Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Tres tipos de coherencia: la interior, que es autenticidad; la exterior, que es responsabilidad; y la integral, que es apego a Dios y a su plan de amor.

Homilía o052008a, predicada en 20160209, con 35 min. y 35 seg.

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Transcripción:

Amados hermanos. El Evangelio de hoy fue tomado del capítulo séptimo de San Marcos. Y creo que hay una palabra que sintetiza el mensaje que la Iglesia quiere darnos hoy. Esa palabra es coherencia. La coherencia es como la capacidad de permanecer unidos. Un grupo coherente es un grupo unido, una sustancia coherente, el término se utiliza también en física y en química. Es aquella que, por decirlo de alguna manera, preserva su unidad. Coherencia. Para entender los conceptos nos enseña Catalina de Siena es bueno ver el opuesto. Entonces, ¿qué es incoherencia? Incoherencia es lo que denuncia Cristo aquí, por ejemplo, citando al profeta Isaías, regaña a los fariseos y les dice este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. O sea, hay una incoherencia. Es incoherente que digas una cosa, pero que tu corazón en el fondo tenga un afecto diferente, una dirección distinta. Esa es la incoherencia. La incoherencia supone una especie de ruptura, una especie de engaño o una especie de traición. Podemos decir ese es el problema con la incoherencia.

Hay que anotar que hay distintos tipos de coherencia y los podemos aprender precisamente del texto de hoy. Así, por ejemplo, hay una coherencia interior, hay una coherencia exterior y hay una coherencia integral con el favor de Dios vamos a explicar estos tres sentidos de la palabra coherencia y que tienen que ver con nuestra vida cristiana. La coherencia interior es la que tiene que ver con el mundo de la persona, es decir, lo que sucede entre lo que yo pienso, lo que yo siento, lo que yo digo y lo que yo hago. Eso pertenece al mundo interior de la persona. Mis pensamientos, mis sentimientos, mis propósitos, mis proyectos, todo eso es como mi mundo interior. La denuncia contra la coherencia que estamos llamando coherencia interior está muy clara en el versículo que ya recordé. Este pueblo me honra con los labios, eso es lo que yo digo, pero su corazón está lejos de mi corazón. Se refiere a los proyectos, los pensamientos, los sentimientos. Entonces podemos decir que la coherencia interior tiene que ver con la unidad que hace que lo que la persona realmente cree, lo vive. Lo que la persona realmente piensa es lo que expresa lo que la persona tiene como principio en su vida, es también el principio de su acción.

Pero si yo digo que tengo unos principios católicos y luego mi vida no es católica, ahí hay una incoherencia. En ese caso estamos hablando de la incoherencia interior. La incoherencia interior hace muchísimo daño porque abre la puerta a lo que denuncia Cristo, que es la hipocresía, pero sobre todo hace que la otra persona se convierta en un desconocido. Yo realmente no sé con quién estoy tratando. Si una persona dice una cosa pero pretende vivir otra, es muy peligroso casarse con alguien así, porque la persona que dice te amo pero en realidad no ama, es una persona que un día mostrará que no ama en realidad y entonces ¿con quién estoy? Ese es el problema de la coherencia interior. La coherencia interior impide que yo me relacione con la otra persona, porque en realidad nunca sé con quién estoy. La coherencia interior también significa que queda abierta una puerta bastante amplia a todo tipo de inmadurez. Digo una cosa, pero después cambié de opinión y entonces hago cualquier otra cosa. Esa es coherencia interior.

A qué llamamos coherencia exterior, resulta que nosotros no somos seres aislados. Nosotros vivimos en una familia, vivimos en una comunidad, pertenecemos a una sociedad. En particular está el caso del pueblo de Dios. Cristo no solamente hace una corrección en cuanto a la coherencia interior, sino que Él dice, por ejemplo, esto. Moisés dijo tal cosa y ustedes lo cambiaron. Ahí se está refiriendo Cristo a una incoherencia que sucede ya no solamente en el interior de las personas, sino que es una ruptura dentro del pueblo. Es la llamamos aquí una incoherencia exterior, porque supone una ruptura en el mensaje que nosotros hemos recibido, en lo que nosotros creemos. Una incoherencia exterior es lo que sucedió, por ejemplo, a partir de la reforma protestante. Cuando llega la reforma protestante, hay una cantidad de cosas que se empiezan a romper y ese proceso no hay quien lo pare. Una vez que tú permites la incoherencia exterior, ha quedado debilitado el principio de unidad del pueblo y después no hay quien lo vuelva a reunir. Así, por ejemplo, Martín Lutero básicamente introdujo un principio que no tiene nada que ver con la Biblia. Martín Lutero introdujo este principio que bastaba la sola Biblia y la conciencia para conocer la voluntad de Dios. Ese principio, aunque él no utilizó tanto esa expresión, fue más bien rara en sus escritos y discursos. Ese principio lo conocemos como Sola Scriptura. Resulta que el principio de la Sola Scriptura es una incoherencia en el pueblo de Dios, porque eso no viene de la Biblia. Tú no te vas a encontrar en el primer milenio, en los primeros mil quinientos años de la Iglesia. No te vas a encontrar un solo santo, un solo Padre de la Iglesia, un solo apóstol y ningún texto de la Biblia, por supuesto que soporte la idea de la Sola Scriptura. O sea, eso se lo inventó ese señor por las necesidades de su tiempo, por su drama psicológico, por los pecados de la Iglesia jerárquica. La Iglesia Católica en ese tiempo, dale la explicación que quieras. Lo cierto del caso es que el hombre metió un principio que no existía. Y ¿qué pasa en el momento en el que tú metes esa pequeña bomba la metes dentro del pueblo católico? que reventaste la Iglesia. Porque si tú afirmas como principio que lo que la Biblia diga lo interpreta simplemente la subjetividad de cada uno, entonces después cada uno empieza a entender cosas diferentes. Entonces hubo algunos, por ejemplo los calvinistas, derivados de la reforma protestante, una rama muy importante, bastante significativa de la reforma protestante, que empezaron a enseñar que si una persona es salva, es salva para siempre, y si una persona está condenada, está condenada para siempre. Es decir, que la salvación no puede perderse. Este es un dogma para los calvinistas. Para ellos es evidente que eso es así y toman como apoyo algunos textos bíblicos. Pero resulta que no todos los protestantes son calvinistas. Entonces, si tú te vas a los mismos luteranos, a los evangélicos, a los pentecostales, entonces te encuentras con que ellos no creen lo que creen los calvinistas. Los calvinistas creen que si una persona realmente salva será salva para siempre. Pero por ejemplo, los pentecostales o los evangélicos o los metodistas no creen eso. Pero qué apoyo tienen los metodistas para decir lo que dicen, ah, pues que nosotros nos apoyamos en la sola Biblia. Y los calvinistas en qué se apoyan. En la sola Biblia, y cómo los pones de acuerdo, si para cada uno de ellos la única autoridad es la Biblia y lo que yo saqué de la Biblia.

Entonces, ¿qué es la incoherencia exterior? La incoherencia exterior. Es la ruptura que se produce en el depósito de la fe, en el depósito de la doctrina, cuando se rompe el depósito de la fe. El daño, la grieta de ahí en adelante no hay manera de repararla, salvo arrepentimiento y conversión de los implicados. Esa es la incoherencia exterior. Y eso es lo que dice Cristo aquí. Si tú revisas la ley de Moisés, en ninguna parte aparece esto que enseñaban los fariseos, que si una persona, por ejemplo, está de pelea con el papá o con el papá y la mamá, entonces les dice los bienes con que podría ayudarte los ofrezco al templo y como están ofrecidos al templo y el templo es más que ustedes, porque el templo es la casa de Dios, entonces yo no tengo ya ningún deber con ustedes. Ustedes pueden morirse en la más absurda pobreza. Yo ya no tengo que hacer nada por ustedes, porque yo ya le ofrecí todo al templo y Cristo hace la pregunta ¿Y ustedes de dónde sacaron eso? Ah, pues eso lo sacaron ellos, de sus interpretaciones, de las interpretaciones eso no es de la ley de Moisés. Es decir, ellos rompieron el depósito y Cristo les dice cuando ustedes rompen el depósito. Ojo con esto. Si ustedes rompen el depósito, lo que empiezan a enseñar ya no es la Palabra de Dios. En el momento en el que ustedes rompen el depósito, ya son preceptos humanos, y en el momento en el que ustedes rompen el depósito, ustedes perdieron toda autoridad para enseñar. Es decir, el lenguaje de nuestros amigos españoles se cargaron al pueblo, acabaron con la unidad del pueblo. Ahí no hay más que hacer.

Entonces, en este pasaje se denuncia la incoherencia interior, ¿qué es la incoherencia interior?, las múltiples rupturas que uno tiene entre lo que piensa, lo que vive, lo que hace, lo que dice. O como a veces hablamos, las distintas máscaras y apariencias que uno tiene. Entonces uno con una persona es así. Por ejemplo, si estoy en familia espiritual, soy una persona piadosa y una persona que habla del Señor. Pero si luego estoy con mis amigas en el colegio, entonces a mis amigas en el colegio, ni siquiera que sepan que yo estoy en grupo de oración, porque entonces se van a burlar de mí o que no sepan de la misa. Eso es ser incoherente de manera interior. ¿Y la incoherencia exterior qué es? Es la ruptura del depósito de la fe dentro del pueblo. Las dos cosas son gravísimas y las dos cosas están denunciadas en el pasaje de hoy. Bueno, por reflejo, siguiendo el estilo de Catalina, por reflejo, aprendemos de la incoherencia interior ¿que es la coherencia interior? La coherencia interior es cuando uno realmente vive lo que piensa y hace lo que dice y etcétera y la coherencia exterior ¿qué es? La coherencia exterior es lo que dice el apóstol San Pablo en la primera carta a los Corintios, capítulo quince, que leímos hace poco. Pero no me pregunten dónde, porque con esto de grabar homilías y de trabajo en internet, ya ustedes mismos se dan cuenta que a mí se me confunden las fechas. Lo único que tengo claro es que no ha empezado la Cuaresma. Es lo único que tengo claro hasta este momento. Entonces San Pablo dice en primera Corintios quince, yo les transmití lo que yo mismo recibí. Eso se llama coherencia exterior. Yo no soy nadie para darle a las nuevas generaciones menos de lo que yo recibí. El Papa Francisco, en su encíclica Laudato Si, hace una aplicación de este principio en términos de justicia y de la ecología. Él dice si nosotros maltratamos el único planeta que tenemos, le estamos entregando a las nuevas generaciones menos de lo que nosotros recibimos. No es justo. Bueno, lo mismo vale aquí y mucho más para el depósito de la fe.

Cuando un sacerdote enseña una cosa que no es lo que cree la Iglesia, sino que es lo que a él le parece que es la comprensión, la misericordia o no sé qué. Entonces él dice como se han dado casos, él dice no, no importa, comulgue. Eso no pasa nada. Yo a ustedes los conozco. Eso no tiene ningún problema. Cuando esa persona está rompiendo el depósito de la fe, pues está causando un daño gravísimo. Eso es incoherencia exterior. Por último, a ver, repito, la incoherencia interior es la falta de esa palabra que nos gusta a todos, que se llama autenticidad. Una persona auténtica es una persona coherente interiormente, es lo que es. Y la falta de coherencia exterior, cómo la llamaremos, la llamaremos irresponsabilidad. Por consiguiente, la coherencia exterior, o sea el concepto positivo, ¿es la qué? La responsabilidad. Yo, por ejemplo, como sacerdote, tengo la responsabilidad de repetir delante de Dios la frase que dijo San Pablo lo que llegó a mí, eso fue lo que yo transmití. Esa frase hasta me la aprendí en su lengua original. Parédoka hymín ho kai parélabon, Parédoka es transmití, eso es de la palabra paradosis, que significa tradictio, que significa entrega, que significa tradición, Parédoka hymín entregué a vosotros Ho kai parélabon lo que yo recibí. Esa es la coherencia exterior. Entonces, fíjate que el católico tiene que tener las dos cosas. No basta la coherencia interior, no basta la autenticidad, se necesita autenticidad, pero se necesita también responsabilidad. Sobre esto habrá que hacer una pequeña aclaración adicional después.

Pero dijimos que había tres tipos de coherencias. Coherencia número uno, coherencia interior también llamada autenticidad. Coherencia número dos es la coherencia exterior, también llamada responsabilidad. Y existe otra coherencia que la he llamado. Este término es mío. Coherencia integral que aparece dentro del texto de una manera, diríamos implícita hasta cierto punto. Y es que no es posible la coherencia interior y la coherencia exterior. Si no estoy pegado. Acuérdate qué coherencia tiene la idea de lo que está adherido adherencia, coherencia vienen de la misma raíz latina. Inherencia tenemos la palabra inherente. Bueno, y ¿cuál será la raíz latina? El verbo no lo recuerdo, pero sí recuerdo que la raíz indica la acción que sucede cuando algo se clava, cuando algo se hunde en otra, en otro cuerpo o en otra realidad. Entonces lo inherente es lo que está como clavado, como parte de eso, lo coherente es lo que está unido, lo adherente es lo que se une, lo que se pega. Entonces, la coherencia integral, ¿Qué es la coherencia integral? Es la que hace posible la coherencia interior y la coherencia exterior. Y en qué consiste. Lo encontramos en este versículo donde dice Jesús dejan a un lado el mandamiento de Dios. El problema está ahí, en el momento en el que uno se despega de Dios. En el momento en el que uno peca contra el primer mandamiento, de ahí siguen todas las desgracias, todos los demás pecados. Entonces, la coherencia entendida como pegarse a pegarse, a aferrarse, la coherencia integral es el deseo consecuente, perseverante, amoroso, de apegarse a Dios, de buscar su voluntad, de buscar agradarle, de buscar estar con Él. Esa es la coherencia integral. Y la llamó integral porque esa es la que hace posible las otras dos.

Entonces, la coherencia interior ¿qué es?, es la autenticidad, ser auténticos. La coherencia exterior es la responsabilidad y la coherencia integral es el apegarse a Dios. Es el aferrarse a Dios. Es decir, es algo así como lo que enseñaban los antiguos y muy sabios directores espirituales, vivir y caminar en su presencia. Esa es la coherencia integral. Toda mi vida en su presencia. Esa es la coherencia integral. Bueno, dije que había que añadir alguna palabra sobre la autenticidad. En su importantísima encíclica de mil novecientos noventa y tres Veritatis Splendor. El Papa Juan Pablo segundo ha sido un análisis muy interesante sobre el valor de la autenticidad, pero también los límites de la autenticidad. El problema surge con aquellas personas que consideran que con que yo sea coherente con mis propias ideas, con eso basta. Así, por ejemplo, me disculpan que voy a hablar un poco así rudo, existe en Colombia el verbo madrear, madrear es mentarle la madre a otra persona, eso es madrear, Por supuesto, es una acción agresiva. Entonces, alguna persona podría entender la coherencia interior y podría entender su autenticidad de la siguiente manera yo madreo al que sea, no tengo ningún problema. Yo si siento que una persona se merece un madrazo, se lo suelto porque yo soy así. Yo no me pongo con hipocresías. Esa persona supuestamente se está presentando como ¿qué? como auténtica. O lo mismo podría suceder que hay personas que caen en un problema muy serio que se llama el cinismo. El cinismo ¿qué es? el cinismo es una especie de blindaje que nos ponemos para no arrepentirnos. El cinismo se expresa usualmente con la palabra orgullo. Cada vez que ustedes oigan las marchas del orgullo, añádase lo que venga después de orgullo. Cualquier tipo de orgullo es una manera de establecer el cinismo. Es decir, para no arrepentirme, me siento orgulloso.

Ustedes miren, entrevistas a políticos, entrevistas a artistas, entrevistas a actores o actrices, entrevistas a gente de la farándula o de la política, que son casi lo mismo hoy en día, es más o menos lo mismo la farándula, la política. Ustedes miren entrevistas, declaraciones de estas personas y encontrarán que con mucha frecuencia las personas toman actitudes cínicas. Entonces, entrevista por ejemplo, en un magazine de esos que pasan por televisión. Bueno, aquí tenemos a la famosísima cantante Pepita. Pepita se ha sabido que estás de nuevo muy enamorada. Nos han dicho que estás muy enamorada. Este sería ya como el séptimo o el octavo esposo. Siguen risas. Ji ji ji ji, ji, ji. Es decir, el asunto es gracioso, séptimo esposo, octavo esposo. Después voy a ver porque en el fondo no sé. Yo creo que yo soy como bisexual, pero yo no oculto nada, sino que si yo soy bisexual lo digo, si tengo dos esposos y yo creo en matrimonio abierto, lo digo. Entonces esa persona puede creer ante su propia conciencia o puede pretender que le creamos que es auténtica. No, yo soy así. No tengo ningún problema. Aquí está mi octavo esposo. Mire, aquí les presento mi octavo esposo. Fíjese. Ahí está mi octavo esposo, el noveno ya lo tengo en bajo, en un arrocito que tengo en bajo. Pero yo no tengo problema porque yo soy y no tengo nada que ocultar.

Entonces el Papa Juan Pablo segundo, con esa sabiduría que Dios le dio, se dio cuenta que la sola autenticidad no está blindada frente al descaro, frente al cinismo, y por eso dio un principio importantísimo que viene al caso por el tema que estamos comentando, y es que la autenticidad sólo logra su valor si conecta con la verdad. Entonces, si tú estás feliz en tu noveno matrimonio y vas para el décimo, pero te has preguntado ¿qué es casarse? ¿has estado casada de verdad alguna vez? apenas haces entrar la palabra verdad de inmediato la sola autenticidad se deshace como azúcar bajo el agua. Entonces nos enseña el Papa Juan Pablo Segundo que la sola autenticidad no basta, porque si la autenticidad no conecta con un fondo de verdad, entonces la autenticidad te puede llevar a un subjetivismo moral o te puede llevar a un cinismo espantoso y de sí mismos y de cínicos estamos repletos hoy. Repito las áreas preferidas, pero no las únicas, son la farándula y la política. Por eso Juan Pablo Segundo dice no basta con la autenticidad, hay que conectar con la verdad. Y por eso en esta enseñanza, en esta homilía, estamos hablando de cómo la autenticidad tiene que conectar con el apego a Dios, con la unión con Dios. Por eso el católico nunca puede encontrar su descanso, su disculpa, simplemente diciendo yo soy así. Y el que me quiera que me quiera así. Yo desde chiquito no hice otra cosa que robar. Eso fue lo que yo hice. Pregúntele a mi papá. Yo he sido ladrón toda la vida, fiel a mis principios he robado donde me han puesto he robado lo que he podido robar. No es que no basta con que usted tenga sus principios, sino dónde entra su comportamiento con la verdad.

Por eso la necesidad de no quedarse en la coherencia como autenticidad, sino que es necesaria la coherencia como apego a Dios, que por supuesto es apego a la verdad y apego al amor. Algo parecido hay que decir con respecto a la responsabilidad. Dijimos que la responsabilidad tiene que ver con el bien de un grupo humano, el bien de una sociedad, el bien de un pueblo. Pero pasa una cosa, si yo absolutizo el bien de mi raza, el bien de mi grupo, el bien de mi pueblo, entonces puedo caer en una gran cantidad de barbaridades, incluyendo racismo, xenofobia y los más diversos y agresivos nacionalismos. Entonces quiero preservar de tal manera el bien de mi raza o de mi clase social, o de mi pueblo, o de mi grupo de interés, que para ser coherente con el depósito que yo considero propio de mi raza, de mi país o de mi pueblo, me llevó por delante a los demás pueblos, aplasto los intereses de los demás o sino desprecio y marginó a aquellos que no son o de mi raza, o de mi pueblo, o de mi pensamiento. ¿Cómo se subsana eso? Por eso necesitamos la coherencia integral. La coherencia no puede terminar en la responsabilidad que yo tengo con mi pueblo, con mi raza o con mi gente. Mi coherencia tiene que conectar con la verdad profunda y esa verdad profunda finalmente solo tiene su sustento en Dios.

Entonces, la lección que nos deja el Evangelio de hoy, Coherencia. Coherencia interior en la que tenemos que trabajar todos. Coherencia exterior que es aprecio de lo que hemos recibido y conciencia de la responsabilidad de entregarlo entero y coherencia integral que es apego con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas, como dice Deuteronomio seis amarás al Señor con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas. Ese apego intenso, es el que puede hacer posibles las otras coherencias. En cuanto a nosotros, querida familia, pues tenemos que crecer en todas, partiendo de un amor más intenso a Dios, de verdad, qué pudiéramos hacer para que Dios hubiera dos o tres o cuatro punticos dentro de tu corazón, qué pudiéramos hacer para que tú, pero desde dentro, no porque yo lo diga ni porque el padrecito regaña o el padrecito me cae bien. Eso es lo de menos. Qué podríamos hacer para que tú, dentro de ti, pudieras sentir como un apego mayor, como un deseo más grande de estar con el Señor hasta llegar a decir lo del salmo, para mí lo bueno es estar junto a Dios, hacer del Señor mi delicia. O como el salmo de hoy. Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos. Mira, como expresa el salmo de hoy, la coherencia integral, mi alma se consume y anhela los atrios del Señor. Mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo. ¿Qué haremos para que este corazón llegue a nosotros? Yo, cuando miro a mi gente, pienso sobre todo en los jóvenes, porque para uno de sacerdote y en las condiciones en las que está la Iglesia, casi siempre el solo hecho de ver gente joven. Ya. Eso significa Guau, Estamos haciendo algo interesante. Algo importante. Y yo digo pues sí, bonito verlos, es agradable, pero es que como aquí me resuenan en estos oídos, me resuenan las palabras de la primera carta de Juan. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno.

Entonces yo me pregunto cuando miro allá, por ejemplo, mi gente, yo digo se puede declarar victoria sobre el maligno, se puede declarar una unión viva con Dios, cuando yo miro a estos amigos, aquí está el gozo de Dios en tu vida. O sea, aquí dice mi carne retoza, el retozar es la actitud, es el comportamiento juguetón de los animalitos, particularmente en el castellano que hablamos en América Latina. Mi carne retoza por el Dios vivo. Tú te gozas en el Señor, tú sientes esa dulzura, ese gozo. Cuánto nos enseñan los Salmos. Entonces yo digo yo veo jóvenes, por ejemplo, los acólitos más o menos se portan bien. Yo digo bueno, sí, está bien que se porten, pero ¿ellos se gozan en el Dios vivo?. Se puede decir que Dios es así. La alegría grande, grande del corazón. Estoy a punto de decir nombres, pero no, Nelson, resiste. No digas, no digas nombres. No voy a decir nombres. Pero ustedes saben que estoy pensando especialmente en nuestros jóvenes. Se puede decir que tú sientes un apego a Dios, que tú le gastas tiempo a Dios, que si tú tienes tiempo, como me enseñó mi papá desde que yo era niño. Si tú tienes tiempo de entrar a un templo y darle una visita a Jesús, lo haces porque el amor se muestra en esas cosas. Si tú tienes tiempo, tú entras y te quedas con Jesús y te gozas y lo alabas porque está ahí, porque su ternura no se agota nunca, porque su misericordia es eterna. Si nuestros jóvenes no tienen eso, yo digo sí, mejor que estén aquí a que estén en otras cosas. Pero realmente nosotros tenemos que caminar mucho hasta que esta gente esté incendiada de amor, porque si no están incendiados de amor, entonces ¿qué sigue? ¿qué es lo que ellos van a transmitir a la otra generación? por eso tenemos que crecer en esa coherencia integral que significa arder, arder de amor. Dice aquí mi alma se consume y anhela los atrios del Señor, coherencia integral.

Luego hay que crecer en la coherencia exterior, en eso de la coherencia exterior. Yo sí quiero mencionar a dos amigos que están aquí presentes. Nota de la redacción, no les debo plata. Quiero mencionar a mi querido Jaime, mi querido Julián. Por qué los menciono a ellos, porque son personas que han hecho un esfuerzo durante años de apropiarse del tesoro de la fe de la Iglesia. Lo han podido hacer, no todo el mundo que lo quiere lo puede. Ellos lo han podido hacer a través del estudio de la teología, el estudio perseverante, consecuente a nuestra fe. Es una manera de tomar el tesoro y decir como el programa aquel no me lo cambien, no me lo cambien. Es decir, el tesoro de la fe de la Iglesia no me lo cambien, vale demasiado, no lo quiero perder. Entonces yo me pregunto qué nivel de formación tenemos nosotros, yo me pregunto si ustedes son de aquellas personas que cuando oyen lo que no es, ustedes sienten en lo íntimo de su corazón una alarma que dice peligro, peligro, peligro. Mucho católico no siente eso. Y esto es una tristeza muy grande, porque entonces van a misa. Y entonces el padre dice bueno, como está muy pesada esta Semana Santa, voy a dar una absolución general, el Señor les perdona sus pecados en el nombre del Padre, del Hijo. Y el católico sale por la puerta de la iglesia diciendo la saqué barata. Qué bien me gusta un cura moderno, un cura que se adapta a las circunstancias. Me imagino que lo próximo será confesión general por WhatsApp, que no tenga uno ni siquiera que salir de su casa, que uno desde el sillón allá echado después de jugar tres horas. La última edición de ¿cómo se llama eso? PSP o cosas de esas. Después de tres horas de juego le llega el WhatsApp de la parroquia. Acabo de absolverte todos tus pecados. Ok padre. Listo. Un padre que se adapta. Mire, hay católicos que oyen barbaridades y no le suena nada. No, no se les hace ningún problema. No, simplemente el cura es distinto. El cura es moderno. Una de las señales de que uno tiene responsabilidad, o sea que uno tiene coherencia exterior, es que uno tiene el oído despierto. No para salir a darse puños con todos los padres. Pero si tiene el oído despierto para darse cuenta en el momento en el que están haciendo trampa. Uno tiene que tener el oído despierto. Gracias a Dios yo he conocido mucha gente de oído despierto. No es sólo asunto de estudio, es sobre todo asunto de oración. Las dos cosas. Pero hay que tener el oído despierto. Esa es la coherencia exterior.

Entonces yo me pregunto qué tan formados estamos si somos gente que realmente percibe las cosas. Yo me he encontrado con algunas escenas tristes. Por ejemplo, en comunidades religiosas hay gente, que algunos padrecitos, incluyendo de mi comunidad, omiten ese gesto sencillo de lavarse las manos, que lo pide la liturgia. Ese lavarse las manos no es como Pilato, eso me lo decía mi mamá, me preguntaba mi mamá una vez, hace años. Que si lavarse las manos del padrecito era como Pilatos, no, lavarse las manos es la conciencia de que siempre somos infinitamente indignos nosotros, sacerdotes infinitamente indignos del sacrificio. Bueno, entonces yo he estado celebrando, por supuesto, por las misiones y estoy celebrando misa en muchas partes y en varios lugares donde hay religiosas o no, ponen esto para lavarse las manos o le preguntan a uno, pero es más o menos como usted de ¿qué línea es? El padre quiere, con casulla o sin casulla, con altar o sin altar. En momentos casi he sentido que me van a preguntar ¿Hostia, o arepa? Y hay católicos que son tranquilos. Y esa monjita, por ejemplo esa monjita, me preguntaba con una gran tranquilidad usted es de los que se lavan las manos, usted es como quien dice todo es negociable. Eso no puede ser. Ese no puede ser la fe católica. Pero necesitamos católicos que les duela, no que vivan obsesionados con eso. Porque tampoco vamos a juzgar que ese sacerdote está en una herejía y está a punto de condenarse solamente porque no se lavó las manos.

Hay que tener cuidado, porque también hay otros católicos que caen en esa obsesión por el ritualismo sin obsesiones, por el ritualismo. Nosotros no podemos ser gente que todo le da más o menos lo mismo, porque el que le da todo lo mismo, ¿cómo va a educar a sus hijos? Entonces, la preocupación mía no es simplemente los que están aquí, sino yo digo un día, por ejemplo, si aquella niña que está allá va a tener sus hijos, necesitamos saber cómo los va a educar. Ese es el tema. Entonces, la responsabilidad, la coherencia exterior que requiere formación, requiere formación, conocimiento de la fe, conocimiento de la liturgia, no dejarse meter gato por liebre, valorar las cosas, ¿qué estamos haciendo? Y, por supuesto, la coherencia interior y esa coherencia interior requiere un proceso constante de conversión en todos nosotros examinarnos delante de Dios. Ahora que pronto va a empezar la Cuaresma, tenemos que aprovechar este tiempo para vivir ese examen delante de Dios. Así nos lo conceda Él. Y que Cristo Jesús, el hombre coherente, coherente por excelencia, el que pega, es tan coherente que Él es el que pega y supera a la vez el paso de la antigua a la Nueva Alianza. Que Cristo el Señor nos regale de su coherencia interior, exterior, integral para llegar a ser verdaderamente cristianos. Amén.

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