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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

¿Por qué es tan importante David en el conjunto del Antiguo Testamento? ¿Por qué la gente relacionaba a Jesús con este rey David?

Homilía o033003a, predicada en 20140129, con 5 min. y 30 seg.

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Transcripción:

La escena que nos presenta la primera lectura de hoy, tomada del segundo libro de Samuel en el capítulo 7, es realmente fundamental para descubrir quién es, en realidad, el rey David en el conjunto del Antiguo Testamento. Y luego, por qué la gente en tiempos de Jesús relacionaba a Jesús con David. Tú recuerdas que en el domingo que llamamos Domingo de Ramos se lee el Evangelio en el que escuchamos cómo la gente aclamaba a Jesús de Nazaret y le llamaban: ¡Hosanna al Hijo de David! Esta es una expresión, una expresión que se queda un poco extraña, tal vez en nuestros oídos. ¿Por qué lo llaman hijo de David, qué tiene que ver David con Jesús?

No es la única vez que esa invocación o ese saludo es dirigido al profeta de Nazaret, encontramos que también un ciego o unos ciegos en la ciudad de Jericó saludan a Cristo. Con estas mismas palabras le dicen: Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí. No solo esto, en el Evangelio según San Mateo, el capítulo primero está dedicado en buena parte a la genealogía de Jesús, es decir, la historia de la familia de Jesús. Y el evangelista Mateo destaca el papel de Abrahán, eso suena muy lógico. Y luego destaca el papel de David, luego recuerda el destierro a Babilonia.

De manera que en los escritos de San Mateo, la genealogía de Jesús tiene estos grandes puntos de referencia: Abrahán, David, el destierro a Babilonia y luego sí, Cristo. Y el mismo evangelista Mateo hace este comentario, según la manera como él presenta estos nombres: Hay catorce generaciones entre Abraham y David, catorce generaciones entre David y el destierro a Babilonia, que es algo así como el punto más bajo del Antiguo Testamento. Y luego otras catorce generaciones entre el destierro a Babilonia y la llegada del Mesías. Todo esto nos está indicando que David no es cualquiera. ¿Por qué, cuál es la importancia de este hombre?

Pues hay dos razones y una de ellas, completamente única, es la que ha aparecido en el texto de hoy. Repito, del segundo libro de Samuel, capítulo séptimo. Las dos razones son estas, en el reinado de David, el pueblo de Dios pudo experimentar lo que significa la bendición de Dios con toda su potencia, o lo que ellos consideraban que era la cumbre, el vértice de esa bendición. Porque efectivamente, lo que ellos experimentaron es abundancia de protección de Dios y abundancia de los bienes de Dios. Esto está bien sintetizado en aquello que dice el Salmo 147, Él, refiriéndose a Dios, Dios pone paz en tus fronteras y te sacia con flor de harina.

Es decir, que en el reinado de David la gente pudo experimentar lo que es poner a raya a los enemigos y lo que es recibir la bendición de Dios. En ese sentido, el reinado de David es algo así como una degustación de lo que es el reinado de Dios. Ahí hay una conexión con Cristo, porque lo que Cristo viene a anunciar desde el primer momento de su predicación es: El Reino de Dios está cerca. La segunda conexión aún más fuerte es la que la que aparece en el texto de hoy. Es que Dios le había prometido a David, según escuchamos hoy, que su descendencia iba a permanecer en el trono, que ese reino no se iba a acabar nunca.

Pero resulta que, precisamente, el destierro a Babilonia viene a traer un tremendo interrogante, porque parece que se rompió esa promesa. Parece que no hay nadie que sea descendiente de David y que permanezca en el trono y que reine. Pero esto va a ser corregido y va a ser elevado a su máxima potencia en la persona de Jesucristo, porque lo que encontramos en Cristo es un descendiente de David que efectivamente reina y reinará por los siglos sin término. Es decir, que la plenitud de la promesa que el profeta Natán le hizo a David, eso de que una descendencia de David reinaría para siempre se cumplió de modo inesperado, pero perfectísimo y pleno en la persona adorable de nuestro Señor Jesucristo.

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