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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cristo nos llama a una genuina madurez humana, espiritual y cristiana; que aprendamos a asumir nuestras decisiones y a examinar nuestras responsabilidades.
Homilía o053006a, predicada en 20200212, con 5 min. y 53 seg. 
Transcripción:
Tú te logras acordar de cuál fue la primera vez que te disculpaste, te excusaste o te justificaste de algo. Sé que es una pregunta prácticamente imposible de responder, cómo se va a acordar uno de cuál fue la primera excusa, disculpa o justificación que dijo. Muy posiblemente eso sucedió en nuestra infancia y es muy difícil que uno pueda acordarse de eso.
Muy probablemente, éramos niños pequeños y nos fueron a corregir o nos fueron a regañar por algo y entonces encontramos lo que a nuestros ojos era la excusa perfecta. Como es tan difícil acordarse de cuál puede ser la primera vez que uno se excusó o disculpó de algo, un ejercicio interesante es mirar niños pequeños y mirar qué clase de excusas, de explicaciones o disculpas ellos tienen. Y con muchísima frecuencia sucede con los niños, lo mismo que encontramos, por ejemplo, en el libro del Génesis, capítulo tres, cuando Dios empieza a llamar a cuentas a Adán y a Eva.
Y tú te das cuenta que la actitud de Adán cuando Dios le pregunta pues por qué ha comido del árbol, del fruto del árbol, entonces la actitud de Adán es la de la culpa: Es ella, ella fue. Y luego, Dios le pregunta a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y la respuesta de la mujer es señalar a la serpiente: La serpiente, ella fue. Esto es muy propio de los niños y no solo de los niños, es muy propio de nosotros seres humanos, esto de estar buscando el culpable afuera, incluso personas muy poderosas hacen esto.
Hace rato, pero mucho rato que es bien conocido, bien conocido que cuando un gobierno tiene serios problemas internos, fácilmente intenta o buscar una guerra o intenta hablar de un problema de política exterior. Como las cosas no funcionan en mi país, entonces la culpa la tiene Rusia o la tiene Estados Unidos, o la tiene China, o el problema está afuera. Y dirigir la atención de la gente hacia afuera es una estrategia tan antigua como eficaz. Y la prueba de que es eficaz es que se sigue haciendo, se sigue utilizando.
De eso trata el Evangelio de hoy, en el capítulo séptimo de San Marcos, como nosotros muchas veces buscamos la explicación afuera y Cristo quiere que nosotros empecemos a asumir nuestras responsabilidades. Y por eso dice, el problema no está en lo que tú comes, ese no es el problema, el problema no es lo que viene de fuera. El problema es que está saliendo de tu corazón, ese es el problema, qué es lo que sale de ti, qué es lo que tú decides, qué es lo que tú resuelves, cuáles son los caminos que emprendes, con quién decides meterte y con quién no.
De esa manera Cristo realmente nos está llamando a una genuina madurez humana y, por supuesto, espiritual y cristiana. Que aprendamos a asumir nuestras decisiones. Es muy fácil excusarse en el ambiente, es que el ambiente está muy pesado, es que en el mundo todo es plata, es que ahora los noviazgos son así. Padre, es que usted sabe que ya las familias no duran, es que estamos invadidos por los medios de comunicación. Todo eso es cierto, todo eso es cierto. Pero las palabras de Cristo siguen siendo un desafío vivo. Y de tu corazón, del tuyo ¿qué sale?
Incluso hoy, en grandes movimientos sociales, movimientos de la más burda manipulación, está el mismo cuento, es decir, trasladar la culpa afuera. Por ejemplo, eso de presentar a toda costa el problema de la mujer como culpa del hombre. Yo sé que hay mucho machismo, yo sé que hay mucho maltrato y mucha injusticia contra las mujeres, pero ustedes qué me dicen de la famosa canción esa, que gracias a Dios se va olvidando, un verdadero esperpento cultural, pero en su momento logró bastante. Aquello de terminar señalando: El violador eres tú, eres tú. Yo soy mujer, por consiguiente, soy inocente, yo solo soy víctima. En cambio, tú eres hombre, luego tú eres el culpable.
Repito, yo sé que ha habido muchas barbaridades, injusticias, discriminación, crueldad, todo lo que tú quieras. Pero, esa solución simplista de declarar inocentes a todas las mujeres, inocentes a todos los pobres, inocentes a todos los homosexuales, inocentes a todos los indígenas. Y, mientras tanto, el resto de la población culpable. Mira, eso ya no le puede convencer a un verdadero cristiano, porque el cristiano ha escuchado lo que Jesús dice en el capítulo séptimo de San Marcos y el cristiano sabe que hay que empezar por examinar la responsabilidad propia. Piénsalo, piénsalo y empecemos a madurar todos.

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