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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Lo verdaderamente complejo del fariseísmo no es lo que tú estás pensando.

Homilía o052011a, predicada en 20220208, con 7 min. y 14 seg.

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Transcripción:

El fariseísmo mis hermanos, es una enfermedad que todos detestamos, pero es una enfermedad muy compleja porque cuando uno cree que la está diagnosticando seguramente ya la tiene. Efectivamente, hay varios rasgos del grupo de los fariseos que aparecen en los evangelios y que son criticados por Cristo. Por ejemplo, que son arrogantes porque se creen mejores que otros. Consiguientemente, que juzgan a los demás. Y lo que es todavía peor, aunque ellos se creen mejores en realidad esconden sus propias miserias. Y por eso esa palabra que ha venido a ser como un sinónimo de fariseo, la palabra hipócrita. Esos rasgos son detestables. Pero insisto, cuando creemos verlos o los denunciamos en otras personas, posiblemente los tenemos nosotros mismos.

Hace años un sacerdote me hacía caer en cuenta de esto, refiriéndose a la famosa parábola del fariseo y el publicano. Lo que me contaba aquel sacerdote era más o menos esto. Que él estaba predicando sobre esa parábola del fariseo y el publicano, y se dio cuenta en su propio lenguaje que era tanto lo que él criticaba del fariseo que ya le había ganado al fariseo, en lo que el fariseo le criticaba al publicano. Es decir, el fariseo se creía mejor que el publicano. Y aquel sacerdote se dio cuenta de que ya él se creía mejor que el fariseo. Por eso digo que es una enfermedad pegajosa, más contagiosa que el COVID diecinueve. De modo que cuando uno la denuncia en otros fácilmente ya la tiene. Además, hay un peligro y es que al fijarse en los aspectos exteriores, los fariseos volvían superficial la religión. Pero también uno fácilmente critica a los fariseos por esos aspectos exteriores.

Hay una anécdota que se cuenta del escritor el genio de la literatura Dante Alighieri. Sucede que movido por su devoción, bien se sabe que él era un católico muy piadoso. Él permanecía de rodillas en momentos en que se supone que había que estar de pie durante la celebración de la misa. Y entonces alguien lo criticaba y le decía que, de qué servía esa manifestación exterior de piedad si él no seguía las normas de la Iglesia, es decir, si él se apegaba a esa forma exterior de devoción, es estar arrodillado tanto tiempo cuando no era necesario. Es decir, que el que criticaba a Dante se estaba refiriendo a algo externo de Dante. Y Dante le respondió y le dijo pero es que la misa no es para estar mirando si otras personas están arrodilladas o no están arrodilladas. Ahí tenemos lo que estamos tratando de explicar. Aquel hombre criticaba algo externo de Dante, pero para eso él mismo tenía que estar haciendo lo que no tenía que estar haciendo en la misa. Todo esto nos indica que es compleja la enfermedad del fariseísmo. Además, se ha utilizado como recurso para marginar o para criticar algunas personas por lo que hacen, como le pasó a Dante.

Por ejemplo, criticar a una persona porque nos parece muy tradicional, porque nos parece muy apegada a las rúbricas y entonces resulta muy fácil criticar a la persona por algo externo y al criticar repetir nosotros lo mismo que estamos criticando. ¿Habrá alguna salida para esta situación? Pues lo que yo he podido encontrar y comparto, es que el gran problema de los fariseos no debemos reducirlo a esos aspectos externos. El mismo Cristo nos dice que la verdadera religión empieza en la conversión del corazón. El problema de fondo de los fariseos, si estoy entendiendo bien, es que ellos creían que las solas fuerzas humanas, que el cumplimiento a fuerza de voluntad humana de los preceptos de Moisés y de las tradiciones de los escribas, era suficiente para que se realizará el reinado de Dios. Mientras que el mensaje de Jesús parte de aquello que él dijo una vez a los apóstoles, salvarse es imposible para los hombres, pero no para Dios, porque para Dios todo es posible.

Desde ese punto de vista, el problema de los fariseos es confiar excesivamente en las fuerzas humanas, y la propuesta de Cristo es descubrir nuestro límite y aprender y recibir el regalo de amor, de gracia y de transformación que Dios Padre nos ha dado en su Hijo Jesucristo. En resumen, en vez de estar buscando qué podemos criticar a otros o estarlos llamando rigoristas o fariseos, más bien, que cada uno descubra su propio límite, descubra su necesidad, su necesidad de ser perdonado y transformado y se vuelva hacia la gracia de Dios. Así sea.

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