Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

También la luz de la razón humana puede oscurecerse, si no se vigila la rectitud del corazón.

Homilía o052006a, predicada en 20140211, con 12 min. y 35 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Tal vez la gente más religiosa de la época de Cristo eran los fariseos. Tal vez la gente con más estudios en la época de Cristo eran los escribas. Tal vez la gente más valiente y más fuerte en la época de Cristo eran aquellos guerrilleros llamados los zelotas. No se puede entender el Evangelio sin explicar por qué, la gente más religiosa terminó convirtiéndose en la más enemiga de Cristo. No se puede entender el Evangelio sin dar alguna razón de por qué los que vivían con la cabeza metida en los rollos de la ley se convirtieron en grandes opositores de Cristo.

Y no se puede entender el Evangelio sin explicar de alguna forma cómo es que los más valientes y los más fuertes al fin se convirtieron también, por lo menos en su representante el Iscariote. En una fuente de traición contra Cristo. ¿Por qué pasa eso? ¿Por qué esta gente tan religiosa no entiende el mensaje del Señor? ¿Por qué los sabios se pierden en sus sutilezas y al fin no captan la sencillez y la hermosura de la Palabra de Cristo? Son preguntas difíciles.

Preguntas que se vuelven aún más incómodas cuando vemos que también siguen sucediendo en nuestra época. Tal vez podríamos pensar en las distintas formas de clericalismo cuando se utiliza lo religioso únicamente para provecho y para beneficio de los religiosos. O podríamos pensar en cómo muchas personas gente sencilla batalla cuando tiene que oír unos desastres de homilías donde le niegan la fe, le contradicen la fe, que es lo único que le está sosteniendo en la vida. Cuánta gente siente que su fe está apoyada en el misterio de la cruz, para que luego llegue cualquiera que tiene posgrados en Europa y en Asia, y en África y en el Polo Norte, y llega y predica su homilía y dice que la cruz en realidad no es esencial, fue un accidente que cogió por sorpresa a Cristo. ¿En qué queda ese pobre? ¿En qué queda esa persona humilde? Cuando ve esa total desconexión entre el lenguaje del padrecito estudiado y lo que le está sosteniendo a él.

Cuánta gente tiene una dulce y preciosa devoción hacia la Eucaristía y tiene que soportar la manera como el sacerdote celebra sin reconocer siquiera qué misterio pasa por sus manos y negando a veces con su propia boca los grandes misterios de la fe. Y si no los niega en el templo, los niega en el salón de clase, como nos ha pasado aquí. O sea que estos dramas de la época de Cristo no se quedaron en la época de Cristo. Y como aquí hay gente que se está preparando para predicar y para ser sacerdotes, y algunos, como ha quedado demostrado, llegan a ser obispos.

Entonces es importante que nos hagamos esta clase de preguntas. Son preguntas, repito, de gran complejidad. Pero hay algo que parece seguro, y es que los fariseos y los escribas, que son los que aparecen, por ejemplo, en el pasaje de hoy, eran gente que tenía muy buenas razones. Hay comparaciones muy interesantes entre lo que es la vida de un escriba o era la vida de un escriba de la época de Cristo y lo que es nuestra formación académica actual. Globalmente hablando, un escriba era una persona que no paraba de estudiar hasta más o menos los treinta y cinco o cuarenta años de edad. Eso equivale por hacer algún tipo de comparación. Eso equivale a un nivel de doctorado y quizás de posdoctorado. Esa era la formación de un escriba, por lo menos en cuanto vida académica.

Eran personas que tenían sus razones. O sea que yo creo que una lección de gran humildad que toca sacar de este texto es que uno puede tener muchas razones y estar muy equivocado. Uno puede tener muchas teorías y extraviarse en ellas. Uno puede tener muchos estudios que se convierten en velos que no dejan ver la hermosura y la sencillez de Dios. Por eso ha habido en la Iglesia una tendencia que algunos llaman anti-intelectual, una tendencia que sin permiso de San Francisco de Asís, a veces se cuelga la espiritualidad franciscana.

Francisco tenía un profundo respeto por el sacerdocio y por los estudios. Pero hay gente que se cuelga de la espiritualidad Franciscana para tomar esa actitud antiintelectual contraria al estudio. Nosotros sabemos por formación y por carisma. Nosotros dominicos, sabemos que eso no arregla nada, más bien, el dejar de estudiar tiene sus propios peligros, porque la superstición, lo mismo que el orgullo y lo mismo que tantos otros males, es una hierba espantosa que crece y vuelve y crece y vuelve y sale una y otra vez. Y hay muchos modos supersticiosos, hay muchos modos mágicos, hay muchos modos de darle autoridad al propio capricho y al propio sentimiento y al propio yo finalmente. Allí donde no se estudia, entonces ¿Qué hacemos? Si parece que los estudios se extravían a algunos y la falta de estudio extravía a otros, parece que lo que Cristo quiere enseñarnos es, sobre todo que podamos tener una actitud bastante crítica con nosotros mismos.

Miremos la manera como argumenta Cristo. Dice aquí: Anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición. Esos razonamientos retorcidos que dicen Bueno, pues yo si tengo que honrar al papá y a la mamá, pero Dios es más que mi papá y que mi mamá el templo vale más que mi casa, entonces yo le ofrezco mis bienes al templo y entonces el templo es más que la casa. Y entonces ya no tengo ningún deber con el papá y todo queda ofrecido al templo. Pero mientras tanto yo lo voy usando. Es decir, se encuentra finalmente el camino, se encuentra como dicen, hecha la ley, hecha la trampa, se encuentra la interpretación. A ver cómo es que toca estirar las palabras, retorcer los argumentos, dar la vuelta por un lado y por otro, y eso lo seguimos haciendo también nosotros.

Entonces, a ver, no quiero obedecer, pero tampoco quiero pasar por desobediente. Entonces, ¿Qué hago? Pues encuentro una interpretación. Es una interpretación muy especial, muy especial, muy profunda, muy moderna, que yo he encontrado sobre la obediencia. De manera que parece, parece que estoy obedeciendo, pero en realidad estoy haciendo lo que se me da la gana. Y así con los demás votos. Y esas interpretaciones retorcidas son una trampa para la mente.

Y quizás a eso se refería Cristo cuando dijo en el Evangelio según San Mateo, La lámpara de tu cuerpo es tu ojo, pero si tu ojo está oscura, ¿Cuánta será tu oscuridad? Probablemente esa lámpara a la que aludía Cristo, eso piensan algunos exégetas, era esa capacidad de la inteligencia humana. Pero sí, la inteligencia humana está al servicio del capricho. Entonces, ¿Cuánta será tu oscuridad? La solución parece que empieza por una actitud de inmensa humildad, de inmensa sinceridad, un postrarse ante Dios sabiendo que uno puede estar mucho más ciego de lo que uno cree, al estilo de San Agustín, que lloraba y clamaba ante Dios y le decía: ¡Ay de mí, que ni siquiera sé cuánto ignoro! Parece que lo primero es una actitud de radical humildad y lo segundo es una actitud de radical desconfianza hacia las propias interpretaciones. ¿Qué es lo que me lleva a mí a esta interpretación? ¿Cuál es mi motivación verdadera para decir lo que yo digo sobre la Eucaristía, sobre la obediencia, sobre la resurrección, sobre la Iglesia, sobre el sacerdocio? ¿Qué es lo que me mueve? O como enseña la Sagrada Escritura, vigila ante todo tu corazón, porque ahí están todas las fuentes.

Entonces, eso es lo que propone Santa Catalina de Siena. Por eso ella dice que uno tiene que quedarse en el conocimiento de sí mismo. No es una cosa solipsista, no es un quedar uno atrapado como mirando el espejo, mirando el ombligo todo el día. Eso que ella dice conocimiento de sí mismo, es esa especie de saludable desconfianza de uno mismo que hace que uno diga qué es lo que realmente me mueve. Y en esa vigilancia sobre las verdaderas motivaciones y sobre las interpretaciones que uno saca con la gracia de Dios que vaya por delante, uno podrá quedar libre de esas trampas que son trampas de la inteligencia.

Porque fíjese que tan hábil es la inteligencia humana que encontró una manera de acusar a Cristo de algo y encontró una manera de crucificar a Cristo. Siguen discutiendo los exégetas. Yo no soy exegeta, siguen discutiendo sobre si la muerte de Jesús fue o no fue de acuerdo con la ley de Moisés. Pero hay una teoría muy, muy fuerte que dice que la muerte de Cristo fue perfectamente legal. Es decir, que finalmente la inteligencia retuerce y retuerce y retuerce hasta para matar a Jesús, hasta para eso sirve. Entonces uno tiene que clamar con humildad al Señor, porque uno tiene que darse cuenta que es un peligro muy grande pensar, pero no es un peligro menor dejar de pensar.

Y con esa humildad y con esa oración, sobre todo los que pretendan estudiar teología, los que pretendan estudiar Biblia de caridad, como decía el Papa Benedicto de rodillas, de rodillas hay que estudiar la teología, porque de inmediato la arrogancia se le entra a uno en la mente. Y es que es tan bonito tener un micrófono y decirle uno a la gente bueno, ahora sí les voy a explicar lo que nadie supo en veinte siglos de historia de la Iglesia. Pidamos esa gracia de humildad y de conversión del corazón para que, conociéndonos a la luz de Dios, podamos brindar el mensaje con verdadera pureza y con verdadera alegría.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM