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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El gran enemigo de la ignorancia es el conocimiento pero el gran enemigo del conocimiento no es la ignorancia sino el creer que uno ya sabe.
Homilía o043007a, predicada en 20140205, con 4 min. y 19 seg. 
Transcripción:
El gran enemigo de la ignorancia es el conocimiento. Podemos comparar la ignorancia con la oscuridad, con las tinieblas. Cuando llega la luz, las tinieblas tienen que huir. Por eso, el gran enemigo de la ignorancia es el conocimiento. Pero atención, el gran enemigo, o si digo mejor, el peor enemigo del conocimiento, no es la ignorancia, el peor enemigo del conocimiento es creer que uno ya sabe. Y eso se demuestra muy bien en el pasaje del Evangelio de hoy, capítulo sexto de San Marcos. Aquellos que creen que ya saben, esos son los que se pierden de todo conocimiento.
Una persona puede ser ignorante, pero tener un gran deseo de saber. Además, no se nos olvide que, como dice aquel refrán tan común en nuestra Colombia: Nadie nació aprendido. Es decir, todos nacemos ignorantes. Pero es que la ignorancia puede abrirse al conocimiento, si hay deseo de saber. Por eso también dice Aristóteles, al comienzo de su libro sobre la metafísica, que el deseo de saber es común a todos los hombres y que es el principio del conocimiento. Así pues, no, el problema no es la ignorancia, ese no es el problema, uno puede tener ignorancia y deseo de saber.
El problema es cuando uno cree que ya sabe. Y eso era lo que pensaba la gente en Nazaret, creían que ya sabían, creían que ya conocían a Cristo, creían que ya lo tenían resuelto, identificado, que ya se sabían muy bien sus límites, sus posibilidades. Oh, qué tendencia esa la de nosotros, los seres humanos, tendencia a meter en casillas las personas. Tú vas aquí, se supone que esto es lo que tú puedes hacer. Tú eres el hijo del carpintero, tú de lo único que sabes es de madera y de reparaciones y de sillas y de mesas. Y tú vas aquí y tú vas aquí. Y metemos, metemos en casillas, encasillamos a las personas.
Cristo también sufrió esto, la gente creía que ya lo conocía. Y el que cree que ya conoce, entonces no quiere conocer. Por eso, te repito las dos frases. El gran enemigo de la ignorancia es el conocimiento. Pero el peor enemigo del conocimiento no es la ignorancia, el peor enemigo del conocimiento es creer que uno ya sabe, ese es el peor enemigo. Y ¿cómo se puede vencer ese enemigo? Pues hay que empezar por descubrir la propia ignorancia, hay que empezar por descubrir que uno no sabe lo que uno creía que sabía.
Por eso, a menudo la conversión tiene que pasar por experiencias fuertes de frustración y de decepción de sí mismo: Yo pensé que yo podía esto. Yo pensé que yo me las sabía todas. Yo pensé que podía salir adelante con esto. Pero a partir de esa decepción de sí mismo, si nos dejamos guiar por el Espíritu, podemos llegar a descubrir nuestra ignorancia y podemos llegar a descubrir que no sabemos. Y quizás, por ese camino, un día podemos encontrarnos o reencontrarnos con el que es la Palabra y sabiduría del Padre, Cristo nuestro Señor.

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