Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cristo es plenamente sensible porque nuestra vida le importa profundamente. Confiados en ese amor, estamos llamados a ser sensibles al dolor de los demás y del mundo.

Homilía o042011a, predicada en 20260203, con 7 min. y 41 seg.

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Transcripción:

Hermanos, tomemos el evangelio de hoy en nuestras manos, llevémoslo a nuestro corazón y aprendamos un par de lecciones. Se trata de dos actos maravillosos, dos milagros de Cristo. Una mujer que padecía hemorragias prácticamente continuas, recibe sanación y una chiquilla de unos doce años que había fallecido, que había muerto, es retornada a la vida por el poder de Jesucristo. Sin duda, este segundo milagro a nuestros ojos es el más impactante, pero en esta oportunidad te quiero invitar a que fijemos nuestra mirada en un pequeño pero muy, muy significativo detalle del primer milagro, es decir, de aquella mujer que estaba enferma y que padecía ese flujo de sangre. Se le llama a veces la hemorroísa, que literalmente significa eso, una mujer que tiene una un flujo abundante, casi constante de sangre, con todas las consecuencias que podemos imaginarnos que esto trae.

Lo que quiero destacar, el pequeño detalle que quisiera que captarán nuestra atención está simplemente en un verbo. El verbo sentir, quiero hablar de sensibilidad. En nuestra cultura, criticamos con bastante frecuencia la hipersensibilidad que a uno le digan oye, tú eres hipersensible, pues no es ningún elogio. Básicamente lo que te están diciendo es que tú reaccionas con demasiada intensidad frente a algo que tal vez no es tan importante. Por ejemplo, estás en tu trabajo, alguien te dice mira en el reporte que pasaste, pues hay unas fechas que no coinciden y entonces tú entras en una actitud completamente reactiva, completamente violenta. ¿Cómo así? ¿Por qué me atacan? Ahí, ese es un escenario. Es solamente un ejemplo en el que quizás diríamos oye, pero esta persona es hipersensible. Hipersensibilidad.

Pues bien, yo te quiero hablar de otra hipersensibilidad. No sé si esto termine bien, pero quiero hablarte de eso. Quiero hablarte de la hipersensibilidad positiva, porque cuando nosotros reaccionamos con gran agresividad o amargura o tristeza frente a algo que realmente no merece la pena, pues ahí se puede hablar perfectamente de una hipersensibilidad negativa por el tipo de reacción que tenemos. Pero es que el evangelio de hoy nos muestra una hipersensibilidad positiva. Y te voy a contar que esa hipersensibilidad positiva de dos modos diferentes se manifiesta tanto en la mujer que estaba enferma como en él mismísimo Señor Jesucristo.

Así que atención, porque estamos entrando en un terreno complicado pero muy hermoso y se llama sensibilidad positiva. ¿A qué me refiero? Esta mujer, venciendo barreras psicológicas e incluso propias de la ley de Moisés, sale de su casa, ha oído hablar de Cristo y se acerca a Cristo con este pensamiento lleno de fe y de esperanza. Si yo logro tocar, aunque solo sea el borde de su vestido, con eso me voy a curar. Es un acto enorme de fe el que ella está haciendo y es lo que efectivamente realiza, pues cuando ella se acerca así tímidamente como por detrás y toca el vestido de Cristo, nos dice el Evangelio, ella inmediatamente sintió que estaba curada. Observa, Inmediatamente sintió. Pero luego el evangelista utiliza la misma expresión, Cristo de inmediato sintió que una fuerza había salido de él, una fuerza claramente de curación, una fuerza de sanación había salido de él.

Entonces te das cuenta que esta mujer tenía una tremenda sensibilidad. Porque cómo pudo detectar así como inmediatamente, como en el instante estoy curada ¿Cómo pudo detectar ella eso? Como se trata de esa enfermedad tan particular que ella tenía, es decir, de esa hemorragia continua. Pues normalmente que cese una hemorragia no se siente con tantísima intensidad, pero ya ves que ella sí lo sintió. Ella tenía esa hipersensibilidad positiva. Pero sobre todo nos impacta más el caso de Cristo, porque Cristo no fue el curado, sino Cristo fue el que curó. Y Cristo se dio cuenta que de él había salido una fuerza que había curado a alguien. Eso es un nivel de sensibilidad que está más allá de Hyper. Es decir, Cristo es más que hipersensible, pero no hipersensible del modo negativo, como la persona que reacciona con rabia, con amargura, con tristeza frente a algo que en realidad no debería afectarle tanto.

Cristo es totalmente sensible en el sentido de que nosotros le importamos mucho, en el sentido de que lo nuestro le interesa mucho, en el sentido de que lo que tenga que ver con nosotros es importantísimo para Cristo. Y Cristo está atento a aquello que pueda marcar una diferencia en nuestras vidas. Esa es la hipersensibilidad de Cristo. Cristo siente, lo importante es que nosotros somos para el Padre. Cristo siente en su corazón que le importamos mucho y le importamos tanto que más allá de lo puramente físico, tiene una sensibilidad que trasciende los sentidos en busca de nuestro bien. Ahora aplica esa hipersensibilidad positiva, tanto la de esa mujer como la de Cristo a tu propio caso. En el caso de la mujer, piensa que toda esa fe y toda esa confianza que ella tenía no cayeron en el vacío. Y piensa que ella fue bendecida y que ella tuvo cómo reconocer esa bendición.

La hipersensibilidad positiva en el caso de la mujer nos está invitando a reconocer las bendiciones y la hipersensibilidad de Cristo. Tiene que ser un testimonio para que nosotros seamos sensibles, sensibles al dolor de los hermanos, sensibles al dolor en la familia, sensibles al dolor en el mundo. San Pablo decía: Yo llevo sobre mí la carga de todas las iglesias. Todo lo que sucede, todo repercute en mí. Y yo pienso también en esa persona que todos amamos y por quien todos oramos, el Papa. Todo lo que acontece en el mundo, todo resuena en el corazón y en la oración del Papa. Esa es la hipersensibilidad positiva basada en la absoluta confianza que tenemos de que nosotros mismos somos muy importantes para Dios y Cristo nos lo ha demostrado.

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