Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

En la verdad del corazón se juega la verdad de la conversión.

Homilía o053003a, predicada en 20120208, con 4 min. y 34 seg.

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Transcripción:

Cualquiera que haya leído unas cuantas páginas del Evangelio, o que haya escuchado, por ejemplo, en misa algunos pasajes, sabe que desde muy pronto en el ministerio público de Cristo se dio una gran tensión entre este mismo Cristo y los fariseos. Y es muy interesante ver por qué se presenta esta tensión, dado que los fariseos no eran ateos, no eran agnósticos, no eran o no se presentaban como enemigos de la religión. Al contrario, parecían gente supremamente piadosa, gente supremamente practicante, gente muy religiosa, en lo cual yo creo que ya hay una advertencia para nosotros.

A veces pensamos que se puede clasificar el mundo fácilmente entre aquellos que son muy religiosos y otros que, en cambio, son gente de poca o ninguna fe. A veces creemos que se puede clasificar fácilmente la humanidad entre aquellos que son de los buenos, de la luz, de Dios, estos son los buenos. Mientras que habría otros que serían los malos y los malos serían los incrédulos. Curiosamente, el Papa Benedicto, con esta iniciativa que ha tenido de lo que él llama el atrio de los gentiles, donde precisamente promueve el diálogo en torno a cuestiones fundamentales de Dios y de la fe.

El Papa Benedicto dice que un ateo, si está buscando con sinceridad, si está buscando la verdad con toda sinceridad, puede encontrarse mucho más cerca de Dios de lo que Él mismo cree, de lo que Él mismo piensa. Y, al contrario, una persona que se considera muy creyente, que se considera muy practicante, que se considera muy religiosa, quizás no se da cuenta que muy fácilmente puede estar cayendo en todas estas faltas de las que nos habla la Escritura, cuando se trata de los fariseos. Y entonces, creyendo ir muy adelante, está muy atrás. Fíjate cómo llegamos al dicho de Cristo: Muchos primeros serán últimos, muchos últimos serán primeros.

Así que una enseñanza de estos Evangelios que estamos oyendo estos días, es que no debemos apresurarnos en juzgar una persona simplemente porque nos parece muy religiosa y decimos: Ya tiene que ser buena. O nos parece muy crítica, muy escéptica y decimos: No, este tiene que ser un desastre y tiene que ser malo. Esas cosas es mejor dejarlas a Dios. Pues bien, sucede que en esta escena vemos a Cristo advirtiendo a la gente sobre la enseñanza de los fariseos. Y el problema fundamental está en que, precisamente, ellos quieren definirlo todo por lo exterior. Y en lo exterior hay muchos engaños, porque en lo exterior están las fachadas, en lo exterior están las máscaras, en lo exterior están las apariencias.

Por otra parte, cuando uno cree que lo exterior es lo definitivo en la vida de uno, pues está negando la acción misma de Dios, que es superior a todo lo que a uno le pueda suceder. Trato de decirlo de manera más clara, lo definitivo en tu vida no es lo que a ti te haya sucedido, sino qué has hecho tú, cuál es tu respuesta a aquello que te ha sucedido. Venir de un ambiente violento, no tiene que ser lo definitivo en tu vida. Volverte tú violento y justificarte diciendo, vengo de un ambiente violento, eso es lo realmente serio.

Entonces, Jesús le da la vuelta al esquema fariseo o farisaico y quiere que nosotros busquemos especialmente en la verdad de nuestro corazón qué es lo que está sucediendo, porque es allí, es allí donde se juega la verdad de la conversión.

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