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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Repasar nuestra historia nos permite reconocer la acción de Dios y aprender de lo que Él ya ha hecho en nosotros, encontrando luz para el futuro.
Homilía o023012a, predicada en 20260121, con 7 min. y 54 seg. 
Transcripción:
Cuando se habla de conocer la voluntad de Dios, cuando se habla de experimentar la victoria de Dios en la propia vida, creo que muchos de nosotros nos quedamos un poco como a ciegas. Y ciertamente, hay camino, de eso quiero hablar. Y quiero hablar, apoyándome en la primera lectura de hoy, que nos muestra precisamente una victoria de Dios, cuando David tuvo que enfrentar a ese gigante arrogante llamado Goliat. Sí, sí hay camino.
Cosas que uno puede hacer para conocer la voluntad de Dios. Mira, uno puede acercarse a la Palabra divina. En la medida en que nos acercamos, nos familiarizamos, no es simplemente mirar a la Biblia como una especie de oráculo. Hay personas que se acostumbran a abrir la Biblia a ver qué me sale. Alguna vez, alguna vez Dios puede hablar así, pero no nos acostumbremos a eso, no nos acostumbremos a eso. Es mucho mejor seguir el camino de familiarizarse con la Palabra divina, es decir, ir conociendo esa voz del Señor. Siempre me queda resonando lo que dijo Cristo en Juan capítulo 10: «Mis ovejas conocen mi voz».
Y uno conoce la voz de una persona, no oyéndola un instante, así como el que abre la Biblia, sino que uno conoce la voz de Dios como uno conoce la voz de la mamá, como uno conoce la voz de los amigos, como uno conoce la voz de las personas que ama porque las ha oído muchas veces. Ahí es cuando uno conoce la voluntad de Dios, ahí es cuando uno conoce el querer de Dios. Entonces, eso ayuda, esa es una gran ayuda, familiarizarse con la Palabra divina. Otra cosa que uno puede hacer para escuchar al Señor y conocer mejor su voluntad, es recordar que Él deja oír su mensaje en esa maravilla que es la voz de la conciencia.
El que se recoge en silencio, en oración, con sinceridad, pide ayuda y trata de discernir en su conciencia qué es lo correcto. A ver, ¿por qué me siento mal con respecto a esto? Hace poco una amiga que presta un servicio de consejería maravilloso, me contaba de una persona a la que ella está atendiendo y me decía, en ese diálogo que tuvo con esta otra señora, le decía: ¿Tú por qué te sientes así? Si tú vas a hacer algo y tú estás sintiendo en tu corazón: Esto como que no está bien, esto como que no es, ahí también te está hablando del Señor.
Otra cosa que puede ayudar en esa búsqueda de la voluntad de Dios es cuando uno hace una pregunta a personas que uno sabe que tienen como una intención recta, tienen una buena formación, un buen consejero, un buen director espiritual, una persona sabia que sabemos qué vida está llevando y sabemos que es una persona que busca al Señor, eso es un tesoro muy grande y ahí se puede pedir consejo. No se nos olvide también, el ejemplo que nos dan los santos. Así como nos familiarizamos con las páginas de la Escritura, es conveniente que nos familiaricemos con las vidas de los santos, ellos tienen mucho que enseñarnos.
Pero además de todos esos consejos que son más o menos estándar, la primera lectura de hoy, vuelvo a ese texto, David y Goliat, nos enseña otra manera todavía, otra manera de reconocer el actuar de Dios y de ponernos en la ruta para experimentar su victoria. Porque yo creo que tanto tú como yo, pues, queremos experimentar la victoria de Dios en nuestra vida. Sabes ¿qué ayuda? Una cosa que ayuda mucho es repasar la propia historia. Fíjate cómo, ante este caso, del gigante Goliat que ofende a Dios, que blasfema, que se burla del pueblo de Israel, fíjate cómo en esa situación tan difícil, el rey David toma un camino orientado por la experiencia que ya ha tenido.
Concretamente quiero referirme a esta frase: «El Señor que me ha librado de las garras del oso y del león, me librará también de Goliat». Es decir, ¿qué está haciendo David ahí? David está aprendiendo de su propia experiencia. Lo que te quiero decir es que tu vida también es un libro y que en la medida en que tú tienes fresco ese texto, que es tu libro, que es tu vida, en la medida en que tú aprendes de lo que has vivido, Dios ahí también te habla con mucha claridad. Hay una frase relacionada que viene de un gran predicador del siglo XVI, Fray Luis de Granada. Decía este gran dominico español: Dios, que me ha traído hasta aquí, no me va a dejar aquí. Eso es bendito, eso está muy bien dicho.
Dios no me va a dejar aquí. ¿Qué quiere decir eso? Quiere decir que yo puedo aprender de lo que Dios ya me ha mostrado, del camino recorrido yo puedo aprender. Y, de hecho, no solo es una posibilidad, yo me atrevo a llamarlo un deber, es deber nuestro aprender de lo que Dios ya ha hecho en nosotros. Entonces, repasa el camino que Dios ha recorrido contigo, repasa esa ruta que tú has recorrido y vas a encontrar que Dios ya te ha dado claves importantísimas. Esto lo he visto yo, por ejemplo, en hermanos, concretamente laicos, algunos casados, otros solteros, cuando dan sus testimonios en retiros espirituales.
Cuando tú preparas un testimonio para darlo en un retiro, pues lo que estás haciendo es repasar en tu memoria las bendiciones, las providencias, las enseñanzas que Dios ya te ha dado. Ese es un tesoro, no lo pierdas, es un tesoro. Ese tesoro hay que aprovecharlo, porque ese tesoro es voz de Dios que te orienta hacia el futuro. David se apoyó en el pasado y dijo: Dios me ha librado de bestias feroces, leones, osos. Como Dios lo ha hecho, Dios lo puede hacer. Ese es el uso santo de la memoria, Dios lo ha hecho, Dios lo puede hacer.
Cuando nosotros obramos de ese modo, le estamos dando oportunidad al Señor para que haga perfecta su obra en nosotros, para que sus bendiciones crezcan y para que nuestra respuesta a Él también crezca. Piénsalo y que Dios te bendiga.

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