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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Seguimos pidiendo señales porque no hemos atendido a los muchos modos como Dios se ha manifestado ante nuestros ojos.
Homilía o061002a, predicada en 20140217, con 4 min. y 50 seg. 
Transcripción:
¿Por qué esta generación pide un signo? Esta es la pregunta que se destaca en el Evangelio de hoy, tomado del Capítulo Octavo de San Marcos. ¿Por qué esta generación pide un signo? Tomemos esa pregunta con toda su implicación, con toda su potencia. ¿Qué es eso de pedirle signos a Dios? Podría Dios respondernos y ya atendiste a los signos que te he dado. No es la creación un signo maravilloso que te deja admirado, estupefacto, fascinado. El anhelo de infinito y de eternidad, esa especie de vacío profundo que nada en este universo creado puede satisfacer. No lo descubres como un llamado de mi propio amor. Así puede hablarnos Dios. Y cuando recorres el orden que encuentras en tantas cosas. Y cuando ves que hay un plan, cuando ves que hay una razón de ser, eso no te hace pensar que el universo mismo debe tener también su razón de ser y que esa razón no se la dio el universo a sí mismo. Así como el martillo sirve para martillar. Pero no fue el martillo el que inventó el martillar, sino que hay un propósito. Utilicemos la palabra. Hay un designio. cuando reflexionas en el por qué y el para qué de este universo y su más profunda razón de ser. Eso no te hace pensar que debe haber uno, uno que le ha dado ese logos, que le ha dado esa Palabra, que le ha dado esa razón de ser. Esa sería la primera respuesta que podría dar Dios, Pero luego ¿No has visto lo que he hecho con mi pueblo? ¿No has visto cómo lo liberé de Egipto? ¿No has visto cómo lo alimenté en el desierto? ¿No has visto cómo lo he corregido, educado y alentado por medio de los profetas? Eso no te dice nada. Y si llegamos a Jesús, esos milagros maravillosos, esa sabiduría en sus palabras, esa mansedumbre desconcertante y tan deliciosa, esa bondad constante, esa multitud de vidas transformadas, no son signos, no los estás viendo. Entonces la pregunta es: ¿No es si Dios quiere darnos signos? La pregunta es ¿Por qué nosotros somos tan obstinados, tan miopes, y por qué somos tan caprichosos? El que le quiere pedir a Dios un signo más, en el fondo lo que quiere es ponerle condiciones a Dios. Lo que quiere es decirle a Dios, pues tienes que hacerte entendible y tienes que hacerte útil a la manera como yo te necesite y a la manera como yo pueda comprenderte. Y ahí es donde Jesús responde: Pues va a ser que no, así no. Yo puedo acercarme a ti y me he acercado a ti, pero tú no eres Dios. El Dios que viene a salvarte soy yo. Tú no eres Dios. Entonces no pretendas ponerle condiciones a Dios. No pretendas tomar la condescendencia de Dios como un achicamiento de Dios. No pretendas tomar la misericordia de Dios como complicidad con tu pecado. No pretendas tomar la sencillez con la que te habla con la estrechez de tu pensamiento. Dios sigue siendo Dios, y solo así, aceptándolo, así, celebrándolo, así llegarás a ser plenamente hombre.

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