|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La vida cristiana para madurar requiere de un recorrido, de la prueba y de la batalla; aprendamos a ver estos obstáculos como medios que me hacen crecer no para derribarme.
Homilía o061004a, predicada en 20200217, con 5 min. y 4 seg. 
Transcripción:
¿Cómo es el amor perfecto? ¿Cómo es ese amor al que nada le falta y nada le sobra? Creo que si le hiciéramos esta pregunta a una persona enamorada diría amor perfecto: es como un cielo despejado donde no hay ninguna nube. Otra persona podría decir amor perfecto: es como un jardín donde todo es bello y está en su sitio. Otra persona podría decir: amor perfecto es tener todo lo que deseo y estar libre de todo lo que detesto, es decir, cero problemas. Creo que muchas personas hablarían del amor perfecto en este lenguaje, pero hagámonos la pregunta. ¿Cómo alcanza su perfección el amor cristiano? Y tratemos de responder a la luz de la primera lectura de hoy, que fue tomada del comienzo de la carta del Apóstol Santiago. Esta carta nos va a acompañar durante varios días en la primera lectura de la misa. Y es muy interesante porque mientras que uno suele pensar que el amor perfecto es, ya dije. como un cielo sin nubes, sin ningún inconveniente, sin ningún problema, sin ningún adversario. Lo que nos dice el apóstol Santiago es que el amor perfecto es el que vence los obstáculos, es el que ha pasado por las pruebas, es el que ha llegado a la verdadera perseverancia y verdadera constancia. Como sacerdote y persona de alguna edad que ya también tiene sus buenos años de ministerio. Yo puedo asegurarte que hay demasiada sabiduría en estas palabras del apóstol Santiago. Efectivamente, ¿Cuántas veces hemos visto esas parejas que parecen la encarnación, el retrato maravilloso del amor perfecto? Jóvenes, bellos, saludables, en buena posición económica. Todo sonrisas, todo son abrazos. Todo parece encajar de una manera tan bella como si estuviéramos en un cuento de hadas. Pero ese amor que indudablemente tiene su hermosura, soportará el paso del tiempo. Ese hombre, por ejemplo, estará dispuesto a hacer presencia y a servir, apoyar, ayudar, animar a su mujer. Estoy suponiendo que llegan a casarse. ¿Estará él dispuesto a todo eso? Si ella, por ejemplo, tiene una enfermedad, una enfermedad progresiva, incurable. ¿Qué va a pasar con el entusiasmo, la magnífica sonrisa de él? Sí, una cosa así le sucede a ella. ¿Qué va a pasar si un día alguno decepciona al otro? Quizás en materia grave, y tienen que entrar por una senda que siempre será difícil. La senda del perdón. ¿Qué va a pasar en esas circunstancias que el apóstol Santiago llama prueba? Pues, mis hermanos, eso mismo que decimos, eso mismo que decimos del amor de pareja, del amor humano, eso mismo vale para la vida cristiana, más allá de los entusiasmos iniciales que a veces tenemos en un momento de conversión, después de una buena confesión, en un encuentro profundo, en una experiencia de fe y de amor muy grande. Más allá de eso, nuestra vida cristiana para madurar requiere indudablemente de un recorrido. Requiere indudablemente de la prueba y la batalla. Y por eso, si algo podemos aprender de esta primera lectura es a mirar de otra manera los obstáculos, es decir, el obstáculo es una bendición en disfraz. El obstáculo, la tentación, no está ahí para derribarme, sino para hacerme crecer. El obstáculo, la contradicción no está ahí para frenarme, sino en realidad para enseñarme a caminar y que la gloria sea para Dios.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|