Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Poner las prioridades en orden es dar el primer lugar al amor de Dios y a la vida nueva en el Espíritu. El Evangelio nos recuerda que este Amor, del cual hemos renacido, está por encima de cualquier otro.

Homilía o032005a, predicada en 20260127, con 8 min. y 13 seg.

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Transcripción:

Si fuéramos a darle un título, mis hermanos, al evangelio del día de hoy, yo lo llamaría el Evangelio de las prioridades. Fíjate que el mundo está, como está, en buena parte porque tenemos nuestras prioridades demasiado revueltas. Por ejemplo, cuando una persona le da muchísima importancia a la salud física y descuida completamente la salud y la salvación de su alma, las prioridades están al revés. Cuando una persona se concentra en ganar dinero y destruye amistades y destruye el derecho de los pobres y destruye incluso su propia vida hasta terminar en la cárcel, por ejemplo, las prioridades están al revés.

Necesitamos ponerle orden a nuestras prioridades y creo que el Evangelio de hoy nos ayuda en esa tarea. Concretamente, hay dos prioridades que Cristo las pone en orden en el breve texto del Evangelio de hoy. Le dicen a Cristo tu madre y tus hermanos. Ya sabemos que esa palabra se refiere a parientes cercanos del Señor. Tu madre y tus hermanos están ahí y te están buscando. Y entonces Cristo responde: ¿Quién es mi madre? ¿Quiénes son mis hermanos? El que cumple la voluntad de mi padre, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre. Esas palabras de Cristo no son desprecio o desdén hacia la Santísima Virgen María. Esas palabras son una enseñanza que nos ayuda a recordar en dónde está el número uno y en dónde está el número dos.

En términos bíblicos, es la diferencia entre los vínculos propios de la carne y la sangre, es decir, el parentesco básicamente, y los vínculos que brotan de la gracia y del Espíritu. Piensa que, por ejemplo, nosotros podemos hablar de hermanos y uno tiene hermanos, es el caso mío. Felizmente uno tiene hermanos según la carne y la sangre. Mis papás, por ejemplo, tuvieron cuatro hijos, de los cuales yo soy el tercero. Entonces yo tengo hermanos según la carne y la sangre. Pero resulta que cada uno de nosotros ha renacido. Nosotros, los cristianos, no solamente hemos nacido en un parto, sino que también hemos renacido. Y si nosotros hemos renacido, pues hay que ver cuál es ese nuevo nacimiento.

Pues Cristo lo describe como nacer del agua y del Espíritu. Es el nacimiento, es la nueva creación que realiza la obra de la gracia en nosotros. Cristo, con el poder de su gracia, con la unción de su Espíritu, nos hace renacer. Entonces, ¿Cuál fue el amor que me llevó a nacer? Y luego ¿Cuál es el amor que me lleva a renacer? Eso me ayudará a comparar lo que es el afecto según la carne y la sangre y lo que es el afecto o el amor según la gracia y el espíritu.

¿Cuál es el amor que ha llevado al nacimiento? Pues ese amor proviene de la atracción por demás natural entre el hombre y la mujer. Esa atracción, pues, lleva a la unión entre ellos y de esa unión viene la fecundidad y posteriormente pues ahí tenemos a un nuevo ser humano. Ese afecto, es el afecto propio del deseo, es el afecto propio del cuerpo, es el afecto propio de este mundo. Es un afecto que pertenece al plan de Dios, indudablemente, y que tiene esas características. Bueno y ¿Cuál es el afecto? ¿Cuál es el amor que nos ha hecho renacer? Pues es el amor de Dios, es el amor de su Espíritu. Por eso se dice que hemos renacido del agua y del Espíritu.

Y si yo comparo la manera cómo puede amar un hombre a una mujer o una mujer a un hombre. Si eso lo comparo como la manera como ama Dios con la gracia de su Espíritu. Yo creo que estamos de acuerdo en que no hay comparación posible. El amor y el deseo del hombre hacia la mujer, de la mujer hacia el hombre produce el nacimiento según la carne y la sangre. El amor de Dios, ese amor que es el Espíritu Santo mismo, ese amor increado, potente, ese amor que hace nuevas todas las cosas. Es el que nos ha hecho renacer.

Entonces pongamos las prioridades en orden y poner las prioridades en orden significa que el amor de Dios y la vida nueva en el Espíritu van primero. Y esto tiene que notarse, tiene que notarse en el momento en el que nosotros le damos la gloria a Dios. Incluso cuando hay oposición de las personas que en este mundo son importantes para nosotros. Si yo le doy más importancia, por ejemplo, a mi familia de sangre que a lo que Dios quiere, entonces tengo las prioridades desordenadas. ¿Y cómo puede suceder esto?

Te doy un ejemplo sencillo, un ejemplo de confesionario. Alguna persona viene a confesarse y dice Padre, me acuso porque el domingo pasado no fui a la misa. Uno siempre tiene que preguntar con todo respeto y discreción, pero tiene que preguntar ¿Qué le sucedió? ¿Por qué uno lo pregunta? Porque hay ocasiones en que faltar a misa, pues no es pecado, porque era absolutamente imposible para la persona. Por ejemplo, si estaba postrada con fiebre en una cama, pues no podía ir a la misa en ese momento. Entonces uno pregunta y ¿Por qué no fuiste? Porque estábamos en una reunión familiar y se fue pasando el tiempo y llegó la hora de la misa. Yo vi que ya era la hora, pero, pero yo no quería interrumpir la reunión. ¿Cómo están tus prioridades?

Otro ejemplo también de confesionario. Una muchacha se confiesa, Padre, he sido católica toda la vida, he hecho retiros que me han transformado, pertenezco a una comunidad de oración. Pero, Padre, tengo que confesarme porque estoy teniendo relaciones con mi novio. Y yo sé que eso está mal y mi conciencia me lo grita, y por eso me confieso. Bueno, y ¿Cuál es tu propósito? La persona se queda en silencio. Es que, es que Padre, entiéndame, es que yo no quiero perderlo, y yo creo que si nosotros dejamos esas relaciones, yo creo que él me va a dejar. Pero a ver, ¿Te estás confesando? Sí, me estoy confesando. ¿Y el propósito de enmienda? Pues yo no quisiera, pero. Pero es que no lo quiero perder a él. ¿Qué está sucediendo ahí? ¿Dónde están las prioridades? Ese es el punto.

Entonces por eso yo llamo a este Evangelio el evangelio de las prioridades. Porque este pasaje nos ayuda a encontrar de qué amor hemos renacido. Para que entendamos que ese amor está por encima de cualquier otro amor. Yo ya te di dos ejemplos. Ahora busca ejemplos de tu propia vida y que Dios te bendiga.

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