos o tres versículos donde Cristo hace esta pregunta. ¿Por qué esta generación pide un signo? Y luego, sin responder, nos cuenta el evangelista que se subió a la barca y se fue. El motivo es que un grupo de fariseos le pedían un signo.
¿Por qué esta generación pide un signo? Bueno, eso del signo tiene mucho que ver con la fe, porque resultaba imposible para aquellos fariseos y escribas que eran como un solo grupo, les resultaba muy difícil aceptar a Cristo, aceptar la enseñanza de Cristo. Ellos estaban terriblemente incómodos. Hacían toda clase de especulaciones. No se nos olvide que en algún momento llegaron incluso al extremo de decir que Cristo estaba endemoniado. Hasta ese extremo llegaron.
Cristo para ellos era como un rompecabezas imposible, como un desafío que estaba más allá de sus capacidades. Entonces piden un signo, piden un signo, porque no son capaces de creer en Él, porque sienten que no pueden creer en Él.
Luego lo del signo tiene que ver con la fe. La Carta de Santiago nos habla de la perseverancia en las pruebas y nos habla de cómo la constancia en la prueba precisamente fortalece la fe. O sea que el tema de la fe está en la primera lectura y está en el Evangelio. Pero a ver cómo nos ayuda el Espíritu Santo a quien estoy invocando para que podamos ver ese hilo que conecta la Carta de Santiago con el Evangelio de Marcos en estos pasajes. Observa esto. Partamos de una base.
Cristo ya había dado muchos signos y Dios nos da muchos signos para que creamos en Él. Esta es una base importantísima. Pretender que la gente crea sin signos en el fondo es insultar la inteligencia de las personas. Y lamentablemente esa es la idea que muchas personas tienen sobre la fe. Como que la fe es algo así como una especie de afirmación sin evidencia. Yo mismo lo he leído, especialmente gente que está muy metida en el tema de la ciencia, pero la ciencia como una especie de culto, lo que llamamos cientismo o cientificismo. Los que están ahí metidos en el cientismo tienen usualmente una idea completamente errónea sobre la fe. Y ellos, por ejemplo, piensan eso. Piensan que la fe es una afirmación sin evidencia, pero ¿es que Cristo no había dado evidencias?. Le están pidiendo un signo, pero ¿es que no había dado signos?. Y por eso tenemos que traer a nuestra propia vida esa corrección de Cristo. Me explico.
¿Cuántos signos te ha dado Dios del amor que te tiene? ¿Cuántos signos te ha dado Dios de su misericordia, de su paciencia, de su ternura, de su bondad para contigo? Cada uno tiene que examinar su propia vida y llegar a esa conclusión. Entonces, una cosa es decir yo pido un signo que en la Biblia hay pasajes donde se pide un signo. Por ejemplo, en el libro de los jueces, Gedeón pidió un signo. No, no es que eso esté mal, lo que está mal es pedir un signo, rechazando los signos que Dios ya nos ha dado o ignorando los signos que Dios ya nos ha dado, porque Dios ya nos ha dado muchos signos.
Es como una persona que fuera donde el médico y le dijera Doctor, quiero que me recete algo para este problema. Y el doctor le dice pues usted es paciente mío hace mucho tiempo y la vez pasada yo le di una receta con unos medicamentos y un tratamiento. ¿Ha seguido ese tratamiento? No, doctor, yo voté eso. Deme otro tratamiento. Eso es lo que nosotros hacemos con Dios. Por el contrario, cuando nosotros aceptamos los signos de Dios, cuando nosotros leemos nuestra propia historia y descubrimos tantas señales de su amor, entonces adquirimos esa resistencia, adquirimos esa constancia, adquirimos esa fuerza.
¿Fuerza para qué? adquirimos esa fuerza para resistir en el momento de la prueba. Y por eso la prueba en vez de derribarnos, lo que termina haciendo es fortaleciendo nuestra fe, porque el que permanece en la prueba y adquiere esa constancia de la que nos habla el apóstol Santiago, este Santiago, el menor, el que permanece en medio de la dificultad, el que permanece en medio de la prueba y logra vencer la prueba, sale fortalecido. Así que ¿cuál es el orden? ¿el orden correcto cuál es? No empezar por pedirle pruebas a Dios, No empezar por ponerle condiciones a Dios, porque corres el riesgo de que el Señor haga lo mismo que hizo en el pasaje del Evangelio de hoy.
Es decir, simplemente da la espalda y se va. No hagas eso. Empieza por leer su presencia en tu vida. Empieza por leer y agradecer y aprender a confiar. Y desde ahí, desde esa profunda confianza, cuando llegue el momento de la prueba, en vez de ser derribado, vas a resultar fortalecido. Amén.

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