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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cristo al darle plenitud a la ley nos muestra que el legalismo se supera en la búsqueda del bien que quiere preservar la ley dada por Dios

Homilía o023007a, predicada en 20200122, con 7 min. y 36 seg.

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Transcripción:

¿Qué es el legalismo y cómo podemos superarlo? Una pregunta clave a partir del Evangelio de hoy, tomado del capítulo tercero de San Marcos. Legalismo, eso suena a una exageración en la aplicación de la ley. Podemos decir que esa es una buena definición, exageración en la aplicación de la ley. El caso típico se presenta en el Evangelio en el pasaje de hoy. Resulta que hay un hombre que tiene una necesidad y entonces, Cristo quiere curarlo. Recibe miradas de desaprobación de sus adversarios, particularmente los fariseos. Y entonces, Cristo hace una pregunta absolutamente clave: ¿Qué es lo que está permitido en sábado, está permitido curar?

A ver ¿qué era lo que estaban haciendo estos fariseos con su interpretación? Ellos se quedaban con la idea de que el sábado era el día de descanso y ellos miraban el día de descanso, como no trabajar, no hacer nada. Y como se trataba de no hacer nada, entonces tampoco se puede curar. Esa discusión la tuvieron varias veces con Cristo. Como no se puede hacer nada, no se puede curar. Pero fíjate que, esa manera de interpretar las cosas, eso de que descansar es no hacer nada y no hacer nada, implica no curar. Si esa fuera la interpretación correcta, estaríamos ante una ley absolutamente absurda. Eso no tiene sentido.

Eso es lo que se llama legalismo. Legalismo es tomar un precepto y aplicarlo de una manera absurda o interpretarlo de una manera absurda. Por eso nosotros, cristianos, estamos llamados a superar esa visión, a estar por encima de esa visión. No podemos quedarnos en el legalismo, eso está claro. Muy bien, muy bien, eso está claro. Y ¿cómo se supera el legalismo, entonces? Vamos a dar dos respuestas equivocadas y una respuesta que estimo correcta y que deseo compartir con ustedes.

Para algunas personas, la manera de superar el legalismo es cancelar la ley, quitarle importancia por lo menos. Entonces, la respuesta al legalismo, según las personas que así piensan, sería la anarquía. Algunas veces pasa esto en las familias, ¿sabes? Algunas veces pasa. Hay personas y hay familias que han pasado de un extremo rigorista a un extremo de anarquía, anárquico.

Yo he conocido personas, por ejemplo, concretamente mujeres, señoras que razonan de este modo: Mi papá todo lo prohibía. No podía uno salir, no podía uno divertirse, no podía ir uno a un paseo, no podía ir a una fiesta, todo estaba prohibido. Yo no quiero que mis hijos sean así. Entonces, mis hijos, mis hijas, desde los doce, los trece años que salgan cuando quieran, que vayan a las fiestas que quieran, que estén con quien quieran, que vayan a todos los paseos que quieran. Entonces ahora, por ejemplo, mi hija está hace tres días con el novio en otra ciudad, están paseando, están pasándola bien. Claramente esa mujer en su deseo de evitar el legalismo, el rigor, se ha ido al otro extremo.

Otras personas creen que la solución al legalismo es traer otro tipo de leyes. Cambiar las leyes, Poner algo diferente, imponer algo distinto. Por ejemplo, yo me acuerdo que cuando estaba en su furor la teología de la liberación, entonces se pensaba que los ornamentos tradicionales para la misa eran demasiado europeos, demasiado romanos. Como consecuencia, hay que cambiarlos y por eso ahora vamos a utilizar casullas y estolas llenas de color al estilo de las ropas indígenas. No entremos en la discusión de si eso es o no es tan correcto, si tienen que tener muchos o pocos colores las casullas.

Lo que yo quiero destacar es que recuerdo una vez que un sacerdote español venía a visitar mi convento y en esa época estaba en furor el tema este de la teología de la liberación. Y a todos los que íbamos a celebrar la Santa Misa nos dieron unas estolas llenas de colorines. Y este hombre pidió que le dieran una estola diferente, él estaba acostumbrado a celebrar de otro modo, pues cuando él pide una estola que no sea indigenista, vieras la cara, vieras la actitud.

O sea que, los que pretendían que saliéramos del legalismo, llamémoslo europeo, ahora nos querían vender y, mejor dicho, imponer una especie de legalismo, entre comillas, latinoamericano, indigenista y a imponerlo como fuera. Y el que no esté de acuerdo que sea expulsado a las tinieblas exteriores. Esa no es respuesta al legalismo. La verdadera respuesta está en buscar cuál es el principio, cuál es el bien que trata de preservar una ley, porque una ley bien dada y ninguna mejor dada que la ley de Dios, una ley bien dada, siempre tiene un principio superior, siempre tiene un bien que quiere crear o conservar.

Entonces, en la conservación de ese bien, en la búsqueda de ese bien y en la preservación de ese bien, es ahí donde nosotros superamos el simple legalismo. Eso fue lo que hizo Cristo, Cristo no suprimió el sábado, Cristo no cambió el tema del descanso para darle gloria a Dios, no lo cambió por otro tipo de ley. No, Él llevó a plenitud el principio, el bien que quería ser preservado con esa ley del sábado. Lo que quiere esa ley del sábado es que nosotros no nos veamos como esclavos de nuestro trabajo y nuestras cosas, sino que elevemos nuestra mirada y reconozcamos que hay un Dios que nos espera y hay un Dios al que le pertenece la gloria. Eso fue lo que cuidó Cristo, eso fue lo que hizo Cristo.

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