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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
¿Qué podemos hacer nosotros para que la Palabra de Dios ocupe el primer lugar en nuestra vida?
Homilía o052001a, predicada en 19960206, con 8 min. y 10 seg. 
Transcripción:
La simplicidad del mandamiento de Dios da vértigo y entonces uno suele buscar seguridades en tradiciones y enseñanzas, en preceptos puramente humanos. El problema está cuando nos aferramos solamente a esas tradiciones humanas. Aquello que le ofrecemos a Dios queda sin sentido. Es como un templo que no habita divinidad. Bien lo ha expresado Salomón en su oración: Que no cabe en los cielos, en lo más alto de los cielos como en este templo. Es evidente la presencia de Dios en el templo. La presencia de Dios en nuestra vida sucede solamente por gracia. Esa gracia se espanta de nuestras vidas cuando ponemos nuestra confianza, solamente en las tradiciones humanas. La pregunta es ¿Y qué puede hacer uno? ¿Cómo puede uno arreglárselas, para vivir en primer lugar de la palabra de Dios? ¿Que puede hacer uno para estar pendiente sobre todo de esa palabra, y para ser discípulo de Dios? Es estos fariseos y letrados que se enorgullecen de sus maestros y sus alumnos yo soy de Gamaliel, yo soy de Hillel , yo soy Shammai ¿Que podemos hacer nosotros para devolverle en ese primer lugar a la palabra del señor? Es fundamentalmente escucharla con el corazón. Y es fundamentalmente dejar que ella penetre hasta donde tiene que llegar y dar frutos y esta es una obra de Espíritu. Además hay esta diferencia aunque la palabra de Dios como dice la Carta a los hebreos, uno está como indefenso en cambio las tradiciones humanas siempre son algún negocio. Tratare de explicarme, la palabra de Dios nos deja siempre como despojados y siempre como en manos de su poder. En cambio la palabra humana siempre hay un pacto, hago algo pero también estoy asegurando algo. Si uno se preguntan al obedecer ¿Qué me estoy asegurando yo con esta obediencia? Y uno descubre también el grado de obediencia a la palabra de Dios que se tiene en eso. Vamos a hacer un pequeño contraste entre la obediencia en la vida militar y la obediencia en vida religiosa, aunque su parecido tendrán de que se le llama obediencia a ambas. Cuando el soldado obedece queda libre de su propia responsabilidad. A mi me mandaron que matara, a mi me mandaron que hiciera, a mi me mandaron Etcétera. Pero de su religión uno no queda libre de su propia responsabilidad. Las constituciones son claras al decir que no estamos obligados ni debemos obedecer en cada aquello que entrañe el pecado. Cuando la obediencia a un precepto supone que yo no pienso, supone que mi conciencia no tiene que entrar en eso, supone yo me vuelvo una especie de niño minúsculo pero en ello tendrá su responsabilidad en el superior. Aparentemente es un gran obediente. ¡Que hombre y su obediencia caray! Pero no, no, no, no es así, porque ese señor con esa obediencia está comprando una tranquilidad, está comprando una comodidad, está comprando la certeza de no ser rechazado, ni regañado, ni reprobado por sus superiores. Yo no estoy diciendo que no hay que obedecer ni más faltaba. Estando yo mismo bajo ese saludable régimen de la obediencia religiosa. No estoy diciendo que no hay que obedecer sino, que ninguna obediencia nos exime de tener plena responsabilidad de nuestros actos y aun mas, aun más, que en tal manera hay que obedecer, que entendiendo la mente de nuestro superior, obedezcamos también con nuestra conciencia. Porque es el niño aparentemente juicioso que es el religioso que obedece pero da entender. Ese niño aparentemente juicioso ha estado obedeciendo con sus manos, porque si le dicen barrá, barre, está obedeciendo con sus pies porque si le dicen suba o baje, sube o baja, está obedeciendo con su cuerpo, pero su mente se la ha reservado para sí. Y por eso esa especie de niños juiciosos, que son como esos religiosos obedecen así, como a su conciencia, que obedecen dentro de su propia comodidad están obedeciendo con su cuerpo, pero su mente no ha hecho todavía voto de obediencia, puede que tenga voto de pobreza, voto de castidad en la mente, pero en la mente no tiene voto obediencia. Hay que obedecer con inteligencia, de otra manera nosotros seremos orgullosos de ser de Shammai, de Hillel, de Gamaliel, o del padre tal, o de la madre tal. Es que yo soy de los del padre tal, yo estoy ahí en mi comunidad, yo soy de los formados del padre tal. Vengan a darle entonces. Yo soy formada de la madre tal, eso no es suficiente mis hermanas, eso no es suficiente mis frailes, eso no es suficiente. Falta ver si soy discípulo de Cristo, falta ver si tu, cuando obedeciste al padre tal o a la madre tal obedeciste también con tu inteligencia o solamente le diste tus manos o solamente le diste tus pies. Es el corazón el que tiene que obedecer no el fin de cada día. Señor padre de los cielos de lo más alto de los cielos. Tú vas a saber Dios, tu vas a saber señor en nuestras pequeñas palabras. Mis palabras no alcanzan para lo que yo quisiera transmitir. Mi corazón es pequeño y estrecho Él haga en mi corazón un templo en que se gozo y el haga en mis palabras un evangelio que sea útil siempre para vosotros.

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