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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Se abordan estas preguntas: ¿Por qué los fariseos detestaban tanto a Jesús? ¿Por qué era tan importante el sábado? ¿Qué dice la libertad de Cristo ante el sábado?
Homilía o023003a, predicada en 20120118, con 15 min. y 49 seg. 
Transcripción:
Como llevamos nuestro retiro con esta idea de las preguntas, hagamos una pregunta: ¿Por qué Jesús resultaba tan fastidioso a los fariseos? Cuando uno piensa en Jesucristo, uno piensa en la bondad, uno piensa en la sabiduría, uno piensa en la pureza de afecto. ¿Cómo se puede llegar a tener tanto fastidio, tanto odio a alguien que es tan bueno? ¿Qué era lo que les molestaba a ellos sobre Cristo? Los fariseos tenían su propia búsqueda del Reino de Dios. Jesús predica el Reino y los fariseos buscan también el Reino de Dios. Y ahí está el problema, se busca lo mismo, pero se busca de manera distinta.
¿Cómo miraban los fariseos las cosas? Para ellos todo consistía en un plan muy sencillo, tenemos una alianza con Dios, esa alianza es como un contrato. Dios hizo su parte, pero nosotros no hicimos la de nosotros. Como nosotros hemos fallado, tenemos que corregirnos, tenemos que cumplir la parte nuestra, tenemos que hacer la parte nuestra. Como un puente que está roto de uno de los lados, en este caso, del lado del ser humano. Hay que reparar esa parte y entonces, el puente funciona nuevamente, la alianza se restablece y si estamos en alianza con Dios, las bendiciones de Dios llegan.
El libro del Deuteronomio, sobre todo, nos cuenta todas las alianzas que son prometidas. Si el pueblo permanece fiel, se le promete al pueblo que va a tener abundancia, va a tener prosperidad, va a tener buena salud, va a tener victoria sobre sus enemigos. Pero también se le advierte que, si se aparta, son los enemigos los que le van a vencer. Son los demás pueblos los que van a florecer, mientras que Israel se va a hundir y se va a marchitar. Fíjese que la posición de los fariseos no era absurda, era una posición que tenía cierta lógica. Si tenemos un contrato y fallamos nosotros, pues lo que hay que corregir es la parte nuestra.
Ese contrato para ellos era la ley y, por consiguiente, la manera de apresurar el reinado de Dios es el cumplimiento de la ley, de eso es de lo que se trata. Si se cumple la ley puntualmente, si hacemos caso a la ley, si seguimos la ley en todo lo que dice, entonces pues llega el Reino de Dios. Jesús anuncia la llegada del Reino, pero la manera de obrar de Jesús es extraña. Jesús no insiste en la ley, es más, se sitúa por encima de la ley, con lo cual queda desvirtuado el camino de los fariseos y queda, de algún modo, descartada la propuesta de ellos, porque toda la esperanza de ellos está en la ley.
Y Jesús se sitúa, no al margen de la ley, ni en contra de la ley, sino por encima de la ley. Por ejemplo, se sitúa por encima de la ley cuando toma un mandamiento de Dios. Y luego añade: Pero yo os digo. ¿Cómo es eso de tomar algo que Dios ha mandado y añadirle cosas? ¿Quién es usted para hacer eso? Pero el caso más grave es el caso del sábado, porque en el sábado está claramente una institución divina. Y llega Cristo a decir en alguna oportunidad, como lo oíamos en el Evangelio de ayer, es que el Hijo del Hombre es el Señor del sábado. Entonces, ¿qué significa eso?
Como estamos aquí rodeados de teólogos y estudiantes, pues yo me permito sugerirles la parte que escribe sobre este tema el Papa Benedicto en su obra Jesús de Nazaret, en el primer volumen. Tiene varias páginas que pueden ser cuatro o cinco sobre este tema del sábado y sobre cómo la manera, la postura que toma Cristo no deja confusión, porque ¿qué alternativas hay? Que Cristo sea un pecador y un blasfemo que se está burlando de Dios o está suplantando a Dios, esa es una. Otra que Cristo sea una persona que está fuera de sus cabales y que, por consiguiente, dice tonterías, así como un loco se puede creer Napoleón.
Y la otra posibilidad es que efectivamente, Cristo es Dios. Hay toda una corriente que cree que para humanizar a Cristo hay que negar su divinidad, este es un viejo problema que se remonta a los antiguos concilios cristológicos trinitarios por allá de los siglos IV y V. Pero uno no debe dejarse confundir. A ver, examinemos el problema. Sí el Hijo del Hombre se presenta como Señor del sábado, ¿eso qué significa, eso qué quiere decir? Si no es que la presencia de Cristo, es la presencia misma de Dios. Entonces hay, por ahora, esos dos temas en esta lectura del Evangelio.
Por una parte, queda claro que los fariseos se sienten descartados, que los fariseos se sienten superados por esto que presenta a Cristo. Si Cristo está en lo correcto, entonces aquello a lo que ellos le han empeñado la vida entera, aquello que es la fuente de su autoridad y de su presencia ante el pueblo, aquello que le sirve de carta de presentación a ellos, cae. Y este es el mismo problema que van a tener los herodianos y que van a tener los saduceos, que eran como las principales autoridades o fuentes de autoridad en aquel tiempo, junto con los escribas.
Entonces, cada uno de esos grupos, los escribas, los fariseos, los herodianos, los saduceos, eran gentes que tenían montado su modo de vida con una propuesta muy clara. Para los saduceos todo se reduce al ritualismo del templo. Para los fariseos es un sistema legal complejísimo, porque no era solo la ley de Moisés, sino todas las interpretaciones. Entonces, en esa maraña de leyes y de interpretaciones, lo único que quedaba claro es que ellos eran los maestros y ellos eran la gente que había que respetar. Y ese era su sistema de vida y a eso le habían apostado y eso le habían empeñado el corazón.
Y ya sabemos, pues, los herodianos de qué vivían, pues vivían de un mesías falso, vivían de un rey impostor. Por eso no tiene nada de extraño la manera como termina el Evangelio de hoy. Termina precisamente, con la afirmación de que los fariseos empiezan a buscar aliados para deshacerse de Cristo. Ya tenemos una respuesta, los fariseos detestan a Cristo porque si Cristo está en lo correcto, entonces aquello que ellos están proponiendo queda completamente superado y queda completamente descartado y, por consiguiente, pues la alternativa es o Cristo o nosotros.
Pero junto a ese tema, el otro tema que tenemos es esta revelación de la divinidad de Jesucristo, una revelación que es enigmática, una revelación que ha dado para pensar y para hablar y discutir, orar por muchos siglos y creo que así seguiremos, pero que está ahí, ahí está. Para lo sucesivo, cuando ustedes oigan de alguien que pretende negar la divinidad de Cristo, no olviden este tema del sábado. Cómo explicas entonces tú el tema del sábado, cómo es que el Hijo del Hombre es Señor del sábado, si el sábado es una institución de Dios, es un mandato de Dios y es el mandato que recuerda la Alianza.
Terminemos solo recordando un poquito de eso, ¿por qué el sábado tiene esa importancia descomunal? Porque el sábado es el día de la comunión con Dios, donde mejor creo que se ve esto es en el Deuteronomio. Se invita a que el pueblo se alegre con el Señor. El Señor participa de la alegría de su pueblo y el pueblo participa del descanso de su Señor. El descanso prescrito en el sábado es una participación del descanso que Dios mismo tiene. Pero qué, ¿es que Dios se fatigó? Mira, descanso, descanso en la interpretación usual o en el lenguaje usual nuestro, es lo que sigue al cansancio.
Pero míralo desde este otro punto de vista, acuérdate que todas estas antiguas sociedades tenían hombres libres y hombres esclavos, y los hombres libres llevaban una vida descansada. El descanso no significa simplemente el no tener que trabajar, significa el estar libre. Libre, pues, para el arte, libre para la religión, libre para la ciencia, libre para la política. ¿Cómo llamaban los romanos a sus hijos? No los llamaban pueri, no era la expresión usual, los llamaban liberi, los liberi, los libres. Los paterfamilias, los padres de familia en la sociedad romana llamaban a sus hijos los libres.
Y por eso se habla de las artes liberales, es decir, aquello a lo que se puede dedicar la vida cuando los problemas están resueltos, eso es lo que significa artes liberales. Entonces el descanso, dentro de la mentalidad judía, corresponde a lo que es el ser libre dentro de la mentalidad romana o dentro de la mentalidad griega. Ser libre quiere decir, los problemas de la vida están resueltos. Problemas de la vida es que hay que comer, que hay que vestirse, que hay que tener una habitación, esos son los problemas de la vida.
Cuando los problemas de la vida están resueltos, ¿qué hace uno con la vida? Pues cuando todo está resuelto es cuando se puede la literatura, es cuando se puede el arte, es cuando se puede la cultura, es cuando se puede la ciencia, cuando se puede la filosofía, cuando se puede la política. Así pensaban los griegos y los romanos. Eso nos da una idea de lo que significa el sábado y lo que significa el descanso del sábado. El descanso del sábado no es simplemente como una máquina que toca dejarla que se enfríe y que no se recaliente. El descanso del sábado es una participación en la infinita libertad de Dios.
El descanso del sábado es una participación o una comunión en la alegría de simplemente existir sin tener que estar uno sosteniendo la propia existencia, construyendo la propia existencia, defendiendo la propia existencia. Cuando la vida está resuelta, cuando los problemas están resueltos, entonces ¿para qué es la vida? Pues la vida es para ser feliz, la vida es para amar, la vida es para aprender, la vida es para disfrutarla, eso es lo que significa el sábado. Entonces, así entendemos por qué era tan importante el sábado. El sábado era importantísimo porque el sábado es el día en que el pueblo comulga con Dios en un alto grado de libertad.
Y eso era lo que significaba originalmente el asunto de que no hay que trabajar. No hay que trabajar quiere decir, el sábado no es el día para sostener la vida, el sábado es el día para disfrutar la vida, el sábado es el día para agradecer la vida, el sábado es el día para celebrar la vida, eso es lo que significa el sábado. Entonces, el sábado es el día de la Alianza. Le digo solamente esto, lo más santo que tenemos nosotros cristianos es la Eucaristía. Y en la Eucaristía lo que nosotros hacemos es entrar en comunión, por eso decimos comulgar. Pues haz de cuenta, lo que es la Eucaristía para nosotros.
Comulgar con Dios, comulgar con su vida, comulgar con su ser, con su santidad, comulgar con su alegría, eso es el sábado para ellos. El sábado es el día para gozarse en una vida que se puede agradecer y que se puede celebrar. Ahora entendemos por qué el que se mete con el sábado no está tocando simplemente un mandamiento más. El que se mete con el sábado está tocando el corazón de la Alianza, el que se mete con el sábado está diciendo cómo se entra en comunión con Dios, el que se mete con el sábado está diciendo dónde está la alegría de Dios. Y Cristo se metió con el sábado y dijo que Él era el Señor del sábado.
Es maravilloso, es bello nuestro Señor, y nos deja suficientes pistas para que podamos seguirle. Pero es tanta su grandeza que, en una vida entera, no terminaremos de reflexionar en sus palabras y en sus acciones.

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