Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Toma un poco de tiempo para revisar tu tiempo.

Homilía o043011a, predicada en 20200205, con 6 min. y 32 seg.

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Transcripción:

¿Por qué es tan frecuente que despreciamos a lo que tenemos cerca o a los que tenemos cerca? Es una pregunta que surge de modo muy natural ante el Evangelio de hoy, tomado del capítulo sexto de San Marcos. Los paisanos de Cristo, es decir, aquella gente de Nazaret, no podían realmente aceptar mucho que ese que había crecido junto a ellos, que seguramente habían visto tantas veces por sus calles que de niño había jugado con otros niños, que ese venga ahora a enseñarnos la Palabra de Dios y que tenga unos milagros poderosísimos en sus manos. Eso resulta difícil de creer. Por eso el Señor dice aquella frase: «Un profeta no es despreciado sino en su propia tierra».

Y por eso la pregunta que nosotros nos hacemos hoy: ¿Por qué suele suceder que despreciamos lo que tenemos cerca? Antes de intentar una mini respuesta, observemos algo interesante, y es que esto se cumple, incluso más allá de lo que usualmente llamamos religión. Por ejemplo, hay personas que no aprecian a sus padres, pero cuando han tenido que viajar a otro país, por ejemplo, hacer estudios superiores, complementarios, especializaciones, estando lejos, aprenden a valorar la casa paterna, aprenden a querer al papá, a la mamá, lo que han hecho toda la vida por ellos. A veces parece que tuviéramos que distanciarnos para poder apreciar lo que tenemos.

Sucede no solamente con la familia, hay gente que ha aprendido a amar a su país solamente cuando ha tenido que vivir fuera del país. ¿Por qué a veces despreciamos lo que tenemos cerca? Incluso, uno podría ser esta especie de juego de palabras: Nadie está más cerca de mí que yo mismo. Y si yo estoy tan cerquita de mí mismo, posiblemente ni yo mismo me doy cuenta de capacidades, de cualidades, dones que tengo. Hace poco escuchaba a un buen filósofo español que decía que cada uno de nosotros llega a ser persona a través de la relación con otras personas.

Porque muchas veces es en la relación con otras personas cuando llegamos realmente a tener el adecuado espejo para ver algunos defectos que no habíamos visto en nosotros. Pero atención, también para ver cualidades que no habíamos visto en nosotros. Parece que lo que tenemos demasiado cerca no lo alcanzamos a leer, esa podría ser una explicación. Y esto también explica por qué nos hace tanto bien el hacer esas pausas, esos momentos de reflexión, esos momentos de silencio. Eso nos hace un bien muy grande.

La Iglesia, por ejemplo, nos invita a que no terminemos el día sin hacer un examen de conciencia. Y la mayor parte de la gente cree que el examen de conciencia es algo así como decir: Bueno, y ahora ¿qué hice mal? Ahora ¿en qué me equivoqué? ¿Cuáles fueron los pecados de hoy? Sí, el examen de conciencia tiene el propósito de revisar esa clase de faltas y nos hace bien revisarlas. Pero el examen de conciencia no es solo para las faltas, el examen de conciencia también es, y esto también es muy importante, para que nosotros detectemos el paso de Dios en nuestra vida.

Mira, ¿de qué está hecha tu vida? De tiempo, segundos, minutos, horas, días, semanas. Tu vida y mi vida están hechas de tiempo. Eso quiere decir que lo que Dios haga con tu vida o con la mía lo hace en el tiempo. El tiempo es el papel en el que Dios escribe. Y si el tiempo es donde Dios está escribiendo, al revisar el día, estoy revisando no solo mi escritura, sino también lo que Dios me está tratando de decir. Así que la enseñanza muy elemental, muy, muy elemental que hacemos hoy es, toma un poco de tiempo para revisar tu tiempo, toma un poco de tiempo para apartarte de lo simplemente cotidiano, toma un poco de tiempo para revisar esa vida.

Hoy muchas personas, incluso, insisto, sin ninguna motivación religiosa, están sugiriendo que llevemos un diario, que escribamos en alguna parte lo que vamos aprendiendo, lo que vamos viviendo. Ese ejercicio, que en inglés llaman journaling, es estar escribiendo, llevar un journal, llevar un diario, ese ejercicio es muy importante porque ayuda a ver defectos, insisto, pero también ayuda a ver cualidades, ayuda a mirar lo que estás haciendo, ayuda a mirar lo que estás viviendo.

Pero, no es únicamente para centrarnos en nosotros, es también para aprender a apreciar lo que tenemos antes de que lo perdamos. Aprender a valorar a las personas que están cerca antes de que estén lejos. Y aprender que también hay profetas y también hay bondad y, seguramente, también hay santos que están muy cerca de nosotros. Bendito sea Dios.

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