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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La vida oculta de Jesús fue la de un humilde artesano, un verdadero servidor de todos y en esa sencillez se regocijaba el Padre celestial.
Homilía o043010a, predicada en 20180131, con 5 min. y 13 seg. 
Transcripción:
Los que habían conocido a Cristo en su adolescencia, en su juventud, tenían especial dificultad para creer en Él. Eso es lo que nos cuenta el capítulo sexto de San Marcos en su comienzo, tal es el pasaje que hemos oído el día de hoy. Quiero hacer una anotación que creo que es interesante.
Algunas personas aprovechadas, inescrupulosas, se han puesto a inventar o a rebuscar historias sobre qué sucedió con Cristo entre los 12 y los 30 años, qué pasó con él. Gente irresponsable, amadora del dinero, escriben tomos y tomos sobre la vida secreta de Cristo. Que si fue a la India, que si estuvo con los esenios. Lo que quieren es dinero. Y tú eres un irresponsable, un tonto y un traidor si compras esa clase de literatura, porque si compras esos libros o si vas a las películas de cine en las que se presentan esa clase de teorías, estás enriqueciendo a los enemigos de la Iglesia y estás fortaleciendo sus posturas.
Pero lo interesante está en que el pasaje de hoy, que pareciera no tener nada que ver con el tema de la adolescencia y la juventud de Cristo, resulta que tiene todo que ver. Efectivamente, la razón por la que los paisanos de Cristo no creían en él es porque creían que lo conocían muy bien. Cuando dicen: Este es el hijo del artesano. Este es el hijo del carpintero, el hijo de José. Y hablan también de los parientes cercanos a los que la Biblia llama también hermanos, porque sabemos que la palabra hermano tenía un sentido muy amplio en aquella cultura.
Si hasta en alguna oportunidad nuestro padre Abraham llamó hermano a Lot, le dijo: Tú y yo somos hermanos, simplemente porque pertenecían a la misma familia. O sea que este no es el momento para entrar en la famosa discusión de que si los hermanos de Jesús y que si María tuvo más hijos. Esa clase de cosas están discutidas y aclaradas hace mucho tiempo, ese no es mi tema. Mi tema es que la gente de la ciudad, ciudad es un nombre muy grande, la gente de aquel pueblo, la gente de Nazaret sentía: Pero si nosotros lo conocemos, ¿de dónde le vienen esos milagros, de dónde le viene esa sabiduría? Si Él es como los demás, como como este Santiago y como estas, que ellos llaman hermanas de él.
La gente sentía que lo conocía, óyeme esa frase. Si, Cristo, como dicen los traidores, los ávidos de dinero, los que escriben libros para enriquecerse con historias de religión. Si Cristo, como dicen esos traidores, se hubiera ido lejos a aprender no sé cuántas cosas. Entonces, el pasaje de hoy no tiene ningún sentido. ¿Por qué la gente sentía que conocía a Cristo? Porque había vivido con ellos. O sea que la respuesta a la pregunta inquietante ¿dónde estuvo Cristo entre los 12 y los 30 años?, tiene una respuesta muy sencilla, pero no es una respuesta que dé tanto dinero como escribir libros y libros con especulaciones tontas para que católicos traidores alimenten a esos enemigos de la fe.
La respuesta es muy sencilla. ¿Qué hizo Cristo, qué fue lo que hizo en esos años? Estuvo en Nazaret. Era el hijo del carpintero, su vida era la de un humilde artesano. Un verdadero servidor de todos, que eso es lo que significa la palabra con que la lengua griega identifica a San José, el «tékton», el que trabaja, el artesano. Ese era Cristo, el que, en la sencillez de un pueblo minúsculo de Galilea, estaba siempre dispuesto para ayudar a tantos. Su vida era humilde, su vida era muy sencilla y en esa sencillez se regocijaba el Padre Celestial.

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