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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Los ritos y lugares sagrados expresan nuestra fe y nos acercan a Dios. En la Iglesia Católica, el templo y la comunidad creyente sostienen y confirman una fe viva e íntegra.
Homilía o052013a, predicada en 20260210, con 10 min. y 20 seg. 
Transcripción:
Seguramente te has encontrado con personas que alguna vez dicen, yo no necesito ir a una iglesia para estar en relación con Dios. Yo no necesito ir a misa, por ejemplo. Yo no necesito estar pegado de un cura para creer en Dios. Yo creo en Dios a mi manera. Creo que la Primera lectura de hoy, tomada del Primer Libro de los Reyes, nos ayuda para hacer una reflexión muy concreta, muy real, sobre esto del templo y por extensión, lo que significa la asamblea de los creyentes, incluso lo que significa el hecho de pertenecer a una religión. Porque por esa misma línea de los comentarios que dije al principio, también hay personas que dicen, no es que no se necesitan religiones. Incluso yo he escuchado gente que dice, las religiones las inventaron los hombres. Es decir, la religión es un asunto puramente humano. Y por supuesto, de inmediato vienen las acusaciones al estilo de lo que hacía Voltaire allá en el siglo XVIII, es decir, acusaciones como que esto finalmente es un negocio, es una manera de estafar a la gente, es el manejo de la superstición para provecho propio, en fin, todo tipo de acusaciones. Bueno, en realidad hay dos cosas de las que debemos hablar cuando se trata de este tipo de comentarios. Primero necesitamos lugares especiales, necesitamos tiempos especiales. Estamos hablando del espacio y del tiempo para encontrarnos con Dios. ¿Necesitamos lugares o tiempos especiales? Esa es una pregunta. Y la otra es ¿Necesitamos congregarnos con unos hermanos? ¿Necesitamos pertenecer a una asamblea, pertenecer a una comunidad creyente? Bueno, son preguntas muy amplias. Tratemos de ofrecer respuestas concretas y yo le pido a Dios respuestas que sean útiles. Mira, tener lugares especiales y tener tiempos especiales es algo que pertenece a nuestra naturaleza humana. Por ejemplo, mira esto. Supongamos que tienes tus amigos. Yo creo que todos tenemos amigos, por supuesto. Llega el día del cumpleaños de un amigo y entonces se te ocurre invitarlo, invitarlo a tu casa para una comida especial o también organizar con otros amigos algo especial para ese amigo que está cumpliendo años. Quiere decir que ese día, que es un día especial, ese día es el único día en el que tú aprecias a tu amigo, en el que tú le muestras lo importante que es para ti. ¡Claro que no! Tu amigo es especial todos los días, pero tú separas un día para mostrar la importancia que eso tiene. Es decir, que ese día especial visibiliza, hace visible, hace patente el afecto. El afecto es de todos los días. Pero ese día, por ejemplo, el día del cumpleaños, se hace visible ese amor, ese cariño que ustedes le tienen al amigo. Por eso necesitamos fechas especiales. Y de hecho, si tú miras el calendario, por ejemplo, de la ONU, hay días especiales para todo, el día del cuidado del agua, el día de las especies en peligro, el día de las minorías, el día. Hay días de todo. Incluso algunas de esas supuestas celebraciones o días especiales o meses especiales son un poquito cuestionables para quienes tenemos otra manera de pensar. Pero en todo caso, ahí nos damos cuenta que es un tema de naturaleza humana. Es que nosotros los seres humanos necesitamos días, fechas especiales y por lo mismo, también necesitamos lugares especiales. Piensa, por ejemplo, en las grandes tradiciones que tienen los pueblos. Hace ya unos bastantes meses falleció la reina, la que en ese momento era reina del Reino Unido, es decir, Isabel Segunda. Y tú te das cuenta que pues hubo toda una transmisión mediática del más alto nivel y te presentaban esos lugares especiales que por ejemplo la Catedral de San Pablo o te presentaban la Abadía de Westminster o te presentaban el Palacio de Buckingham. Dime una cosa, esos lugares especiales son los que le dan la importancia a esa mujer que falleció, es decir, a la reina Isabel Segunda. ¡Claro que no! Pero qué, tú hubieras querido entonces, que se murió esa señora. Y entonces abrimos un hueco, depositamos ahí el cadáver, por no decir lo echamos ahí y tapamos y listo, se arregló el problema. Mira, los rituales, los lugares, los tiempos especiales son parte de nuestra naturaleza humana. Es que esto es tan profundo y está tan extendido que, por ejemplo, un muchacho que está profundamente enamorado de su chica y que quiere proponerle matrimonio. ¿Qué hace? Cuando van en un transporte público que aquí en Bogotá sería, por ejemplo, el Transmilenio le dice oye, supongamos que se llama Rosana. Oye Rosana, ¿Qué tal si nos casamos? Y van ahí pues en el transporte y se van sujetando. Oye, qué opinas de ¿Que nos casemos? No, no lo hacemos así. Cierto. Tenemos un lugar especial, tenemos un ritual especial. Incluso una cosa con la que yo no estoy de acuerdo, se ha puesto de moda, eso viene del mundo anglosajón, que para pedir si te casas conmigo, entonces incluso rodilla en tierra. Pero eso es como un pequeño ritual que hace la gente para decir este momento es súper especial, es el momento en el que te voy a proponer que seas mi esposa. Es el momento en el que te voy a proponer que unamos nuestras vidas para siempre. Y eso no se hace de cualquier manera. Eso no se hace en cualquier lugar. Por eso hay gente que escoge que haya mar o que haya un bosque, o que haya flores, o que esté el mejor restaurante. Pues sí eso nosotros lo hacemos desde el punto de vista de seres humanos. Cuánto más para Dios. El templo. El templo es un lugar especial que muchas veces mucha gente no lo trate así. Pues es una pena. Es algo que duele, pero es un lugar especial, es un lugar hermoso, es un lugar importante y es el lugar donde tenemos esos ritos que no son simplemente elaboraciones y costumbres, son ritos sagrados. Y si tú tienes fe, sabes de que te estoy hablando. Te estoy hablando de los sacramentos. Entonces hay que apreciar los lugares especiales como el templo, las fechas especiales como la Pascua, los ritos especiales ante todo, los ritos sagrados, los sacramentos y muy particularmente la Eucaristía. Y qué decimos de eso de la gente que dice no, yo vivo la fe a mi manera, yo no tengo que reunirme con nadie, yo vivo, yo hago las cosas, yo tengo mi relación con Dios. Ten mucho cuidado con ese lenguaje. Mira, no me quiero extender demasiado, pero es que yo siempre cuento la historia de una muchacha que conocí que ella aseguraba tener una relación maravillosa con Dios. Dios y yo. Yo y Dios. Yo le hablo mucho a Dios y por lo visto Dios le hablaba mucho a ella. Bueno, esta muchacha maltrataba, usaba, se aprovechaba de la mamá. La mamá era madre soltera. Humillaba, la mamá chantajeaba a la mamá porque claro, la mamá la amaba entrañablemente. Entonces, si las cosas no se hacían a la manera de esta muchachita, entonces ella pues le hacía la vida imposible a la mamá, creando un ambiente horrible, con grosería, con altanería. Pero ella tenía una relación especialísima con Dios. Mira, cuando tú no tienes la referencia de una asamblea creyente, cuando tú no tienes la referencia de un auténtico credo, de una auténtica liturgia, de un auténtico catecismo, ese Dios con el que se supone que tú tienes una relación maravillosa, muy posiblemente no es otra cosa que simplemente tu imaginación, porque termina siendo un Dios que piensa tan parecido a ti, qué es tan semejante a ti, que yo creo que no es otra cosa sino tú mismo. La asamblea creyente con la predicación, con el testimonio, con la corrección fraterna, con estos rituales maravillosos que nosotros tenemos, con la vida sacramental muchas veces va a chocar con mis intereses. Tal vez yo quisiera que no fuera pecado tal o cual comportamiento mío, pero si yo estoy en una auténtica fe, y si yo estoy viviendo mi fe como se debe, estoy seguro que vendrá esa predicación, que vendrá, esa enseñanza que me va a poner en mi sitio. Entonces déjate de la idea de que tú y tu mente, tu mente y tú, porque finalmente ese Dios terminas inventándotelo. Es necesario que tengas un contraste objetivo, un contraste fuera de ti. Y eso es precisamente lo que te da una comunidad creyente. Para nosotros, pero este es tema para otra predicación. Para nosotros están todas las buenas razones para creer que esa fe íntegra está precisamente en la Iglesia Católica. Así que ánimo. Apreciar lo que significa el templo y apreciar lo que significa la comunidad creyente, la Santa Iglesia. Que Dios te bendiga.

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