Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Acércate con confianza a Jesús que es manantial de misericordia. Eduquémonos en la prioridad de los bienes para no caer en rigorismo ni laxismo despreciando los mandamientos de Dios.

Homilía o042010a, predicada en 20240130, con 7 min. y 4 seg.

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Transcripción:

Hay tantos detalles de amor en el Evangelio de hoy que yo solamente le pido a Dios que nos dé ojos para contemplar, admirar y seguir el camino que nos muestra a Cristo, porque es un camino de respeto, de misericordia, de ternura con una persona que estaba sufriendo terriblemente.Bueno, la verdad es que hay dos historias de sufrimiento en este evangelio, porque está la historia de la mujer que estaba padeciendo aquella especie de hemorragia continua. Y está también la historia de la familia que experimenta el dolor indescriptible de ver agonizar y morir a la hijita, una niña pequeña. Son dolores muy grandes. Pero en esta oportunidad yo quiero centrarme en la primera de estas historias, es decir, la mujer que tenía toda esa enfermedad.

Yo quiero recordar un dato que es muy importante aquí y es lo que mandaba la ley de Moisés. La ley de Moisés mandaba que cuando una mujer tuviera un flujo de sangre, por ejemplo, por su periodo normal, la mujer tenía que recluirse en su casa. Eso era lo que mandaba la ley de Moisés, que tenía que estar en su casa durante el tiempo de su periodo. Pero pues la ley de Moisés no estudiaba el caso de una persona enferma, como claramente era esta dama una persona enferma, pues, que está siempre en condición de ese sangrado y que entonces si vamos a aplicar la ley de Moisés, como se dice la norma por la norma, pues por lo visto a ella le tocaba quedarse aprisionada en su casa, porque esa sangre pues no paraba Y según nos cuenta el Evangelio, pues ella no solamente tenía el dolor de su enfermedad, no solamente tenía pues la situación vergonzosa de mantenerse así encerrada y situación incómoda también, sino que estaba perdiendo su dinero en el sentido de que pues no lograba, no lograba curarse, estaba gastando dinero en médicos y no lograba curarse. Era una situación auténticamente dramática. Le llega la noticia a esta mujer de que hay un hombre, hay un profeta maravilloso, un profeta que se llama Jesús, un profeta que es poderoso en sus palabras, pero que sobre todo es poderoso en sus milagros. Y entonces ella sale de su casa para buscar a Jesús.

Observemos que, materialmente hablando, ella está desobedeciendo, está desobedeciendo a la ley de Moisés. Por eso ella va con timidez, no solamente por el tipo de malestar que tiene, el tipo de enfermedad que tiene, sino que va con timidez porque sabe que está en desobediencia. Pero, ¿qué puede hacer? Su vida se ha vuelto una especie de tortura permanente con su cuerpo y con su situación. Por eso ella se acerca con timidez. Donde Cristo. Pero Cristo no es simplemente una máquina de milagros. Cristo la lleva a otro nivel, al nivel de un encuentro real, un encuentro de fe. Y con ese encuentro de fe, pues ella se ve obligada a manifestar lo que ha hecho, seguramente llena de vergüenza, repito, no solamente por el tipo de enfermedad que tenía, sino también porque era desobediente a la ley de Moisés Y Cristo derrama su ternura, su misericordia, su comprensión hacia esta persona que está sufriendo. Así, esta persona que realmente ha pasado por tantas cosas.

Y aquí nos damos cuenta de dos enseñanzas muy importantes: la primera y la más importante, que sepamos volvernos a Cristo en toda necesidad que Él nos puede entender mejor de lo que nosotros mismos nos entendemos. Esto es vital volver hacia Cristo. Segundo punto Es muy importante también que nosotros tengamos una prioridad. Hubo alguna ocasión en que David y la gente que le acompañaba estaban en una situación de hambre extrema y llegaron a donde estaban los panes propuestos. Eran panes como ofrecidos a Dios y se suponía que de esos panes solamente podía comer el sacerdote, solo los sacerdotes. Esto fue en tiempos del sacerdote Abiatar. Entonces, estrictamente según la norma como tal. Pues David no podía comer y no debía comer de esos panes.

Pero es que hay un bien mayor, un bien mayor que la norma puramente litúrgica. Y ese bien mayor es la preservación de la vida. Entonces, hay que tener esa sabiduría para descubrir prioridades y descubrir dónde está el bien mayor, porque de otra manera podríamos caer en esto que sin duda fue en lo que cayeron los fariseos. Y es una situación de legalismo, de rigorismo. Pero no se trata simplemente de descartar la ley y de decir que la ley no importa. No, no se trata de eso. Se trata más bien de entender en qué momento hay que aplicar prioridades, en qué momento hay una prioridad mayor que tiene que ver, por ejemplo, con la salvaguarda de la vida. Esta mujer, de hecho, se iba acercando cada vez más a un extremo, no solamente de desesperación psicológica o emocional, sino incluso una situación de muerte. Porque es que el cuerpo humano no está hecho para que le sucedan cosas como lo que le pasaba a ella.

Entonces, las dos enseñanzas aquí son acercarnos con confianza a Cristo, que es manantial de misericordia por una parte, y segundo, educarnos en la prioridad de los bienes para no caer ni en un rigorismo propio de fariseos, pero tampoco en una especie de laxismo que desprecia el valor de la ley de Dios y de los mandamientos de Dios. Que Dios, pues, nos dé, que Dios mismo nos dé esa sabiduría, que aprendamos de la misericordia de Cristo y que aprendamos también qué significa tener las prioridades claras en nuestra vida moral. Amén.

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