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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Una barca llena de buenas noticias: preciosa imagen de la Iglesia, y gran desafío para los creyentes.
Homilía o051005a, predicada en 20140210, con 4 min. y 40 seg. 
Transcripción:
Hay algo muy hermoso en el Evangelio de hoy, tomado del Capítulo Sexto de San Marcos. Jesús y sus discípulos están atravesando el lago. Es el lago de Genesaret, también conocido como el lago de Galilea. Y bueno, apenas desembarcar, la gente los reconoce. Y empiezan a traer los enfermos le piden a Jesús que les deje tocar aunque sea el borde del manto. Y los que lo tocan quedan curados. Esa escena es hermosa, pero tratemos de aprender algo de ella. Es decir, además de la alegría que es evidente, tratemos de sacar una enseñanza, algo que quede para nosotros. Llama la atención aquella expresión que usa el evangelista. Los reconocieron. Podemos tal vez dejar volar un poquito la imaginación. ¿Qué quiere decir, lo reconocieron? A ver cuál. ¿Cuál fue el diálogo que se estableció cerca de aquella playa donde llega la barca de Jesús con los discípulos? Oye, ¿Ese no es el de Nazaret? Pues creo que no, o tal vez sí. ¿Ese no era el que estaba, el que estaba curando allá en la otra aldea? Sí, sí, sí, sí que sí. Es él. Es él. -Pues no será que pueda ayudar al tío Jacobo que está. -Qué está tan enfermo. -Pues yo le voy a traer también a mi hija. Y en ese diálogo y en esa expectativa, empiezan a congregarse los primeros. Aquí ha llegado. Aquí ha llegado la bondad. Aquí ha llegado la salud. Aquí ha llegado la sanación. Aquí ha llegado la paz. ¿No es muy hermoso eso? Jesús y los discípulos en una barca. No es esa la imagen de la Iglesia. ¿No te parece que eso es lo que tiene que ser la Iglesia? Una barca que llega a las playas del dolor del mundo para que la gente diga ahí está Jesús con los suyos y para que la gente diga: -¡Aquí viene alivio! -¡Aquí viene ayuda! -¡Por fin llega la salud! -Por fin alguien se acuerda de nosotros. -Por fin hay una respuesta. Eso tiene que ser la Iglesia. Y la Iglesia tiene que ser reconocible. Porque el evangelista dice, los reconocieron. La Iglesia tiene que ser reconocible, tiene que verse que ella es la que porta ese amor, la que porta esa luz, la que porta esa predicación, la que trae con abundancia esa gracia. Una Iglesia que entonces tiene que estar dispuesta a rodearse una y otra vez del dolor humano. Una Iglesia que no puede esconderse, que no puede mantenerse en la seguridad y en la tranquilidad de la otra orilla. Jesús y sus discípulos hicieron el viaje y llegaron hasta allá. Hay que salir de la orilla cómoda. Atravesar el mar y encontrarse con esos rostros, con esas llagas, con esas expectativas. Si vamos así, en el nombre del Señor, también nosotros podremos, por su gracia, por su misericordia, podremos ser buena noticia.

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