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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Pidamos humildad para comprender que nuestra salvación está en la gracia que Dios nos da, siendo fieles al depósito de la fe católica que hemos recibido.
Homilía o052009a, predicada en 20180206, con 7 min. y 32 seg. 
Transcripción:
El Evangelio de hoy está tomado del comienzo del capítulo séptimo de San Marcos. El tema que aparece inmediatamente es el contraste entre el mandamiento de Dios y las tradiciones puramente humanas. Efectivamente, lo que Cristo critica en los fariseos es que ellos, en su afán de cumplir estrictamente toda la ley, ponían un estándar al cual ni siquiera ellos mismos llegaban. Entonces empezaban a hacer trampa, cambiando, reinterpretando partes de la ley, de manera que si pudieran cumplirlas. Es decir, querían aparecer al mismo tiempo como estrictos, pero en el fondo sabían cómo retorcer las palabras para darse los permisos que les parecían necesarios. Guardaban así una fachada de gente observante pura, santa, pero por dentro tenían una gran cantidad de inconsistencias, trampas mentales, manejo de las palabras para salirse con la suya. Este doble juego, esta hipocresía, le fastidia a Jesucristo. Jesucristo sencillo y limpio de corazón. Jesucristo verdadero, transparente. Luz de luz, como lo llamamos en el Credo, no puede tolerar esta hipocresía y por eso la denuncia.
Ese es el tema principal. Un tema que indudablemente sirve de advertencia también para nosotros, porque muchas veces estamos tentados de hacer creer a la gente algo que en realidad no somos. Eso de aparentar no quedó únicamente en el siglo primero. Estamos en el siglo veintiuno y creo que sigue sucediendo y creo que muchos de nosotros, de una o de otra forma, hemos caído en eso. Así que es un tema actual.
Y sin embargo, hay otro tema que yo quisiera destacar también. Observemos que de algún modo los fariseos querían hacer creer a los demás, pero también convencerse a ellos mismos de que estaban del lado de los buenos. Esa frase quisiera que la tomáramos muy a fondo, tratar de convencerse de que uno está del lado de los buenos. Es decir, yo estoy haciendo las cosas bien. Es decir, autojustificarse. Es muy interesante ver la gran cantidad de juegos psicológicos con los que de una o de otra forma uno trata de engañarse. Quiero destacar algunos. En el protestantismo, por ejemplo, se dio un fenómeno muy interesante. Como sabemos, la reforma protestante a comienzos del siglo dieciséis implicó la ruptura de grandes comunidades cristianas con el centro de la fe cristiana que es Roma. Una vez que los protestantes se separan de Roma, una vez que abominan del Papado y de todo lo que significa esa estructura del Vaticano, la Santa Sede y todo eso, pues digamos que quedan libres. Libres en el sentido de que ya no están sujetos a esa autoridad. Pero surge entonces un problema, y es que si se supone que ya no estoy en comunión con Roma. ¿Cómo sé que yo estoy en lo correcto? La respuesta que dio Lutero fue la Biblia y mi conciencia. Es decir, para Lutero lo que importaba era lo que dijera la Sagrada Escritura y lo que yo pudiera ver con claridad. La subjetividad de mi conciencia y la objetividad de la Biblia. Eso tiene que ser suficiente. Pero como ha mostrado la historia, eso no es suficiente. Efectivamente, hay textos bíblicos que van en distintas direcciones.
Así, por ejemplo, uno puede encontrar un texto en el que Cristo dice el Padre es mayor que yo. Y uno puede encontrar otro texto en el que dice la Palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios. Entonces, al fin el Hijo es igual al Padre, o el Hijo es menor que el Padre. Uno puede encontrarse esas cosas. Entonces, por dar solamente un ejemplo, hay muchas interpretaciones que son posibles y la prueba, repito, está en la historia. Los protestantes no son un grupo unido. Hay multitud de divisiones entre ellos, precisamente porque cada uno va tomando distintas interpretaciones. Entonces alguien dice que el diezmo sí hay que pagarlo y hay que hacer esto. Y otro dice no, el diezmo es otra cosa. Alguno dice hay dos sacramentos, otro dice hay tres, otro dice hay un sacramento y así sucesivamente. Incluso dentro de ellos han surgido divisiones tan severas que encontramos algunos que dicen nosotros no creemos en eso que ustedes llaman Trinidad. Eso demuestra que una vez que se han separado del centro de unidad, que es el sucesor de Pedro. Una vez que se han separado del Papa, entonces es muy difícil seguir uno simplemente con la expresión de Lutero. Mi Biblia y mi conciencia. Porque alguien podría decir pues la Biblia y la conciencia te dicen a ti una cosa. La Biblia y la conciencia le dicen a otro otra. Entonces, ¿qué van a hacer? Van a pelear entre ustedes porque es lo que ha sucedido entre los protestantes. Entonces los protestantes han tenido que buscar otro tipo de seguridad. ¿Cómo sé que Dios realmente está conmigo? y como lo demuestran diversos estudios, una de las seguridades que han buscado es la prosperidad. Yo sé que Dios está conmigo porque Dios me bendice y yo sé que Dios me bendice porque mis negocios van bien, porque mi familia está bien, porque mi salud está bien.
De manera que este tema es muy interesante y daría para muchas más reflexiones, como cuando nos apartamos de la fe verdadera y en particular cuando empezamos a apartarnos del corazón de nuestra fe católica, terminamos buscando algún modo de certeza. ¿Cómo sé que de verdad estoy en la verdad? Y entonces suceden cosas como las que han pasado entre los protestantes. Es muy fácil creer que la prosperidad, por ejemplo, es la garantía de que yo estoy en lo correcto. Cualquiera se da cuenta que ese es un índice de pertenencia y ese es un índice de certeza demasiado bajo. Pero eso es lo que sucede cuando nos apartamos de la comunidad cristiana. Que esta enseñanza nos anime para ser humildes, para comprender que nuestra salvación está en la gracia y sobre todo en la fidelidad al depósito que hemos recibido. Por algo San Pablo advierte tantas veces sobre este tema del depósito de la fe.

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