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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Experimentar el amor de Dios nos hará agradecidos, que tengamos capacidad de dolernos de las ofensas contra Él y nos llevará a ser instrumentos útiles para su gloria.
Homilía o023006a, predicada en 20180117, con 6 min. y 6 seg. 
Transcripción:
La primera lectura de hoy ha sido tomada del capítulo número 17 del primer libro de Samuel. Nos cuenta una de aquellas historias que quedan grabadas en nuestra mente con haberla escuchado una sola vez. La victoria de David sobre un gigante, un matón llamado Goliat. Si uno examina por qué David ganó, por qué David triunfó sobre Goliat, una primera respuesta podría quedarse en el plano de la astucia. Podríamos decir David fue astuto, David fue inteligente, se dio cuenta que había una parte desprotegida del cuerpo de Goliat, esa parte era la frente.
Y se dio cuenta que había armas no convencionales contra las que no podía defenderse el gigante Goliat. Esas armas eran las piedras, eran las hondas con las que él podía disparar. Entonces, uno puede pensar que la victoria sobre Goliat fue un tema de astucia. Sería quedarse muy corto, bastante corto, porque lo que el texto nos muestra es algo diferente. David le dice a Goliat: Yo voy hacia ti en nombre del Señor de los Ejércitos. Él se siente ante todo representante de Dios, enviado por Dios. Y luego añade: Tú has desafiado al Señor de las huestes de Israel. Es decir, lo que le has hecho a Dios con tu palabra blasfema, a mí me duele, a mí me indigna.
O sea que esto es muy interesante, porque realmente lo que hace David es tomar sobre sí los intereses de Dios. Uno puede fijarse en que Dios le dio la victoria a David, y eso es totalmente cierto. Pero hay que destacar el otro punto, es que David tomó sobre sí los intereses de Dios. David tomó los intereses de Dios, Dios le dio la victoria a David. Estos dos hechos no se pueden separar. Por eso dice David: Hoy te entregará el Señor en mis manos, te venceré. David no piensa en una victoria suya que se pudiera atribuir a la fuerza de sus brazos, a la calidad de su armadura, al filo de su espada o a la perspicacia de su mente. David no atribuirá la victoria a nada de eso.
La victoria es del Señor, como el Señor es el que va a darme la victoria. Entonces, concluye David, todo el mundo reconocerá que hay un Dios en Israel, todos los aquí reunidos reconocerán que el Señor da la victoria sin necesidad de espadas ni lanzas, porque esta es una guerra del Señor, porque esta es una guerra del Señor. Es muy interesante ver en dónde está la fuerza de David, la fuerza de David está en su unión con el Señor. Es el amor apasionado que David tiene al Señor, es ese amor el que hace que le duela y que lo indigne el lenguaje repugnante de Goliat.
¿Por qué le duele a David que se hable así de Dios? Por una razón muy sencilla, porque es que David ama a Dios. Y ¿por qué David ama a Dios? Porque David se ha sabido amado por Dios. Es el esquema que va a aparecer muchas veces en la Biblia y que está bien resumido en la primera carta de Juan: «En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó primero». Entonces, el orden completo es, Dios le manifestó su amor a David ¿cómo? Protegiéndolo en circunstancias muy difíciles, cuando estaba laborando como pastor de los rebaños de su padre.
En la soledad de esas montañas, David se sintió muchas veces acompañado, fortalecido, levantado, animado por Dios, y así se sintió amado. Ese amor divino experimentado por David despertó en David un fuego de amor que empieza por ser canto, por ser alabanza. Por eso, se atribuyen tantos salmos a David, porque él entra en alabanza, porque ama, ama mucho. Y desde esa alabanza, desde ese amor tan bello, tan grande, desde ese amor, David va a encontrar un camino para darle la gloria a su amado, a su Dios amado.
Y eso es lo que encontramos aquí y la gran noticia es que eso que le sucedió a David, también nos puede suceder y nos va a suceder a nosotros. Experimentemos, reconozcamos la presencia del amor en nuestra vida, llenémonos de ese amor, primero con gratitud y con alabanza, y luego, ese mismo amor hará que tengamos capacidad de dolernos de las ofensas contra Dios y nos hará instrumentos útiles para su gloria.

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