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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Maravilloso encontrar a Jesucristo, si uno admite su necesidad, ignorancia y pecado.
Homilía o052004a, predicada en 20120207, con 4 min. y 45 seg. 
Transcripción:
Es maravilloso poder acercarse a Jesucristo. ¿Pero maravilloso para quién? Maravilloso para aquel que reconoce su propia necesidad y que luego encuentra una respuesta en el amor de Dios que se manifiesta tan abiertamente en este Jesús de Nazaret. Maravilloso encontrar a Jesucristo, entonces, si uno se sabe pecador, para aquel que se reconoce pecador Jesús es la alegría del perdón. Maravilloso encontrarse con Jesucristo, si uno se reconoce ignorante, no con cualquier ignorancia, sino con esa carencia de luz y de sentido en la propia vida. Aquel que se reconoce así ignorante y encuentra a Jesucristo, en él ve una dirección, ve una respuesta, ve un gozo. Maravilloso encontrarse con Jesucristo, si uno se reconoce herido, porque entonces ve en Jesús al médico. Maravilloso encontrarse con Jesucristo, si uno conoce el reinado amargo del demonio, del enemigo, del faraón, de la serpiente, para el que conoce qué clase de tiranía ejerce el pecado y qué crueldad tiene el demonio con sus víctimas. Encontrar a Jesús es liberación, encontrar a Jesús es gozo, gozo inmenso. Todo esto es verdad. Maravilloso encontrar a Jesucristo si estamos en alguno de esos grupos. Pero hay unos que no se alegraron de encontrar a Cristo porque no se veían a sí mismos, ni como pecadores, ni como necesitados, ni como ignorantes, ni como heridos, ni tampoco como gente que está bajo el poder del enemigo. Al contrario, estos se creían sanos, iluminados, doctos, fuertes, a estos estaban convencidos. Estaban muy convencidos de lo bien que se encontraban. Y para ellos, es decir, para los fariseos y los escribas, Jesús era fuente de confusión, porque estos escribas y fariseos tenían su propia manera de predicar sobre el reino de Dios. Estos escribas y fariseos tenían su propia manera de anunciar que había una esperanza, y para ellos la esperanza estaba en un cumplimiento estricto, estricto, prácticamente inhumano de la ley de Moisés. Una carga pesada que ni ellos mismos podían llevar, mucho menos ayudar a llevar a otros. Y como ellos tenían esa manera de interpretar el reino de Dios, entonces Jesús era un estorbo para ellos. No, ellos no se reconocían pecadores como para encontrar en Cristo el perdón. No se reconocían heridos o lastimados como para encontrar en Cristo la sanación. Ellos no se reconocían en poder del pecado ni afectados por el demonio, y tampoco buscaban en Cristo liberación. Y como ellos no buscaban nada de eso, tampoco lo encontraban. Entonces se acercaban a Jesús, no para recibir de Jesús, sino para juzgar a Jesús y para quitar a Jesús de en medio. Porque en el fondo lo que querían era que su mensaje, el de ellos, y que su versión de las cosas, la de ellos, fuera la que se impusiera. Desventurados. Por eso Cristo les habla con dureza. Por eso Cristo golpea esos corazones rebeldes, como el que tiene que abrir una grieta para que salga ese aire enrarecido, o como el médico que tiene que abrir una pústula para que salga esa pus y para que se pueda entonces empezar a sanar la herida. Qué duro el lenguaje de Cristo, pero apenas apropiado para ayudar a despertar a éstos que no reconociendo su necesidad, tampoco encontraban respuesta en la bendición que Dios les daba en Cristo.

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