Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La multitud busca a Cristo. O eso parece, porque en cuanto aparezcan las exigencias de seguirle, le darán la espalda.

Homilía o051006a, predicada en 20140210, con 6 min. y 44 seg.

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Transcripción:

Sabemos, queridos hermanos, que el evangelista Marcos destaca de manera prominente las obras de Cristo. Podemos decir que una preocupación principal de Marcos es dejar ver qué sucede cuando Cristo llega a la vida de una persona. Otros evangelistas tienen otros énfasis. Así, por ejemplo, Mateo le da bastante importancia a los discursos de Cristo y hace unas compilaciones relativamente largas de las palabras del Señor. En Mateo, Cristo es mucho más un maestro, como un nuevo Moisés. Lucas destaca lo que podríamos llamar las entrañas de Misericordia de Cristo. Es el gran testigo de ese aspecto tan atrayente de nuestro Salvador. Para Juan, en cambio, es el misterio del Señor. Cristo como señal del Padre, lo que prevalece. Por eso cada uno de estos evangelistas nos ayuda a acercarnos al Señor desde un enfoque, desde una manera diferente.

En el texto de hoy Cristo está como en el pináculo, en la cumbre de su labor y también de su popularidad. La gente lo busca, quiere estar cerca de Él, quieren tocarlo y quieren sanarse. Dos cosas podemos subrayar brevemente en esa actitud del pueblo. Primero, nótese la diferencia entre el Antiguo y el Nuevo Testamento a este respecto. En el Antiguo Testamento muchas veces se destaca la distancia. Cómo el Dios que se revela es un Dios lleno de majestad y de poder, que infunde ante todo temor, en el conjunto del pueblo. Un temor santo, un temor reverencial, pero temor. Cristo, el Dios con nosotros, en ese sentido es como lo contrario en vez de producir en primer lugar ese temor, lo que produce es una tremenda atracción. Esta diferencia hay entonces que destacarla.

El segundo aspecto es que la gente se apega a Cristo, y eso también lo muestra Marcos mientras Cristo está callado. Suena como irónico. En el pasaje de hoy el Señor no pronuncia ni una sola palabra. Es simplemente como una fuerza de bondad, y eso le encanta a la gente. Alguien que me arregle la vida, alguien que me quite mis problemas, alguien que me cure. Pero cuando Cristo empieza a hablar y cuando va apareciendo la conversión del corazón, la necesidad de aceptar el reinado de Dios, y por consiguiente hay que empezar a tomar opciones, pues la gente toma opciones y esas opciones a menudo implican distanciarse. Ahí sí aparece de nuevo la distancia de Cristo.

El texto que hemos oído es del capítulo sexto. Es como el momento de máxima compañía. Se apretujan por estar cerca del Señor. Pero Marcos, el evangelista tiene su texto en una dinámica muy interesante, porque de este momento de máxima compresión, Cristo tendrá que pasar a un momento de suprema soledad que llega en el capítulo catorce, cuando él tiene que decir incluso a sus más cercanos discípulos Ustedes también me van a abandonar y me voy a quedar solo. Pero no estoy solo. El Padre está conmigo. Esa dinámica que va de la multitud hacia la soledad es la dinámica de la fidelidad a su misión. Es la dinámica de la cruz. Es la dinámica de la pureza del Evangelio.

Nos enseña también a nosotros lo que eso implica. El que quiera quedarse siempre con la multitud, el que quiera ser siempre popular, el que quiera ser siempre aplaudido y aceptado por todos termina siendo infiel a Dios. Pero desde luego, la soledad de la cruz no es el final del camino. La alegría de la Pascua, la fraternidad de Pentecostés abre a un nuevo encuentro. Pero la lección queda clara para todos nosotros.

Entonces, ¿Qué lecciones sacamos? Que hay que apegarse a Cristo, pero no desprenderse de Él cuando lleguen las palabras duras. Que tenemos que abrazarlo con la fuerza con que hoy la gente lo está buscando, pero no soltarlo en el momento en el que sus exigencias, que son las exigencias del amor, toquen a nuestro corazón. Encontremos al Señor en su Presencia Eucarística y que desde allí, desde su Cuerpo y su Sangre, podamos nosotros recibir su fuerza de sanación, pero también encontrar la pureza de su Evangelio.

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