Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Unámonos a la multitud de los que reconocen a un tiempo sus necesidades y el poder de Cristo para remediarlas.

Homilía o051003a, predicada en 20120206, con 4 min. y 38 seg.

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Transcripción:

Estamos siguiendo la lectura del Evangelio según San Marcos. Ese es nuestro programa de lectura para los días de entre semana. Recuerda para estos días que la Iglesia llama ferias, tenemos primero a San Marcos, que lo leemos casi completo, luego las partes de Mateo que no coinciden con Marcos y luego las partes de Lucas que no coinciden ni con Marcos ni con Mateo. De esa manera, si una persona asiste con su atención, bien despierta a la Santa Misa en los días de entre semana, hace un recorrido pausado, meditado, profundo por toda la vida de Jesucristo. Y de eso es de lo que se trata la Palabra de Dios en la Eucaristía.

Es un verdadero banquete que nos prepara para el otro banquete, el banquete eucarístico, es decir, la recepción del cuerpo y la sangre, el alma y la divinidad de nuestro amado Señor y Salvador Jesucristo. Así que por este tiempo, esta es ya la semana quinta. Estamos avanzando con la lectura de Marcos y estamos en el Capítulo Sexto. ¿Y qué encontramos? Una escena que indudablemente conmueve nuestro corazón es Jesús como manantial de amor. Es Jesús como fuente inagotable de sanación. Es Jesús que se levanta como un faro de esperanza en la vida de tantos que han sido golpeados, estrujados, rotos por el camino. Este es Jesucristo. ¡Qué hermosa esa escena! Jesús llega y apenas desembarca, la gente le reconoce. Unos se alejan, pero se alejan para atraer a otros. Para llevar la noticia que ha llegado, que ha llegado el profeta de Nazaret.

Y entonces una gran multitud con enorme necesidad, una multitud que refleja las miserias de nuestra humanidad, se acerca a este Jesús para tocarle, para recibir, para recibir algo de ese bien. Y termina diciendo el evangelista Y todos los que le tocaban eran curados. ¡Qué hermosura, qué belleza! Admiremos a este Cristo y pensemos que nosotros también somos parte de esa humanidad. ¿Quiénes son los que están ahí? ¿Quién es la gente que le rodea? Los necesitados, los pobres, los marginados, los enfermos, los excluidos, esa es la gente que está cerca de Jesús. Y si nosotros queremos hablar o presumir de cristianos, entendamos que nuestro único título de gloria es reconocer que somos tan necesitados como esa multitud que se agolpaba. La vida cristiana empieza ahí. La vida cristiana empieza cuando por fin reconoces, cuando por fin reconozco que lo mismo que los demás, también yo necesito de Jesús, necesito de su Palabra, necesito de su amor, necesito de su perdón, necesito del poder de su Espíritu, necesito de su sanación.

Bendito sea Dios que nos ha enviado a su Santo Hijo, nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Vamos a aceptarlo en el corazón, pero para que no sea pasiva nuestra respuesta, corramos a donde está Él, ¿Y dónde está? ¿Dónde está hoy? Pues está, está en la Eucaristía, está en la Palabra que le declara tan, tan abiertamente ¿Dónde está Jesús? Está ahí al encuentro del hermano ¿Dónde está Jesús? Está en la Palabra también, y en el amor y en la acogida de la Iglesia que haga Jesús su obra en nosotros y que nosotros cantemos sus maravillas. Amén.

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