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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Para que la vida venza sobre la muerte, la fe tiene que vencer sobre el miedo.

Homilía o042007a, predicada en 20200204, con 7 min. y 53 seg.

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Transcripción:

Para que la vida venza sobre la muerte, la fe tiene que vencer sobre el miedo. Esta es una de las lecciones que nos deja el santo Evangelio de este día tomado del capítulo quinto de San Marcos. Repito, para que la vida venza sobre la muerte, la fe tiene que vencer sobre el miedo.

Realmente uno de los aspectos más bellos de la misión de Cristo en esta tierra fue ayudarnos a vencer el miedo. Y yo quiero invitarte hoy a que hagamos un poquito la anatomía del miedo, porque indudablemente había temor en aquella mujer que se acercó y tímidamente tratando de no llamar la atención de nadie, dijo para sus adentros, si logro tocar aunque sea el borde de su vestido, quedaré sana. Pero tenía temor. Y cuando Jesús finalmente pregunta ¿Quién me ha tocado? Y cuando ella se ve descubierta, también tiembla de miedo. Y Jesús tiene que quitarle ese miedo a ella. O sea que hay miedo en ella y hay miedo en los papás de la otra mujer, aquella niñita que estaba muerta. Y por eso Jesús también le tiene que quitar el miedo a esos papás y les tiene que decir no tengan miedo, no tengan miedo, solamente tengan fe. Por eso es importante que hagamos, yo diría, un pequeño análisis, una pequeña anatomía sobre lo que es el miedo. No soy el primero, por supuesto, en hacer esta clase de estudios. Por ejemplo, uno podría ir a aquella parte de la Suma Teológica de Santo Tomás. Se conoce como la Prima Secundae. Es decir, la primera parte de la segunda parte de la suma. Suena como un trabalenguas, pero no te dejes confundir ni es lo más importante ahora. En esa parte de su obra teológica, la prima Secundae Santo Tomás estudia lo que se llaman las pasiones humanas y una de las pasiones, es decir, una de las cosas que nos afecta emocionalmente con mayor profundidad, es el miedo, el temor. ¿Qué es? ¿Qué es el miedo? ¿De dónde viene el miedo? ¿Cómo podemos superar el miedo? ¿Se puede vivir una vida sin miedo, hay miedos que son buenos y miedos que son malos?. Esta clase de preguntas las podemos abordar a partir del trabajo de estos grandes pensadores como Santo Tomás y sobre todo, acercándonos a la Sagrada Escritura.

En principio aclaremos sobre el miedo mismo. ¿Qué es el miedo? Si nos damos cuenta, el miedo tiene que ver con un conocimiento, es un conocimiento, es la consecuencia de un conocimiento. Cuando sé que algo me puede hacer daño, cuando sé que algo es poderoso, dañino e inevitable. Ojo a las tres características: poderoso, dañino e inevitable. Algo que viene hacia mí, algo que va a afectar mi vida. Entonces surge el miedo. En resumen, son cuatro los ingredientes del miedo. Algo tiene que ser poderoso, tiene que ser dañino, tiene que ser inevitable y tiene que venir hacia mí. Así, por ejemplo, si quitas cualquiera de estas características, ya propiamente no se da miedo. Si es algo que no es en realidad poderoso, pues no me va a dar miedo si estoy caminando, por ejemplo, por un bosque, un hermoso bosque y alguien me dice hey, ten mucho cuidado, mucho cuidado, están cayendo hojas. Pues a ver, una hoja que caiga sobre mí no me va a hacer ningún daño. Que me dijeran están cayendo ramas sería otra cosa, que están cayendo árboles, sería otra cosa. Pero me dicen que están cayendo hojas. La hoja no es poderosa. No tengo miedo. Tiene que ser algo dañino porque sí, es poderoso, pero no es dañino. Entonces no me da miedo.

Por ejemplo, pensemos en un gran medio de transporte, un tren. ¡Wow! El tren pesa muchas toneladas. Es muy poderoso, pero no es dañino. Pues a menos que uno esté en el camino del tren, pero que llegue un gran tren y que yo me suba al tren. Yo estoy agradecido con el tren y estoy tranquilo. Yo no tengo ningún problema porque no es dañino para mí. Si una cosa es poderosa y es dañina, pero se puede evitar, tampoco produce miedo. Qué va a pasar un asteroide a uno punto dos millones de kilómetros de la Tierra, eso es algo así como cuatro veces la distancia entre la Tierra y la Luna. Un asteroide sería muy poderoso y sería muy dañino, pero a esa distancia se puede evitar perfectamente. Y si no me va a afectar a mí, pues, tampoco me produce miedo a mí. Si yo escucho las noticias sobre lo que sucedió en la peste negra en el siglo catorce, eso fue poderoso, fue dañino y fue inevitable para muchísima gente. Pero aunque suene un poco egoísta, eso no nos afecta a nosotros en este momento. Por consiguiente, pues no sentimos miedo. Uno no puede sentir miedo, salvo que tenga un trastorno mental. Uno no puede sentir miedo de la peste negra del siglo catorce. Otra cosa sería esa misma bacteria se está propagando hoy. Ah, ya, eso es otra historia.

Cristo nos dice que no tengamos miedo. ¿Cuál de estos cuatro factores es el que Cristo realmente impacta más o vence de una manera más clara?. Poderoso, dañino, inevitable, que viene hacia mí, son los cuatro ingredientes del miedo en donde obra Cristo, en todos, sí, hay cosas que son muy poderosas, pero no hay poder como el de él. Esto fue lo que utilizaron muchos mártires, muchos mártires efectivamente decían pues sí, va a ser terrible lo que pueden hacerme los perseguidores, pero más grande es mi Señor. Acuérdate lo que leemos en el segundo libro de los Macabeos, capítulo siete, con aquellos jóvenes que puestos en el momento de la tortura, se dan cuenta que hay un Dios que es más grande. Es algo que me puede hacer daño, pero es mayor el bien que me espera.

Los sufrimientos, dice San Pablo, por ejemplo, los sufrimientos de esta vida, no son nada en comparación con la gloria que se va a revelar. Así Dios nos va quitando el miedo. Muchas veces nos evita los daños, muchas veces. Entonces, en ese sentido, ni siquiera son inevitables para nosotros y sobre todo, si esos males quieren hacerse cercanos. ¿Quién está más cerca de mí? De nuevo San Pablo. ¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo? Ni la muerte, ni la vida, ni la enfermedad, ni la espada. Nada puede separarnos del amor de Cristo. Así que ya sabes, ten fe y podrás vencer el miedo.

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