Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La Palabra de Dios no es escuchada porque se considera que la Iglesia no es digna de ser escuchada, porque vivimos en la sociedad del ruido y porque permanecemos demasiado ocupados.

Homilía o033006a, predicada en 20200129, con 7 min. y 16 seg.

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Transcripción:

¿Será que es posible decir algo sobre la parábola del sembrador que no se haya dicho antes? Es un verdadero desafío para nosotros, predicadores, sacerdotes, cuando volvemos a encontrarnos con estos textos, textos que los hemos oído muchas veces, textos de los que hemos hablado muchas veces. ¿Será que se puede decir algo realmente nuevo? No debemos obsesionarnos por ser demasiado originales al predicar, como si la originalidad fuera un valor supremo. El valor supremo cuando se trata de la predicación es el bien de las personas a las que servimos con este ministerio.

Y ese valor está motivado finalmente por el amor, el amor de Cristo, el amor de la Iglesia y nuestro propio amor. O sea que no se trata de ser originales simplemente por ser originales. Pero, sabes, ahora que vuelve la parábola del sembrador en la liturgia, yo caigo en cuenta de una razón muy bella y muy profunda, por la que es cierto que la Palabra de Dios nunca envejece. Sabes ¿cuál es ese motivo? Y lo vamos a ver con esta parábola del sembrador. Todos sabemos lo que sucedió.

Una parte de la semilla cayó al borde del camino, se la llevaron los pájaros. Otra parte cayó en tierra muy delgada, tierra de superficie, y entonces brotó pronto, pero se secó, y otra parte cayó entre zarzas. Sabes ¿por qué esta parábola nos puede seguir diciendo cosas nuevas? Porque eso que hicieron aquellos pájaros, o eso que hizo aquella tierra leve, o eso que hicieron aquellas zarzas, va adquiriendo un nuevo sentido al contacto con las nuevas realidades de la sociedad y de la Iglesia.

Es decir, lo que podíamos interpretar como aquellos pájaros que se roban la semilla de la palabra, en el siglo I o en el siglo VI, o en el siglo XIII o en el siglo XVIII, hoy lo podemos entender de otra manera. Es decir, hoy son otros los ladrones, hoy son otros los pájaros que se roban la Palabra de Dios, hoy son otras las zarzas, hoy son otros esos terrenos débiles, leves, en los que crece la Palabra prontamente, pero no da fruto.

Hagamos un intento, tratemos de descubrir cuáles pueden ser esos terrenos hoy, tratemos de descubrirlo. Tratemos de descubrir, por ejemplo, qué hace que la gente no descubra la riqueza de la Palabra, no se enamore de la Palabra o simplemente no le convenza la Palabra de Dios, ¿qué puede estar sucediendo? Es decir, cuáles serían esos pájaros, esos pájaros que se robaron la semilla, ¿cuáles serían esos pájaros hoy? Hagámonos esa pregunta. Y ¿cuál sería ese terreno débil y leve hoy? Y ¿cuál sería esa zarza o cuáles serían esas zarzas que ahogan la semilla y no la dejan crecer?

Y yo voy a ofrecer tres respuestas, una para cada terreno, no con el ánimo de decir que esas son las únicas respuestas y quizás no son ni las más brillantes ni las mejores, pero creo que son respuestas que valen. ¿Cuáles son ellas? Mira, en primer lugar, ¿qué está haciendo que muchas personas no reciban nunca la Palabra de Dios? Entre tantas causas, yo quiero mencionar una. Sabes ¿por qué mucha gente no oye la palabra? Porque considera que la institución que porta esa palabra, es decir, la Iglesia, no es digna de ser escuchada, no vale la pena.

En parte, por los pecados que hemos cometido personas de la Iglesia, unos más graves, otros menos graves, en parte, llamémoslo así, por culpa de la misma Iglesia. Pero en parte, y yo quiero subrayar esto porque me parece que tiene mucho más peso, en parte sabes ¿por qué? Por tanta calumnia, por tanta acusación, por tanta difamación, por tanto presentar continuamente lo malo y solo lo malo y únicamente lo malo. Yo lo viví en el tiempo en el que me enviaron para hacer mis estudios a Irlanda. Yo lo viví allá en Irlanda, era una cosa impresionante.

Cuando se iba a hablar de religiosas, únicamente se recordaban las Magdalen Sisters, las hermanas de María Magdalena, una comunidad de allá. Y los abusos de esas hermanas y cómo maltrataban a las niñas y todo lo que le hacían a las pobres niñas. Y la película sobre las Magdalen Sisters, mientras yo estuve allá, la proyectaron por lo menos tres, sino cuatro veces en la televisión pública. Y ¿eso fue lo único que hicieron las religiosas en Irlanda, eso representa a todas las religiosas irlandesas?

Es que acaso nos vamos a olvidar de tantísimas mujeres que entregaron su juventud, su fuerza, su talento, su amor para el bien de campesinos y de pobres, y de enfermos y de ancianos. Entonces, claro, cuando únicamente nos presentan las cosas malas, llega un momento en el que la gente simplemente no quiere oír nada que tenga que ver con religión. Eso se parece mucho a los pájaros de la parábola del sembrador. Y luego te voy a dar otro caso. ¿Qué tal está lo que sucede con ese terreno débil, ese terreno de poca profundidad? ¿A qué corresponde esa especie de superficialidad en nuestra época?

No será que tiene que ver, por ejemplo, con que vivimos en la sociedad del ruido y de la distracción. No has visto tú que muchos jóvenes, que muchos adolescentes son capaces de pasarse una, dos, tres horas simplemente mirando y mirando fotos, historias o chistes en sus redes sociales. ¿No será que esa perpetua distracción nos hace perpetuamente superficiales? Y en cuanto a las zarzas, ¿no será que estamos siempre demasiado ocupados, demasiado ocupados en demasiadas cosas?

Hemos perdido la capacidad de la soledad, la capacidad del silencio y agobiados por tantas ocupaciones y por tantos resultados que se supone que tenemos que dar, no tenemos tiempo para lo verdaderamente importante. Es una manera de leer esta parábola del sembrador. Es una realidad que, yo creo que, vale la pena tener en cuenta. Y es una muestra también de cómo la Palabra de Dios nunca envejece porque tiene algo que decir en cada momento de la sociedad y de la historia.

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