Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Contexto de la extraña guerra entre David y su primogénito, Absalón.

Homilía o042003a, predicada en 20120131, con 12 min. y 21 seg.

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Transcripción:

Hermanos, permítanme hacer una reflexión sobre la primera lectura de hoy tomada del Antiguo Testamento, en el Segundo Libro de Samuel. Hago esta meditación con un propósito, facilitar aunque sea un poco, que la Biblia se vuelva nuestra casa. Yo creo que cuanto más familiares nos sintamos de estos personajes bíblicos, más sentiremos también que la Palabra de Dios es como nuestra propia casa y esto nos hace inmenso. Bien, porque entonces Jesús deja de ser un personaje imaginado, deja de ser la acumulación de nuestros deseos y se convierte en alguien real, el fruto de la historia de un pueblo verdadero y concreto. ¿Quiénes son los personajes de esta escena del Segundo Libro de Samuel? Tenemos al rey David, su hijo mayor llamado Absalón, el general de su ejército llamado Joab. Esos son los tres personajes principales, pero hay otros que no se mencionan en este pasaje y que también tienen que ver.

Sucede que David tuvo relación con muchas mujeres y tuvo varios hijos, pero de esas mujeres solo hubo una a la que él realmente amó y no simplemente deseó, a pesar del modo como empezaron las cosas. Estoy hablando de una mujer llamada Betsabé. A esa mujer la amó verdaderamente, el hijo que él engendró en ella cuando cometieron el adulterio, ese niño murió, pero después de esa misma mujer tuvo otro hijo que fue Salomón. Y Salomón fue para David el hijo del amor y no solamente el hijo del deseo. Y David se dio cuenta que en ese Salomón estaba también un significado de paz y de reconciliación. Porque cuando murió el primer niño de Betsabé, David experimentó la amargura del castigo por su pecado, o así lo interpretó él, pero que después de la misma mujer pudiera recibir otro niño. Y ese niño fue Salomón.

Fue como sentir la caricia de paz que Dios le daba y por eso el nombre Salomón está relacionado con Shalom, que como sabemos significa paz. Y por eso David amaba a Salomón, porque veía que Salomón era el hijo de la reconciliación, era el hijo del perdón, era el hijo que llevaba la señal del amor perdonador de Dios. Y por eso, en un cierto momento, cuando David se fue volviendo mayor, mostró con claridad que quería que fuera Salomón el que heredara el trono. Por supuesto, esta noticia gustó a unos y no gustó a otros, y en particular fue de gran disgusto para Absalón, que siendo el hijo mayor, tenía ya bastante codicia del trono. Entonces Absalón fue creciendo en una serie de sentimientos oscuros, envidia de su hermano menor Salomón, codicia del trono y odio hacia su padre.

Finalmente, Absalón decidió luchar por el trono y para eso montó una especie de guerra o una especie de guerrilla, recogiendo el descontento de los que iban contra David. ¿De dónde sacó descontentos Absalón? Lo sacó de aquellas personas que algo añoraban del reinado de Saúl o que consideraban que David había subido al trono de una manera ilegítima. El primer rey que tuvo el pueblo de Dios se llamaba Saúl. Pero no hay relación de parentesco, ni siquiera de tribu, entre Saúl y David. Entonces había quien miraba ese cambio de familia, ese cambio de dinastía, como una trampa. Eso apareció en una de las lecturas de esta semana. Un cierto personaje llamado Semeí que se pone a maldecir a David y lo llama usurpador. Eso demuestra que sí había gente descontenta en tiempos de David.

Y entonces Absalón intenta capitalizar todos los odios, todos los resentimientos para lograr una fuerza, un bloque de fuerza que pelee contra David. Y la historia de esa lucha es una historia sumamente amarga, porque es la rebelión de un hijo contra su padre. Y la historia de esa rebelión es la que ha llegado a su final, en el texto que hemos oído hoy, tomado de los Capítulos Quince y Dieciséis del Segundo libro de Samuel. Siendo así las cosas, hay quien ve una solución muy práctica y el hombre práctico, dentro de esta historia es Joab. Es muy interesante hacer el contraste entre Joab y David. Por supuesto que David siente dolor y no puede estar de acuerdo con las pretensiones codiciosas de Absalón. Pero una cosa es rechazar sabiendo que ese es su hijo y otra cosa es rechazar viendo simplemente a un enemigo. Joab tenía esta segunda mirada, solo tenía la capacidad de ver en Absalón a un enemigo, a un estorbo.

Hay dos tradiciones sobre la muerte de Absalón, ustedes las pueden encontrar en este Segundo libro de Samuel y también en los libros de las Crónicas. No se sabe al final si su muerte fue un accidente o si él ya estaba muerto cuando llegó Joab, o si en realidad su muerte fue obra de este general que por otra parte, era tan importante para David. Lo cierto del caso es que Absalón queda colgando entre el cielo y la tierra. Ahí hay un lenguaje bíblico, mis hermanos. Sucede que en el Pentateuco, en la Torá, en la ley de Dios, se dice claramente: Maldito todo aquel que cuelga de un madero. Esta es una de las razones por las que los judíos sentían una repugnancia infinita hacia el castigo que los romanos infligían en aquel tiempo de Jesús. Eso de crucificar gente no era para ellos únicamente un problema de toda la tortura, toda la sangre, toda la crueldad, sino que ellos tenían presente ese mandamiento, esa frase de la Torá, de la ley de Dios. Maldito todo el que cuelga de un madero.

Y por eso también dice San Pablo en otro lugar que Cristo aceptó convertirse en pecado. Ojo, no en pecador, no en pecador. Convertirse en pecado, es decir, como acumular sobre sí mismo toda maldición, acumular sobre sí mismo todo lo que puede destruir, todo lo que puede romper, todo lo que puede corromper al ser humano. Entonces, el sentido de la muerte de Absalón realmente es profético. Es muy difícil saber si históricamente existía esa encina, si se enredó con la barba o se enredó con la garganta, o cómo se enredó. Más bien debemos ver en esto un hecho en el cual se ve cómo el que rechaza a su padre, el que odia a su padre, finalmente se vuelve impermeable al mandato de Dios. Y ese es el final que tiene Absalón, el pragmático, o sea, Joab dice: Bueno, muerto el perro, se acabó la rabia. Ahora ya se acabó este problema. Ya se murió Absalón, ya quedamos tranquilos, esa es la voz del pragmático.

Pero David no es un pragmático. David es un hombre con corazón de padre, es un hombre con corazón de poeta, es un hombre con corazón de místico. Ciertamente es un pecador, pero es un pecador arrepentido. Un pecador que ha experimentado la misericordia de Dios y que quisiera que un lenguaje distinto reinará en la casa de Judá, en la casa de Israel, en todo el pueblo de Dios. Y entonces viene la reacción desconcertante, desconcertante para Joab, la reacción que tiene David, mientras que todos esperaban que el rey dijera, Bueno, ya se murió mi hijo, ya quedamos tranquilos. Para David es ante todo una pérdida lamentable, porque ese que murió así como murió, sigue siendo de todos modos el hijo.

Saquemos unas dos aplicaciones o tres de esta historia que yo espero que ustedes encuentran tan apasionante como yo. Yo le digo a muchos amigos cuando tengo ocasión de decirlo. Mire, si aprendemos a degustar la Palabra de Dios, necesitamos menos telenovelas, necesitamos menos reality, necesitamos menos historias tan truculentas y muchas veces tan estériles. La Biblia está repleta de estas historias donde el corazón humano desfila en toda su realidad, donde el alma humana se desnuda con la gran ventaja de que uno lee estas cosas en la Biblia y no solamente encuentra un cierto, digamos, un cierto gusto por la calidad de la narración, sino que sobre todo recibe alimento espiritual. Así que, que esa sea la primera lección.

Usted tiene una Biblia en su casa o la tiene en su habitación, ábrala, lea estas historias. Mire, llevamos todo el tiempo ordinario en secuencia sobre la historia de la monarquía. ¡Qué importante y qué necesario esto! En vez de estar viendo, leyendo y oyendo tantas tonterías que simplemente pueblan el corazón de telarañas ¡Qué bueno leer estas cosas!

Segunda enseñanza, vemos en Absalón aquel que ha perseguido a aquel que ha encontrado maldición y la ha encontrado porque se ha separado de su padre. Es decir, Absalón es el triste caso de aquel que ha desobedecido hasta el fondo el cuarto mandamiento de la ley de Dios. Aquello de honrar a padre y madre no puede esperar otra cosa. Aquel que se desprende así del papá o de la mamá. Así que esta lectura también sirve para recordar, por contraste, ese mandamiento, no para que nosotros justifiquemos lo injustificable, sino para que siempre busquemos qué es digno de honra en nuestros padres, en nuestros antecesores, en nuestros maestros. Y finalmente, pues ya dijimos que Cristo aceptó el mismo castigo de Absalón, ese quedar suspendido entre el cielo y la tierra.

Usted se preguntará ¿Por qué esa maldición tan terrible para el que esté colgado? La respuesta es sencilla, en la mentalidad semita el único que crea la firmeza es Dios. Por eso, en el Capítulo Primero del Génesis tú tienes que Dios separa las aguas, y es Dios el que establece la tierra firme. Estar colgando sea de un madero, de lo que sea, representa para los semitas estar por fuera de la firmeza que solo Dios puede crear. Pues hasta allá llegó el Hijo de Dios, hasta allá llegó Jesucristo. Hasta ese extremo llegó Jesucristo hasta quedarse sin nada, hasta parecer excluido de la creación. Miremos entonces en Cristo aquel que redime en cierto modo la culpa de Absalón, y miremos en Jesucristo, aquel que llegó a ese extremo por amarnos tanto.

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