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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La sabiduría es saber vivir, pero también es como un paladar de la inteligencia que distingue lo verdadero de lo falso, lo justo de lo injusto y sobre todo sabe darle su importancia y lugar a la vida eterna.
Homilía o053007a, predicada en 20220209, con 6 min. y 58 seg. 
Transcripción:
Estos días, la primera lectura en la Santa Misa está tomada del primer libro de los Reyes y nos presenta, sobre todo, la figura de Salomón. Hoy, por ejemplo, aparece el encuentro entre una reina famosa de aquella época, estamos hablando del siglo IX antes de Cristo, el siglo X antes de Cristo, y el rey Salomón. Y lo que se destaca de Salomón, como todos sabemos, es ante todo la sabiduría, sabiduría. Así que hoy es un buen día para hablar un poquito sobre este don tan precioso.
La palabra sabiduría tiene muchos puntos de contacto con nuestra vida cristiana. Así, por ejemplo, nos damos cuenta que Salomón se dice que es el rey más sabio que ha existido. Se nos habla de Cristo como la sabiduría de Dios. El apóstol Santiago hace una diferencia entre la sabiduría del mundo y la sabiduría divina. La misma diferencia o muy parecida la hace San Pablo, cuando dice que el mundo no reconoció a Dios por el camino de la sabiduría y por eso Dios siguió el camino extraño, el camino loco, el de la cruz.
Bueno, entonces, ¿qué podemos sacar de todas estas enseñanzas sobre la sabiduría? Tal vez, lo primero es darnos cuenta que sabiduría en la Biblia no es tanto acumulación de conocimientos. La sabiduría en la Biblia se refiere, sobre todo, a saber vivir. Tal vez esa es la asociación más importante, verdadera sabiduría es saber vivir. Otro punto que debemos recordar es que la palabra sabiduría está emparentada con saber, pero también está emparentada con sabor, de tal manera que la sabiduría también es como un paladar de la inteligencia que distingue lo verdadero de lo falso, lo justo de lo injusto, lo que es grande y no lo parece, frente a aquello que es pequeño, pero es aparente.
Entonces, la sabiduría tiene que ver con el paladar, tiene que ver con la capacidad de distinguir el sabor, poder encontrar el sabor de Dios, el sabor de las cosas de Dios, el sabor del bien. En ese sentido, la persona que es verdaderamente sabia es una persona que no come un dulce envenenado. Con mucha frecuencia el mundo nos da manjares, pero manjares envenenados. Y esos manjares envenenados, aunque son dulces, nos destruyen. El pecado, para decirlo concretamente, se presenta con mucha frecuencia así, se presenta como algo dulce y deleitable, pero contiene veneno.
El que tiene un paladar realmente fino, el que tiene verdaderamente sabiduría, pues se da cuenta que hay trampa y evita el pecado, aunque tenga apariencia de deleite o de victoria, o de atajo. Un último punto que quiero subrayar, ya lo sugerí antes. Salomón brilló por una sabiduría que era, ante todo, saber vivir en esta tierra el esplendor de su casa, la calidad de sus comidas, el lujo con el que se rodeó, la manera de administrar justicia. Por supuesto, su talento, su inteligencia profunda para discernir las cosas, todo esto está muy bien para este mundo.
Pero la sabiduría para vivir en este mundo se queda corta, frente a la sabiduría que escoge no solamente esta vida, sino la vida eterna, la vida eterna. La verdadera sabiduría sabe darle su importancia y su lugar a la vida eterna. Y en ese sentido, muchas cosas de la sabiduría celestial, la sabiduría eterna, la auténtica sabiduría cristiana, pueden parecer absurdas o necias a los ojos del mundo. Y por eso ya dije, Santiago, el apóstol Santiago y el apóstol San Pablo, nos advierten sobre la diferencia entre la sabiduría simplemente mundana, que se concentra solo en los bienes de esta tierra y la sabiduría celestial, la sabiduría divina que no solo es para esta tierra, sino que es para la eternidad.
Esa sabiduría eterna, esa sabiduría divina a veces parece tontería, parece necedad. Repito, piensa en el caso de un mártir. El mártir lo pierde todo en esta tierra, parece estúpido, parece tonto lo que está haciendo. Pero Cristo dijo: El que quiera ganar su vida, se entiende para esta tierra, la perderá para la eternidad. El que la pierde para esta tierra, es decir, el que tiene su mirada puesta en lo eterno y por eso sabe relativizar el valor de las cosas de esta tierra, ese, hace el mejor negocio. En resumen, sabiduría es saber vivir, pero somos llamados especialmente después del Evangelio de Cristo, somos llamados a descubrir la auténtica sabiduría, la sabiduría eterna.

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