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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La estrategia del rey David sirve también para ti!
Homilía o023008a, predicada en 20200122, con 31 min. y 23 seg. 
Transcripción:
Hermanos, el pasaje de David y Goliat es uno de esos que, aunque uno lo haya oído una sola vez, le queda profundamente grabado. Qué podemos aprender de este combate desigual en el que, sin embargo, la victoria estuvo de parte de quién uno no hubiera imaginado. Son muchas las lecciones que pueden tomarse. En cierto sentido, cada uno de nosotros tiene su propio o sus propios Goliats. Una de las características del mal es que es ostentoso, vanidoso y procura presentarse grande y fuerte como Goliat.
Precisamente, eso sucede en los exorcismos, por ejemplo, la manera como el demonio trata de causar perplejidad, miedo y hacer espectáculo, es parte de la misma estrategia que encontramos, por ejemplo, en el pasaje de hoy, que es del capítulo 17 del primer libro de Samuel. Los miedos que el mal trata de producir en nosotros tienen un objetivo principal y es desconectarnos del auxilio divino. La manera ostentosa y agresiva como el mal se presenta en la sociedad, en la familia, en la pareja o en una vocación religiosa, en todas partes, siempre tiene por propósito destruir la fe, porque el demonio sabe bien que si logra desconectarnos del auxilio de Dios, quedamos fácilmente en sus garras.
Hay muchos modos de presentación de ese mal en nuestra vida, a veces vienen del pasado y a veces vienen del futuro. ¿Cuál es el Goliat que viene del pasado? Mis culpas son horribles. Estoy en manos de mis malos hábitos. Yo eché a perder la inocencia o la pureza o lo mejor de mis sueños. Y en esas consideraciones del pasado, la persona se va desanimando. La persona va sintiendo que no va a poder con lo que tiene delante, es como si dijera: El mal me ha vencido tantas veces antes que es difícil creer que yo pueda vencerlo ahora. Y fíjate cómo está la frase, que yo pueda vencer. Y por supuesto, no voy a ser yo quien va a vencer, tiene que ser el Señor.
Ese es el ejemplo de un Goliat que viene del pasado. Del pasado también viene ese Goliat cuando nosotros hacemos consideraciones sobre lo que ha sucedido en la Iglesia o lo que ha sucedido en una comunidad. Alguna vez hablaba con un prior que fue superior en una casa en España y él me decía que la gran dificultad era que casi cualquier iniciativa que se fuera a proponer, ya la respuesta era automática: No, no, no, ya eso se intentó. Eso, eso no funciona, eso la gente no va, eso no se va a poder hacer nada. Esa especie de pesimismo que se viste de sensatez, en realidad es un Goliat que viene del pasado y viene bien armado, bien fuerte.
Otras veces Goliat viene del futuro, se presenta en forma de ansiedad y de una multiplicación de preguntas que son difíciles de responder. Esas preguntas empiezan con la expresión: Y si? Y de ahí en adelante puedes añadir casi cualquier cosa. Y si me enfermo y si caigo y si hay problemas y si se muere y si no se muere. Y entonces, cuando uno se deja envolver en esa maraña de preguntas, se va llenando de inseguridad. Y repito, el objetivo principal de Goliat es quitar toda seguridad, eso fue lo que intentó Goliat con David. Por eso lo amenaza y le dice: «Echaré tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo». Con su voz ronca, agresiva, lo maldice por sus dioses. Todo eso está destinado a destruir la fe en David.
Los Goliats que vienen del futuro tienen un gran impacto en muchas personas hoy, porque podemos decir que vivimos en una época en la que el miedo se propaga de una manera, en cierto modo, incontrolada, pero en otro sentido muy bien planeada. Ese miedo aparece por todas partes, que la economía se va a ir al fondo, que el planeta ya está en los estertores de la muerte. Viene un cisma espantoso para la Iglesia. Hay una epidemia nueva que surgió en China. Hay un virus para el cual no hay ninguna vacuna, parece que ya llegó a Madrid y a Tenjo.
Entonces, cuando uno se llena de esos miedos, se sacude y pierde la confianza, se sacude interiormente, se conmociona y pierde la fe. Detrás de muchos de esos miedos hay una campaña inteligente. Se sabe, por ejemplo, que Hitler, en la Alemania de comienzos del siglo XX, administraba campañas de miedo mostrándole a la gente qué podía suceder en el país si los judíos seguían mandando económicamente. Al llenarse de terror por la incertidumbre económica, además de las pesadas cargas que tenían por el Tratado de Versalles, cuando se llena el pueblo de ese miedo, queda listo para atacar a los judíos. Es una herramienta de manipulación.
Producir miedo, el miedo al extranjero, el miedo a los pobres o el miedo a los ricos. El miedo es un instrumento de dominación bastante fuerte y muchas veces detrás de esos miedos que son miedos que nos visitan desde el futuro, detrás de esos miedos está otra vez la figura gigantesca, horrenda de Goliat. ¿Cómo se defiende David? Es entonces una pregunta muy importante para nosotros. La manera como David logra superar esta situación es un modelo que nosotros podemos y debemos imitar, porque ya nos damos cuenta que este pasaje no se queda en el pasado. Este pasaje también tiene que ver con nuestras propias dudas, inseguridades.
Yo pienso, por ejemplo, en la tentación que a veces es sabido que tienen personas en su proceso vocacional. Es la tentación de buscar la absoluta seguridad, la completa seguridad. Cómo puedo estar seguro de que no existe por aquí cerca un volcán que nadie conoce y que va a hacer erupción y todo se va a acabar, cómo puedo estar seguro. Cómo puedo estar seguro que cuando caiga el meteorito no caerá encima de mi habitación. Entonces, cuando uno busca la seguridad absoluta y por supuesto, comprueba que no puede tenerla, le da poder a Goliat. Aprendamos de David.
Observemos que antes de que Goliat insultara a David y tratara de meterle miedo, el mismo rey Saúl, podemos decir que, ya hizo una parte del trabajo de miedo. La primera frase que aparece de David en el pasaje de hoy es esta: «Que no desmaye el corazón de nadie por causa de ese hombre. Tu siervo irá a luchar contra ese filisteo». Es una afirmación vigorosa, firme. Observemos la respuesta de Saúl, propia de un hombre que está acostumbrado a apoyarse en sí mismo. Saúl, ya lo hemos dicho en otras predicaciones, era un gran guerrero. Pero el problema es que a todo guerrero le sale otro guerrero más grande, más fuerte, más alto.
La Biblia nos dice varias veces que Saúl era de elevada estatura, pues según los estándares de la época. Alguien decía que Saúl tampoco era que tuviera demasiada estatura, para las medidas nuestras, quizás tenía entre un metro con ochenta, menos de un metro con noventa. Eso no es excesivamente raro en nuestra época, pero en aquella época era absolutamente excepcional. Bueno, pues Saúl, según la Biblia, podía tener esa estatura, digamos un metro con ochenta. Según las medidas de la Biblia, Goliat estaba cerca de dos metros con setenta, realmente era un gigante, a todo guerrero le sale otro guerrero peor.
A todo astuto le sale otro astuto, más astuto. A todo fortachón le sale otro fortachón más grande, más entrenado, más musculoso, con más esteroides. Entonces, Saúl es el primero que ya se agrieta y le dice a David: «No puedes ir a luchar con ese filisteo». Y le da la primera razón: «Eres un joven. Él es un guerrero desde su mocedad». Eso viene siendo como desde su juventud. ¿Cómo se defiende David? Aquí está la primera clave. David apela a la experiencia del pasado: «El Señor me ha librado de las garras del león y del oso». Y luego pasa de lo que ya ha hecho Dios a lo que Dios puede hacer.
Podemos decir que la base de toda la defensa de David es el Dios que era, es y será, que es uno de los nombres de Dios, por ejemplo, en el capítulo primero del libro del Apocalipsis: «Él es el que era, el que es y el que será». O como dice el capítulo 12 de la Carta a los Hebreos, refiriéndolo a nuestro Señor Jesucristo: «Es el mismo ayer, hoy y siempre». Entonces, la primera línea de defensa de David es si Dios lo hizo, Dios lo puede hacer. Pero si nos damos cuenta, ese lenguaje ya supone otra línea de defensa, no voy a cometer la tontería de apoyarme simplemente en mi. Entonces, ya tenemos dos pilares de la defensa de David.
Primero, no me apoyo en mí. ¿Por qué? Porque no importa qué tan bueno sea yo, va a haber alguien mejor. No importa qué tan inteligente sea yo, hay alguien más inteligente, mucho más. No importa qué tan fuerte o entrenado sea yo, hay alguien que tiene más entrenamiento y que tiene más fuerza. Entonces, no me apoyo en mi porque es una tontería y únicamente prepara el momento de la grieta, como le pasó a Saúl. Saúl era muy fuerte, pero cuando le salió el gigante este, se le acabó la fuerza. Primero, no me apoyo en mí, pongo mi confianza en el Señor.
Segundo, el Dios que obró es el Dios que obra, es el Dios que obrará. Una manera muy bonita, casi poética de afirmar esto que estamos diciendo es una frase que me gusta mucho: Mañana Dios seguirá siendo Dios. Otra frase que dice algo parecido es: El futuro es un extraño lugar donde Dios ya está. La afirmación de Dios como primer habitante de mi futuro, oiga eso, afirmación de Dios como primer habitante de mi futuro, eso es lo que hace David. Dios seguirá siendo Dios. Dios que ha obrado, Dios puede seguir obrando.
Esto está indicando que para seguir la estrategia de David, uno tiene que educar su memoria, porque fíjate que el Goliat del pasado, como lo llamé antes, utiliza tu memoria: Acuérdate que tú pecaste en tal lugar y de tal manera, acuérdate que tú caíste, acuérdate que fallaste. Ese Goliat está usando tu memoria. Por eso, para obrar como David, uno no puede esperar hasta estar ya frente a Goliat. No señor, uno tiene que hacer su entrenamiento. El entrenamiento de Goliat es un entrenamiento físico con las armas y con la fuerza de su cuerpo. Nuestro entrenamiento, es un entrenamiento espiritual y el entrenamiento espiritual de David pasa por el entrenamiento de la memoria.
Entrenar a la memoria es repasar una y otra vez lo que Dios ya ha hecho por mí. Recordar sus providencias, recordar sus regalos, recordar sus bendiciones, recordar su perdón. Es un enorme error acordarme de que yo he pecado y no acordarme de que Dios me ha perdonado. Dicho sea de paso, es un error que uno comete también en su trato con otras personas. Si uno recuerda la manera como la otra persona le ha fallado a uno, pero no recuerda la conversación que hubo, las disculpas que se pidieron, el perdón que se otorgó, el abrazo que se dieron, pues uno está otra vez cayendo en las garras de Goliat.
Así que David ha entrenado su memoria, tiene presente en su memoria cuando apareció aquel león y cómo logró vencer al león en el nombre del Señor, cuando apareció el oso, cuando apareció el lobo. Las distintas experiencias, todas duras que tuvo David. Esas experiencias lo educan, esas experiencias lo convencen, Dios me ha salvado. Entonces, en la práctica ya llevamos tres pilares de David. Primero, no se apoya en sí mismo, sino en Dios. Segundo, recuerda y tiene presente que el Dios que era, el Dios que es y el Dios que vendrá, el Dios que será. Tercero, ha educado su memoria. Realmente la batalla con Goliat se libra, en primer lugar, en la memoria.
Y por eso, cuanto más uno crezca en la oración de gratitud y de alabanza, mejor preparado está para enfrentar cualquier dificultad. La persona que está acostumbrada solamente a la oración de petición o de perdón, puede cometer el error de no educar su memoria, de no entrenarla. Hay que educar, hay que entrenar la memoria y en esa educación de la memoria se libra realmente, por anticipado, la batalla contra Goliat. Bueno, ¿qué más hace David? Dice aquí que tomó, pues todo lo que es característico del pastor. Utiliza, por ejemplo, esa especie de bolsa que se llama el zurrón y se va donde el filisteo.
¿Qué es lo que está haciendo David? David está utilizando sus armas, es decir, David está planteando el combate en su terreno y esto va a ser decisivo en la victoria. Y va a ser decisivo, porque en el terreno del filisteo, es decir, en la manera de batalla del filisteo, David no tenía nada que hacer. Si uno lee el pasaje completo, uno puede recordar que Saúl, en cierto momento, quiso prestarle su armadura a David, pero la armadura de Saúl no solo le quedaba grande, sino que le resultaba pesada y le dificultaba el movimiento. Si David hubiera aceptado la armadura de Saúl, entonces David hubiera entrado a pelear en los terrenos del filisteo, a la manera del filisteo, en el lenguaje del filisteo.
Observemos que el libro del Génesis nos cuenta de una triste derrota de una persona que se puso a pelear en el lenguaje del enemigo, ese fue el caso de Eva. La serpiente le dice a Eva: ¿Por qué Dios les prohibió comer de todos los árboles del jardín? Por supuesto, esa es una calumnia, pero Eva entra a discutir en el lenguaje de la serpiente. Y entonces, se pone a conversar en el lenguaje de la serpiente. No, no son todos los árboles, es solamente este árbol. Si entiendes, serpientica. Se puso a conversar en el lenguaje de la serpiente. Uno no tiene que entrar en el terreno del enemigo, porque ahí el enemigo domina.
El Papa Francisco ha utilizado varias veces la expresión ya en su pontificado: Con el demonio no se discute, porque de algún modo eso fue lo que hizo Eva, entrar a discutir en el lenguaje de la serpiente. David no se puso la armadura que no sabía manejar, David no entró en el estilo del fariseo. Algo parecido nos enseña la Biblia en el Nuevo Testamento cuando nos dice: No respondan con maldiciones, no respondan con maldiciones, porque usted responde con maldiciones y entró en el terreno del enemigo. Goliat maldice por sus dioses, David no hace eso. David bendice a Dios y proclama la victoria anticipada.
Entonces, David se afianza en el terreno que él conoce y el terreno que él conoce es el de la honda y el de sus mínimos recursos, como pastor entrenado. Entonces ahí tenemos un cuarto pilar de la defensa de David, David se mantiene en su terreno. Bueno, ¿cómo se aplica eso a nuestra vida? Yo creo que la advertencia de no estar discutiendo es importante. Realmente son muy pocas las discusiones que uno tiene para hacer. Por ejemplo, piense usted en el caso de una persona que entra a una vocación religiosa y hay alguien en la familia que no está de acuerdo, es algo que varios de los que estamos aquí conocemos bien.
Alguien no estaba de acuerdo, qué se yo, un hermano, el papá, la mamá, el que sea. Si usted entra en una discusión: Espere y le voy a mostrar aquí dice Perfectae Caritatis, dice claramente lo que es la vocación. Eso suele ayudar poco. Entonces, ¿cómo se mantiene uno en su terreno? En muy pocas ocasiones vale la pena discutir. Por eso, el apóstol San Pablo advierte en sus cartas pastorales: No entren en discusiones. La mayor parte de las discusiones no sirven porque las discusiones te arrastran al terreno de la otra persona. Hay incluso un mensaje que ha circulado mucho por internet. Lo he leído varias veces y es muy simpático en el lenguaje, dice: No discutas con un tonto porque te llevará a su terreno donde es experto y te ganará.
Entonces, uno no debe entrar fácilmente en discusiones. La mayor parte de las discusiones son estériles. Solo se debe entrar en una discusión, es decir, en una conversación con argumentos, cuando de verdad está claro que la otra persona admite argumentos, y esto sucede estadísticamente muy poco. Entonces, uno no entra en discusiones. Uno toma una actitud humilde pero firme, y a través de la perseverancia y la alegría uno le muestra a esa persona que no creía en la vocación de uno, le muestra que sí. Entrar a discutir, entrar a persuadir, entrar en un lenguaje de emociones o de razones es estéril.
Y muchas veces solo sirve como si uno estuviera poniéndose la armadura de Saúl. David no entró ni en el lenguaje ni en el terreno de Goliat. Hay otra cosa que vale la pena destacar aquí, que es como el quinto pilar de David. Resulta que este filisteo tenía especialmente dos fortalezas, un tremendo entrenamiento y una gran cantidad de armas. Si usted se da cuenta, esas dos parecen ventajas, pero también pueden ser desventajas y lo fueron. Efectivamente, este filisteo que tiene tanto entrenamiento, ha perdido agilidad mental para pensar en nuevas estrategias.
Ojo con esa idea. La persona que está sobreentrenada es una persona que fácilmente se queda con las ideas que ya tiene, es decir, pierde agilidad mental para adquirir y para aprovechar y para implementar nuevas ideas. Uno puede ser víctima de su entrenamiento, uno puede ser víctima de lo que cree que le hace fuerte. Y esa misma falta de agilidad mental, está unida a la falta de agilidad física. Observemos este, lo que dice más adelante: Cuando el filisteo se puso en marcha. Uno se imagina al filisteo en marcha más o menos como un tanque de guerra avanzando.
Si tomamos literalmente el texto bíblico, usted imagínese una persona dos metros con setenta, eso es casi como la altura de esa viga, tipo dos metros con setenta, seguramente más de 200 kilogramos de peso que por ahí sí puede uno acercársele, de pronto y avanzando, avanzando como un tanque de guerra. Ahí va, ahí va el filisteo. Agilidad, el filisteo, cero. Imagínese 200 kilos con sus armas, dice aquí: El filisteo. Observe los verbos, es que en la Biblia, todo está en los verbos. El filisteo se puso en marcha. Uno se imagina un movimiento metódico como el de un robot. Pierna derecha, pierna izquierda, pierna derecha, pierna izquierda. Ahí va el filisteo, pierna derecha, pierna izquierda.
Y ¿qué dice la Biblia? Cuando el filisteo se puso en marcha avanzando hacia David, el tanque de guerra avanzando hacia David, este corrió veloz. Se da cuenta el contraste, mientras que el filisteo es prisionero de su entrenamiento y el filisteo es prisionero de su armadura que a duras penas le permite moverse. Pierna derecha, pierna izquierda, pierna derecha, pierna izquierda. Mientras que el filisteo está prisionero, David está libre y está ágil. Y este es el quinto pilar: Ágil, agilidad. Agilidad para darse cuenta que las respuestas pueden ser inesperadas, inesperadas. Muchas veces las respuestas en la Iglesia no vienen de grandes elaboraciones, grandes planes, muchas reuniones.
Había un padre de mi comunidad que decía: Tanta reunión solo sirve para gastar mucho tinto. Grandes reuniones, gran planeación. Por fin, después de años y años de planeación, ya tenemos el plan pastoral para llegar a la gente. Pero resulta que la gente a la que íbamos a llegar ya se murió, ya están otros. ¿Qué quiere decir eso? Que el gran plan pastoral ya no sirve. La agilidad es el quinto pilar de David, por eso se necesita capacidad de percepción. Si hay algo que llama la atención en el libro de los Hechos de los Apóstoles es cómo aquellos primeros misioneros veían frustrados sus intentos muchas veces, no se pudo por aquí. Bueno, vamos por allá.
Se necesita una cierta flexibilidad, pero no es un absoluto, va unido a los demás pilares. Son lecciones que nos da David, son lecciones que podemos aprovechar en nuestra vida. Ese apoyarnos en Dios, ese entrenar nuestra memoria, es indispensable. Ese no jugar en el terreno del enemigo. Ese tener la agilidad. Todo ese tipo de cosas nos van educando porque nosotros también estamos en combate. Nosotros también tenemos que ser David, porque Goliat ya está listo para venirse encima nuestro. Pero igual que David, le podemos vencer en el nombre del Señor.

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