Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La conquista de Sión, y la alabanza y el banquete que siguieron a esta conquista, son símbolos preciosos de lo que es el cielo.

Homilía o032002a, predicada en 20120124, con 4 min. y 35 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Los antiguos habitantes de lo que nosotros llamamos la Tierra Santa, recibían el nombre genérico de Filisteos y aquella tierra se llamaba Philistine, de dónde viene lejanamente Palestina. Los filisteos no eran un solo pueblo, sino una serie de pequeños pueblos, entre ellos unos sumamente aguerridos y bastante soberbios eran los Jebuseos. Hacia el sur de esa Tierra Santa tenían su capital, era una ciudad, o mejor digo, una ciudadela, una fortaleza. Y en esa ciudad se cifraba su orgullo el rey David conquistó ese sitio y ahí puso su propio alcázar.

Fue una de las victorias más grandes, porque lo mismo que había sucedido en el plano personal entre David y Goliat, ahora se repetía, pero ya a la escala de pueblos enteros. La ciudad arrogante de los Jebuseos cae en manos de los ejércitos de Dios y entonces se convierte en la señal de la victoria divina. Ese lugar, ese lugar tan emblemático, tan significativo, quedaba sobre una pequeña colina, la colina de Sión. Y por eso ese sitio, el alcázar, la fortaleza de Sión, la que David pudo conquistar con el auxilio de Dios, se convierte en la señal de la victoria. Se convierte, como en un recordatorio permanente de que Dios está con su pueblo.

Dios rescata a su pueblo y Dios toma posesión de lo que es suyo. El nombre Sión aparecerá luego muchas veces en la Escritura, porque viene a ser algo así como el corazón de la Ciudad Santa. Viene a ser como el recordatorio permanente de que Dios reclama lo suyo y lo defiende y lo embellece. El texto de hoy, tomado del Capítulo Sexto del segundo libro de Samuel, nos cuenta cómo el rey David lleva el arca de Dios hasta este alcázar de Sión, y el júbilo incontenible de David realmente contagia a todo el pueblo. Es el pueblo entero el que se siente en fiesta, y las danzas, las alabanzas, los cantos, el júbilo se derrama por toda la ciudad Santa. Porque Dios ha dado el triunfo y porque el triunfo de Dios es el triunfo de todos. Y por eso hay banquete y por eso hay gozo.

Es un momento tan hermoso, es un momento tan alegre que tenía que quedar grabado en la memoria del pueblo. Era la alegría de David, era la alegría de Dios, era la alegría del pueblo. Todo a la vez, todo en fiesta, todo en banquete, es el júbilo compartido. Esa clase de experiencias es la que va a hacer que el pueblo mire a David como el punto máximo, como la cima de lo que significa Dios reina en medio de nosotros. Y por eso el reinado de David, y esta imagen del júbilo, el canto, el banquete, va a servir para expresar lo que es el cielo mismo, lo que significa estar en comunión con Dios. O como decía Teresa de Jesús, ese alegrarse de que todos se alegren. Bendito sea Dios que con estas imágenes eleva nuestra esperanza y que Él nos conceda un día participar del banquete en el Reino de los Cielos.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM