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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La discusión de Jesús con los fariseos sobre aquello de lavarse las manos como signo ritual de purificación al llegar a casa va mucho más allá: la propuesta de Cristo apunta al único lugar donde Dios puede empezar a reinar: en el centro, en el corazón de nuestro ser.
Homilía o053008a, predicada en 20220209, con 6 min. y 56 seg. 
Transcripción:
Hermanos, es fácil ver estas controversias del tiempo de Cristo como algo complicado y lejano. Aquello de purificarse las manos porque he estado en el mercado y mi casa es un lugar puro, que era lo que sentían muchos judíos y particularmente muchos fariseos. Ese modo de pensar, pues es ajeno y distante a nosotros, esa clase de controversias no son las que a nosotros nos interesan hoy. Quizás nos preocuparían cosas más urgentes o más dolorosas, por ejemplo, cuestiones políticas o sociales que indudablemente tienen un impacto inmediato en mucha gente.
Pero si damos una segunda lectura a un texto como el Evangelio de hoy, nos damos cuenta de dos cosas. Primera, que aparece un tema absolutamente central en la escritura y que nunca pierde actualidad y ese tema es el corazón. Lo que está de fondo en esta controversia es el tema del corazón, un tema en el que Cristo no es original, en el sentido de que ya venía siendo tratado por los profetas.
Recordemos un par de textos bien conocidos, decía el profeta Ezequiel o mejor dicho, Dios a través del profeta Ezequiel: «Arrancaré de su cuerpo ese corazón de piedra y les daré un corazón de carne». O también ese otro texto: «Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí». O todavía otro texto, esta vez de Jeremías: «Nada más falso y enfermo que el corazón, ¿quién lo entenderá?».
Muchos autores han hablado con sabiduría sobre esto del corazón y la importancia que tiene en la Biblia. Así, por ejemplo, el Papa Juan Pablo II nos habla del corazón como el santuario, como el recinto del encuentro profundo y real con Dios. El corazón, según la Biblia, es la sede de las decisiones, de las opciones. El corazón es el lugar donde se puede detectar quiénes somos en realidad, no quienes aparentamos ser. Muchas veces lo que somos y lo que hacemos responde a nuestra necesidad de estar en buenos términos con el entorno.
Entonces, hacemos muchas cosas simplemente respondiendo a expectativas, evitándonos problemas, jugando con los intereses de otros y nuestros propios intereses. Entonces, la llamada hacia el corazón, hacia la verdad del corazón, es algo muy profundo y muy actual. Por eso, por ejemplo, nuestra hermana en la Orden, Santa Catalina habla tanto de la necesidad del conocimiento de sí mismo, esto tiene que ver con el corazón. Pero además, una lectura como estas nos ayuda a descubrir en qué consiste la verdadera religión.
Cuando la religión es algo exterior que se queda únicamente en ritos, no que estén mal los ritos, lo malo es quedarse solo en los ritos externos. Cuando la religión se limita a palabras que se dicen, pero sin implicar el corazón, en el fondo uno pretende hacer negocios con Dios, como quien dice: Ahí le entrego sus sacrificios y usted en compensación, pues tendrá que darme lo que está estipulado en la Alianza. Precisamente ese era el problema de los fariseos, según parece, que los fariseos tenían la idea de la religión como un negocio.
Y por eso, la obsesión de ellos en el sentido de que todo el pueblo tenía que cumplir la ley a la perfección. No buscaban una perfección en términos de santidad, sino más bien buscaban que los términos de la Alianza se cumplieran plena y perfectamente, de modo que Dios cumpliera plena y perfectamente todas las bendiciones de las que habló la ley de Moisés. Entonces, detrás de esa religión exterior está la idea de una relación con Dios en términos de negocio, un negocio en el que de fondo uno no se implica, uno se reserva algo para sí mismo.
La propuesta de Cristo es bien distinta, de lo que se trata es de no reservarse, de lo que se trata es del reinado de Dios. Reinado que empieza en lo más íntimo de nosotros y que luego, indudablemente, se realizará en nuestras palabras, en nuestras acciones, en las decisiones que tomamos y va llegando poco a poco a las instituciones, va llegando a la realidad social, va tocando la realidad política, internacional, global, todo lo que tú quieras, pero empieza fundamentalmente por un sí profundo al reinado de Dios en nosotros.
En síntesis, esta lectura, lejos de quedarse en simples trivialidades legalistas, es una lectura que nos invita a preguntarnos por la verdad de nuestra práctica religiosa y nos invita a ser completamente para el Señor.

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