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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
David sabe encontrar razones más altas que la utilidad, la costumbre o el propio interés.
Homilía o042002a, predicada en 20120131, con 4 min. y 58 seg. 
Transcripción:
Uno de los aspectos más fascinantes del rey David es que se trata de una persona poco convencional, o podríamos decir también poco predecible. Hablemos un poco de los nombres que aparecen en estos textos de estos días. Hay un hijo de David que se llama Absalón. Absalón era el primogénito según las costumbres, según la convención de la época, se podía pensar que Absalón debía ser el heredero. Esa era como la ley no escrita, a la que se supone que había que seguir. Pero David no opta por ese camino, David quiere que el sucesor del trono sea uno distinto al primogénito. En ese sentido, David está rompiendo con la costumbre. David quiere que el sucesor sea Salomón, el hijo de Betsabé. Betsabé es aquella mujer de la que David se enamoró, ciertamente, las cosas con ella empezaron de un modo muy oscuro porque empezaron con adulterio y ella era una mujer casada. Pero lo cierto es que esa es la mujer que él no solamente deseó, sino que realmente amó, y el hijo de ese amor fue Salomón. No el hijo del adulterio cometido, el hijo del adulterio murió, pero después tuvo con esa mujer otro hijo llamado Salomón, y en su nombre, en su nombre mismo, Salomón habla de paz y habla del perdón que David sentía que Dios le había dado. De modo que Salomón era realmente el predilecto de David ya podemos imaginarnos las tensiones y las envidias que esto despierta, especialmente en el primogénito, que como dijimos, se llamaba Absalón. De hecho, Absalón se volvió enemigo de su papá, enemigo a muerte. ¡Qué vida triste la de David en ese sentido! Porque el que estaba antes en el trono, es decir, el rey Saúl, buscó durante mucho tiempo a David para matarlo y Saúl acabó mal. Junto con Saúl murió el gran amigo de David, que se llamaba Jonathán, que era hijo de Saúl. Eso acabó mal. Y ahora David encuentra de nuevo persecución en su propio hijo, en este Absalón. Otro nombre que es importante es Joab. Joab es el jefe del ejército de David y es un hombre importante porque en las condiciones en las que se encontraba el pueblo, la presencia y la lealtad del ejército eran simplemente fundamentales. Así pues, Absalón está en guerra con su padre David, de un modo, llamémoslo así, convencional, por seguir con esa palabra. Lo que la gente espera es si alguien es enemigo tuyo, puedes eliminar al enemigo y quedarse uno tranquilo y contento porque desapareció el peligro. Pero una vez más, David tiene una sorpresa para nosotros. Así como cuando estaba esa tensión con el antiguo rey con Saúl, David se resistió a levantar su mano contra Saúl porque había una razón más fuerte, Saúl es el ungido de Dios. Así también aquí David es incapaz de mirar a Absalón simplemente como su enemigo. Podemos decir que para David prima el hecho de que Absalón es el hijo, no es el hijo elegido para el trono. De hecho, es un hijo envidioso, es un hijo, es un hijo ingrato, es un hijo que está tratando de matar a su propio padre, pero sigue siendo el hijo. Y esto es lo admirable de David, que sabe siempre encontrar razones más altas. Sus razones no son simplemente razones de seguridad, razones de conveniencia, razones de estrategia. David es un hombre que sabe darle sus razones al corazón, sus razones al amor. Y por eso encontramos en este pasaje de hoy Segundo Libro de Samuel, Capítulo Dieciocho y Diecinueve, que la muerte de Absalón no es buena noticia para David. Pidamos al Señor que también nosotros seamos gente con esos altos criterios, con esa capacidad de mirar por encima de la convención, de la costumbre, de la ventaja de la estrategia, que ese amor habite en nosotros.

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