Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Homilía o051002a, predicada en 20100208, con 19 min. y 50 seg.

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Transcripción:

La breve escena del Evangelio de hoy nos recuerda que uno de los principales aspectos de la misión de Jesucristo fue la sanación. Jesucristo hizo varias cosas mientras estuvo en esta tierra, predicó por supuesto, sanó enfermos, expulsó demonios, oró por el pueblo. Estas son las principales dimensiones de la vida de Cristo, y por consiguiente, son también las principales dimensiones de la vida de un discípulo de Cristo. Predicar, sanar, expulsar demonios, orar por el pueblo. Hoy hay un buen retrato de lo que nos corresponde hacer a nosotros. Y ahí encontramos también una buena biografía de lo que han hecho tantos santos, entre ellos nuestro fundador, Santo Domingo de Guzmán. Es muy importante ver que estas distintas dimensiones van unidas. Es decir, la persona que recibe la sanación más fácilmente recibe la palabra.

La persona que se siente liberada de sus males, más fácilmente recibe el beneficio de la oración. Es decir, que el ideal de un apóstol es tener estas cuatro cosas, de manera que lo que se va haciendo con una se complemente con las demás. Pero antes de brindar estos bienes a otras personas, primero tenemos que recibirlos nosotros. Entonces, primero necesitamos. Necesitamos recibir la Palabra de Cristo, recibir la sanación de Cristo, recibir la liberación de Cristo y recibir la oración de Cristo. Antes de pensar en que tenemos mucho por hacer por el mundo, tenemos que pensar en todo lo que Cristo tiene que hacer en nosotros. De aquí la importancia de esa sanación y de ese tiempo de sanación. Cuando yo estaba más pequeño, eso fue el siglo pasado. No se hablaba tanto de sanación. La palabra sanación vinieron a popularizarla, los carismáticos. Entendemos por sanación un acto de curación que realiza Cristo. ¿Cómo puede uno identificar en qué cosas tiene que ser sanado? Hay algunos síntomas, aquellas cosas de las que uno prefiere no hablar, aquellas experiencias de la vida de las que uno quiere olvidarse. Ahí usualmente hay terreno para sanación.

Por eso, en esos ejercicios que le ponen a hacer a uno, como por ejemplo escribe tu vida, escribe la historia de tu vocación, cuéntanos cómo es tu familia. En esos casos, hay que darle especial atención, a cuáles son los periodos o cuáles son las áreas de la vida, o cuáles son las personas de las que uno no quiere hablar. Casi siempre, cuando uno pone una tapa debajo hay una olla y a veces es una olla podrida. Entonces el proceso de sanación se parece a lo que cuenta aquí el Evangelio. Lo primero que tenían que hacer los enfermos era mostrarse y lo primero que tenían que hacer para curarse de sus males era mostrarlas, mostrarlas ante Jesucristo, ponerlas al descubierto. Para ser curados por Cristo, ellos se dejaban ver de Cristo. Podemos decir que desnudaban su mal, su dolencia ante Jesucristo. Y este tiene que ser un propósito, no solo para este retiro, sino yo creo que para todo el noviciado. Lo peor que puede hacer uno es esconder las heridas, esconder los problemas, reprimir los malos recuerdos. Esa es la peor idea.

Imaginémonos qué pasaría con un enfermo que va donde el médico y el médico le pregunta ¿En qué le puedo servir? Y este enfermo dice: No, realmente nada. ¿Pero no le duele algo? No, no, yo estoy bien, no tiene ningún problema, ningún problema, tengo. Y sale por la puerta de ese consultorio tan enfermo como entró, porque no mostró el problema, no mostró la herida. Lo primero para ser curados es mostrar las heridas. Y cómo identifica uno cuáles son las heridas. Sobre todo las heridas emocionales, psicológicas, pues se identifica en aquellas cosas de las que uno prefiere no hablar, aquellas personas que uno prefiere no nombrarlas, aquellos aquellos tiempos o épocas de la vida que uno siempre se salta. Eso que uno trata de esquivar normalmente es algo que uno tiene tapado y debajo de esa tapa hay una olla y esa olla usualmente está podrida.

Entonces tiene que haber un proceso, un proceso de destapar, un proceso, de llegar a la transparencia, un proceso para llegar a la completa luz de Cristo. Un ideal muy hermoso para vivir, el noviciado es la transparencia. Y a medida que va apareciendo la luz y a medida que va llegando la luz, van saliendo todas esas llagas, todos esos problemas, todos esos traumas. En una comunidad como la nuestra, no digo que sea el único lugar donde eso sucede, pero en una comunidad como la nuestra y en una provincia como ésta de Colombia, ustedes encontrarán que hay muchos recursos, muchos recursos que en el nombre de Cristo y con un gran respeto, van a servir para que todas esas cosas salgan. A veces ni uno mismo las conoce. Ustedes van a encontrar que hay una asesoría y un apoyo desde el punto de vista espiritual. Ustedes van a encontrar buenos confesores, ustedes van a encontrar formadores que tienen experiencia en esta clase de situaciones. Ustedes van a encontrar psicólogos que les pueden también dar una luz peculiar, porque un buen psicólogo es un experto en esta clase de cosas.

Entonces van a encontrar todos esos recursos, pero detrás de todas esas personas, psicólogos, sacerdotes, consejeros, formadores, detrás de todo, lo que tenemos que buscar es que Cristo, el Señor sea el que nos conozca. Conóceme, Señor, como dice el libro de los Salmos, de distintas maneras, en distintos lugares. Conoce mi corazón. ¡Qué cosa tan bella esa! Yo creo que así tiene que ser nuestro tiempo de retiro. Y luego el noviciado entero. Conóceme, Señor, conóceme. La primera manera, ya dijimos lo que uno reprime, lo que uno trata de saltarse. Hay otro recurso para identificar cosas que tienen que ser sanadas en uno. Uno tiene que mirar cuáles son las reacciones de uno. Entonces, un segundo criterio de diagnóstico son las reacciones desproporcionadas. Por supuesto, todo ser humano tiene que reaccionar frente a lo que le sucede. Si me llega una mala noticia, la reacción humana natural es que voy a sentir tristeza, si me llega una buena noticia Alegría. Si alguien quiere a toda costa fastidiarme seguro que voy a sentir disgusto o rabia. Es normal. Es apenas normal que uno reaccione.

Ser religioso no significa ser inerte. La idea de la perfección religiosa no es la apatía, la indiferencia. Ser uno más o menos como un bulto de aserrín que le puede dar golpes o lo que sea y ahí queda igualito el bulto. No. Es normal que uno reaccione, pero hay que tener especial atención a las reacciones desproporcionadas. Por ejemplo, una reacción desproporcionada es un ataque. Vamos a usar esa palabra un ataque de rabia, de ira por cualquier cosa. De aquí la importancia también de que el noviciado sea un poco exigente, porque en esas exigencias es donde el novicio puede conocer las reacciones desproporcionadas. Fíjate que el mismo hecho de que haya una cierta clausura, un cierto recogimiento, pues eso hace que uno se vuelva un poco más sensible y seguramente ahí van a aparecer muchos malos temperamentos que tenemos y muchas reacciones desproporcionadas. La persona que se vuelve iracunda, la persona que entra en depresión profunda simplemente porque se mencionó tal o cual tema y entonces ya entró en una crisis terrible y una tristeza, es una reacción desproporcionada.

Entonces no estoy diciendo aquí que ahora ustedes tengan que reprimir sus reacciones para que nadie se dé cuenta, No, más bien vive con naturalidad tu proceso y si observas en ti mismo o alguien te hace ver esa clase de reacción desproporcionada, que esa sea ocasión para que entres en ti mismo y digas ¿Y esto por qué es así? Les voy a dar un par de ejemplos. Algunas personas pueden sentirse, por ejemplo, muy sensibles en cuanto al tema de su figura. Entonces hay personas robustas que no soportan que se diga nada que tenga que ver con la gordura porque ya sienten que les están atacando. A que nadie me quiere, aquí todos me arrinconan. la persona se acompleja. El otro ejemplo es el de que a veces sucede con personas por su origen, que porque yo soy vengo de un estrato pobre o porque yo vengo de tal o cual provincia o departamento, o porque yo soy de baja estatura o porque soy un poco lento. A la gente le parece que soy lento para entender. Entonces, en esa clase de defectos, fácilmente uno tiene reacciones desproporcionadas en términos de tristeza o en términos de rabia, o en términos de distintas formas de escapismo. Todo esto uno tiene que utilizarlo.

Es decir, el mensaje que trato de compartirles, hermanos, es capitalicen todo, capitalicen todo para conocerse mejor, para saber realmente quiénes son y en qué situación se encuentran delante de Dios. Y esto es hermoso, porque uno no tiene que andar reprimiendo ni andar escondiendo, sino que cada cosa que vaya saliendo uno la aprovecha para presentarla ante Jesucristo. Uno la aprovecha para incluso conversarla o presentarla ante los formadores y se va haciendo un proceso muy transparente. Un proceso tremendamente honesto, un proceso limpio. Y eso es maravilloso, porque si usted vive su noviciado con esa transparencia, usted queda listo para afrontar muchísimas cosas en la vida, pero muchas, muchas. En efecto, una persona que se conoce y que conoce cuáles son sus flancos débiles y cuáles son sus heridas profundas y que ya ha puesto esas heridas en manos de Dios, pues ya no va a reaccionar de cualquier manera cuando el día de mañana entre un rechazo, porque por ejemplo, nosotros en la evangelización siempre tenemos que afrontar eso. Ustedes no vayan a pensar que simplemente porque ustedes quieren hablar de Cristo, entonces el mundo entero ya quiere oírlos hablar a ustedes sobre Cristo. No. El apóstol continuamente tiene que enfrentar. ¿Qué? Indiferencia, burla, rechazo. Mucha gente mira al religioso buscándole, el pierde, como decimos, es decir, buscando a ver en dónde está la hipocresía de este desgraciado. Venga a verlo. Miramos a ver por dónde.

Entonces la gente, mucha gente que es enemiga de la religión, que es enemiga de la fe, o que simplemente siente desconfianza, entonces mira al sacerdote, mira al religioso desde esa perspectiva. A ver, este tipo ¿Qué está reprimiendo, qué está escondiendo? ¿Dónde está la hipocresía de este desgraciado? Venga a ver. Eso lo encuentra uno, eso lo vive uno. Pero una persona que ha vivido un proceso de formación limpio, honesto, transparente, no tiene que temer. La gente lo está mirando, lo está escrutando. Qué importa. A veces la misma gente también trata como de como de chuzar lo uno, a ver si uno reacciona, por así decirlo. Y es importante que nosotros sobre esa roca sólida de la verdad de Jesucristo, permanezcamos digamos, con la mejor respuesta para esos momentos. Entonces, fíjate todo lo que lo que uno puede descubrir en esta actividad sanadora de nuestro Señor Jesucristo. Compartamos una última idea. Esta gente quería tocar el borde del manto de Cristo. Es importante ser tocados por Jesucristo.

Y uno dice: Y a mí cómo puede tocarme Jesucristo. Ya Jesucristo se murió, lo sepultaron, resucitó ¿Y ahora dónde puedo tocarlo? En los sacramentos nos dice el gran Papa San León que por eso se le llama San León el Grande o San León Magno. Nos dice San León lo que era visible en Jesucristo pasó a los sacramentos. Entonces tenemos que vivir los sacramentos, especialmente la Eucaristía y la confesión. Tenemos que vivirlos como momentos en los que Cristo toca nuestro ser. Son los momentos en que Jesús nos toca. Por ejemplo, al recibir la Sagrada Comunión. Lo que se nos dice, y es verdad, es esto; El cuerpo de Cristo recibe no solo en tu boca, sino en todo tu ser el cuerpo de Cristo, y entonces recibe esa bondad, ese amor de Jesús que toca tu existencia. Y especialmente en el amor a la Eucaristía, especialmente al recibir la Sagrada Comunión, pídele al Señor: Tómame, sáname Señor, ayúdame. Por el camino que tú quieras, porque eso no le vamos a poner condiciones a Cristo. Cristo nos puede sanar en un momento de oración, en una Eucaristía, Cristo sana a la gente. Eso lo he visto yo con mis ojos. O sea que Cristo puede hacer sanaciones así, instantáneas, milagrosas, diríamos.

Pero Cristo también puede utilizar otros recursos. Cristo puede utilizar una terapia juiciosa con un psicólogo o una psicóloga y es el mismo Cristo. Nosotros no le vamos a poner condiciones a Cristo, no le vamos a decir a mí me tienes que sanar, es con psicólogo o psicóloga o si no, no me vas a sanar o no le vamos a decir a Cristo a mí me tienes que sanar ya, en una oración aquí instantánea, explosiva, fantástica. No, Solo te pido, Señor, que seas tú quien lleve mi proceso, solo te pido que seas tú quien esté haciendo la obra y Jesús te va sanando. Pero la cercanía a los sacramentos es clave, la cercanía a la confesión. En la confesión oímos a Jesucristo perdonando nuestros pecados, abriendo su corazón ante nosotros. En la Eucaristía recibimos ese toque de Jesucristo. Ese tipo de cosas, ese tipo de realidades no son otras, sino la realidad de la encarnación de Cristo hecha presente para nosotros. Vamos a seguir esta celebración, hermanos, pidiéndole al Señor que nos dé la honestidad de destapar nuestros procesos. Nada de estarse saltando épocas de la vida. A veces uno tiene una mala relación con un compañero y la gran solución es cancelar a esa persona. Esa persona ya no existe para mí y sigo aquí con mi grupito de amigos. ¿Qué está haciendo ese personaje al obrar así? Está escondiendo una realidad de su propio corazón. ¿Y yo por qué voy a cancelar la gente? Ahí lo único que estoy logrando es tapar un problema que tengo. Eso no significa que uno tenga que ser el amigo de todos los novicios que haya. Y si son ochenta novicios, soy el súper amigo. Y los otros setenta y nueve No, Pero ponle cuidado a ese detalle. Si sientes que estás cancelando gente. Cuidado, cuidado. Eso es muy peligroso. Y en la vida religiosa, ese es el comienzo de muchos males, porque de ahí surgen partidos, de ahí surgen divisiones, de ahí surgen muchos engaños. Entonces nosotros nada de eso.

Vamos a vivir un proceso honesto, un proceso limpio, transparente, que realmente nos prepare para también nosotros un día ofrecerle a la gente las cuatro cosas que ofreció Cristo predicación, sanación, liberación y el beneficio de nuestra oración. Amén.

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