Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

David se comporta de modo poco convencional; no es por excentricidad: es porque el amor y santo temor de Dios tienen el primer lugar en él.

Homilía o042005a, predicada en 20140204, con 11 min. y 13 seg.

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Transcripción:

Les invito, hermanos, a que volvamos nuestra atención a la primera lectura de hoy. Es una escena más en la vida del Rey David. Una historia, una biografía que ha venido acompañándonos estos últimos días. Y podemos decir que hay una constante en el comportamiento de David. Y es que sus opciones, sus valores, sus apegos contrastan fuertemente con lo que la gente esperaría.

Vamos a dar algunos ejemplos. ¿Cómo se vence a un soldado? Uno tiene que ser fuerte, bien entrenado y tener una buena armadura. Pero David no vence a Goliat de esa manera va sin mayor protección. Utiliza un arma no convencional y sin embargo logra la victoria. Es evidente que Saúl siente luego envidia por David. Lo busca para matarlo. Por lo menos en dos ocasiones, David tuvo ocasión de matar a Saúl. La Biblia describe incluso con algún detalle, estas ocasiones. La cosa se vuelve casi ridícula. En uno de esos pasajes, Saúl entra, dice la Biblia, a hacer sus necesidades a una cueva. Y ahí está David. Y David está listo, pero lo único que hace David es cortar una parte del manto de Saúl para luego decirle a Saúl mira, yo he podido matarte, pero yo respeto al ungido del Señor. Y Saúl se arrepiente por un tiempo solo para volver con renovado odio a atacar a David, pero David se mantiene firme en su postura. Yo no voy a atacar al ungido del Señor.

Hace poco salió otro pasaje donde un descendiente de Saúl empieza a maldecir a David, al cual no le salían muy bien varias cosas en ese tiempo. Su reinado no fueron solamente éxitos y este señor de la familia de Saúl le grita maldiciones a David y le tira piedras y tierra, y David lo único que hace es cubrirse el rostro. y cuando uno de sus ayudantes le dice ¿Quieres que acabe con ese perro muerto que te está insultando? David da una respuesta poco convencional. Fíjese que ya van varios ejemplos. David lo que dice es bueno, y si es el Señor el que le está mandando que me maldiga. Dios puede cambiar estas maldiciones en bendiciones. Y siguió su camino. Son muchos los ejemplos. Hoy encontramos uno más.

La envidia hace que el hijo de David, su propio hijo, se llene de impaciencia por lograr el poder. Sabe que tiene que eliminar al papá, que tiene que eliminar a David y empieza a unir fuerzas para luchar contra David. Siempre fiel a David, su general Joab lo protege. Y ahí aparece la escena que hemos escuchado el día de hoy. Nuevamente una escena ridícula. Estas escenas ridículas tienen una función pedagógica, están mostrando cómo Dios con la piedra y la honda, cómo Dios cuando el generalísimo tiene que ir a hacer sus necesidades a una cueva, cómo Dios por medio de un burro y una encina puede dar la victoria. Y esta es una constante en el reinado de David, que si viéramos todos los ejemplos, nos extenderíamos demasiado. Y entonces, pues los del ejército de Joab dicen aquí está colgado entre cielo y tierra. Quedó ahí, listo, listo para la foto. Y le acomodan unos dardos y se acabó Absalón. Y se acabó el problema. Cuando le llevan la noticia a David, David reacciona de manera poco convencional. Una vez más, en vez de alegrarse porque su enemigo se ha acabado, se entristece porque su hijo ha muerto.

Una última escena que no quiero dejar pasar es cuando el traslado del arca. En esa ocasión David se pone a danzar al estilo carismático, se pone a aplaudir, levantar manos, danzar y se ve tan ridículo el tal David que se le ve hasta la ropa interior y parece que más allá. Y entonces viene la crítica. Cómo se le ocurre al Rey volverse tan carismático. Nuevamente es poco convencional. Bueno, ¿qué hay detrás de esta constante? ¿qué hay detrás de esto? ¿Es simplemente un personaje exótico? ¿Se trata solamente de una personalidad excéntrica? ¿Es eso lo que nos quiere decir la Biblia? Pues resulta que si repasamos los ejemplos, lo que nos encontramos es que David maneja una escala de valores distinta. Por ejemplo, así esté como esté Saúl, que puede estar mal del estómago, esté como esté Saúl. Saúl es el ungido de Dios y yo respeto la unción del Señor. Punto. Ahí termina la discusión.

Es decir, que lo que hay en David en ese momento no es simplemente un juego político. Lo que hay no es una opción pragmática ni ventajosa. Lo que hay es un hombre de fe que reconoce en donde está el plan de Dios y donde Él ve el plan de Dios. Todo lo demás pasa a ser relativo. Si es el Señor el que está de camino a la fortaleza de Sión, que era el lugar más querido. Por eso lo llamaban la ciudad de David. Sí, es mi señor el que va para allá. Me importa nada lo que piense la gente. El gozo que hay en mi alma tiene que expresarse. Lo mismo aquí. En el caso de Absalón, resulta que Dios le había dicho que iba a consolidar el reino y le había dicho que iba a ser una dinastía. O sea que Absalón no solamente es hijo y como tal muy querido, sino que hay una promesa de Dios que seguramente podía ir por el lado de Absalón. Y ese respeto que tiene David a la promesa de Dios y ese respeto que él tiene a las cosas del Señor es lo que hace que los demás no lo entiendan. Pero uno se da cuenta que los demás son los que están equivocados, porque David no pierde la ruta, no pierde su brújula, incluso cuando comete el peor de sus pecados y también el peor de sus errores. Matando a Urías simplemente porque le gustaba la esposa Betsabé. También en ese momento, apenas el profeta Natán le hace caer en cuenta de su pecado y le hace ver aquí está el Señor viendo lo que tú has hecho. La respuesta de David es instantánea, he pecado contra el Señor.

Allí donde Él reconoce el paso de Dios, allí donde Él reconoce que está el Señor, Él se pliega. No le interesa su yo, no le interesa su ventaja, no le interesa su imagen, no le interesa lo que otros piensen. Su religión en ese sentido es purísima, porque es la religión de uno que sabe poner en primer lugar a Dios. Muchas cosas pueden mejorarse en la vida de David, pero esa primacía de Dios, que es lo propio del don del temor de Dios dentro de los dones que da el Espíritu Santo. Eso es lo que tenemos que admirar hoy aquí.

Entonces, la enseñanza no es que nosotros nos volvamos excéntricos, no por el hecho de que yo tenga un comportamiento raro, un comportamiento excéntrico, quiere decir que soy verdadero discípulo de David. Lo que hay que imitarle a David no es el comportamiento raro, sino el amor apasionado al Señor. Y ese santo temor donde está Dios. Mis planes se frenan, mis intereses retroceden, mi voluntad se queda quieta. Lo que a mí me conviene no importa si ahí está el Señor. Eso tiene la primacía, por supuesto, en el momento en el que David vivió. Mucha gente no lo entendió, no le entendió esa opción. Pero con el paso del tiempo fíjate que David se llegó a convertir en el prototipo de lo que significa seguir el querer de Dios. Y el reinado de David será recordado como aquel tiempo en el que despuntó, no el reinado de un hombre, sino el reinado de Dios. Esto explica el saludo mesiánico que le dan a Cristo muchas veces en el Evangelio nada más recordar aquí la entrada en Jerusalén Hosanna al Hijo de David. También los ciegos aquellos en Jericó. Hijo de David, ten compasión de nosotros. Ten compasión de mí. Esas expresiones qué indican, que en la conciencia colectiva de Israel había la certeza de que el reinado de David y el tiempo de David había sido completamente único. ¿Por qué? Indudablemente, por esta manera de amar con pasión, con ardor, con un corazón como de niño, y por ese santo temor que sabe que todo lo mío sepa frenarse, tenga que frenarse delante de la majestad y del plan de Dios.

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