Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Nuestras decisiones deben pasar por una mirada educada y un corazón humilde de discípulos, buscando con sinceridad la voluntad de Dios para elegir correctamente.

Homilía o022013a, predicada en 20260120, con 8 min. y 14 seg.

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Transcripción:

Yo creo que uno de los pasajes más llamativos de los comienzos de la monarquía en Israel es el que nos encontramos en la primera lectura de hoy, tomada del primer libro de Samuel. Veíamos en el texto de ayer que Dios descartó a Saúl. Saúl, supuestamente sí quería servir a Dios, pero ya sabes, con esa anotación, quiero servir a Dios a mi manera. Y eso llevó a Saúl al desastre, eso llevó a Saúl a su propia ruina. Entonces era necesario escoger otro rey. Y ese nuevo rey, pues fue David.

Lo que nos presenta el pasaje de hoy es la elección de David. Y hay dos cosas que quiero destacar aquí. Primero, la educación de la mirada. Esto se da fundamentalmente en el profeta Samuel. Y segundo, el criterio de elección, que también es una lección de Samuel, pero una lección que queda para nosotros. Educar la mirada y tener un criterio de elección. ¿Qué queremos decir con esto de educar la mirada? Si estamos atentos, nos damos cuenta que en el pasaje de hoy Samuel tiene una manera de mirar al principio y otra manera de mirar al final. Es decir, él tiene un cambio, él educa su mirada. Teniendo en cuenta que Samuel era un hombre de Dios, teniendo en cuenta que se puede aplicar perfectamente a Samuel lo que se dice de los santos. Por ejemplo, lo que decía Santa Teresa de Jesús sobre los santos, decía son amigos fuertes de Dios. Pues teniendo en cuenta ese detalle, realmente llama mucho la atención que Samuel, con la edad que tiene y con la experiencia que tiene, todavía tiene que educar la mirada.

Esto no lo dejemos pasar, por favor, porque nos está mostrando algo que es bien útil y bien necesario para todos nosotros. Si un hombre tan avezado en las cosas de Dios. Si un hombre con tanta experiencia de unión con Dios y de servicio a Dios, todavía tenía que educar su mirada, pues ¿qué diremos nosotros? también nosotros tenemos que declararnos discípulos. Y yo creo que este es un punto muy concreto en el que podemos coincidir. Por favor, vamos a declararnos discípulos. Es decir, vamos a reconocer que no lo sabemos todo, que no lo entendemos todo, que podemos equivocarnos y que la única manera de mejorar es precisamente crecer como discípulos.

Hay una frase de nuestro Señor Jesucristo que creo que es una muy saludable advertencia porque dice el Señor el discípulo no es como su Maestro. Cuando termine su formación será como su maestro. Pero sabemos que la formación terminará cuando sepamos adecuadamente cómo morir o sea que hasta el día final de nuestra vida en esta tierra estaremos aprendiendo. Entonces, ese educar la mirada y ese declararnos discípulos, yo creo que es una lección muy oportuna que nos deja Samuel y una lección que tenemos que aprovechar todos. El mundo se nos está llenando de expertos en todos los temas. Fíjate que surge una cuestión política y ahora todo el mundo es experto y el Papa dice una cosa y todos son expertos y todos son súper teólogos capaces de corregir al Papa y de corregir a todos. Tal vez necesitamos menos presunción de expertos y necesitamos más corazón de discípulos, yo por lo menos lo creo así.

Lo segundo es el criterio de elección. A ver, el papá de David se llamaba Jesé y este hombre tenía su propia idea sobre quién podía ser el elegido de Dios. Él le presenta al profeta Samuel, le presenta aquellos hijos de los que Él se siente orgulloso, aquellos hijos a los que Él les ve un buen futuro. Porque se dice que los papás y las mamás no tienen preferidos y yo creo que sí suele suceder que hay preferidos. Entonces por eso Jesé primero le presenta a ese hijo del que se siente más orgulloso, que se llamaba Eliab, y luego le presenta a Abinadab y luego le presenta a Sama y bueno, le va presentando esos hijos que para él eran representativos. Representativos ¿de qué? pues representativos de su orgullo o de papá, representativos de su vanidad o quizás representativos de sus propias ambiciones.

Porque un problema que hay con esto de los cargos es que para muchas personas los cargos son la oportunidad de medrar, la oportunidad, por ejemplo, de subir socialmente y llenarse de privilegios, de tener gran capacidad de satisfacción de los propios deseos y de la propia codicia. No sabemos qué intereses tenía Jesé, pero lo cierto es que cuando él va pasando todos esos hijos que ya mencioné, Eliab, Abinadab, Sama, cuando le va presentando esos hijos, pues ahí están los intereses, los intereses de Jesé. Y la pregunta que se hace Samuel y lo que le cambia la mirada Samuel es bueno, esos son los intereses de Jesé. Pero ¿cuáles son los intereses de Dios? eso es lo que cambia las cosas. ¿Cuáles son los intereses de Dios? y eso es lo que también puede mejorar mucho nuestra capacidad de elección. ¿Cuáles son los intereses de Dios? Esa es la pregunta que tenemos que hacernos.

He conocido muy pocas personas. Sí, algunas. Pero he conocido muy pocas personas que se tomen en serio este lenguaje. Cuáles son los intereses de Dios por ejemplo, para elegir una carrera, cuáles son los intereses de Dios a la hora de pensar en cuál va a ser ese hombre o esa mujer que tal vez pueda acompañar mi vida en el caso de quienes tienen la vocación de matrimonio y de familia. ¿Qué es lo que Dios quiere? Finalmente, fíjate que es una pregunta sobre la voluntad de Dios y te puedo asegurar que el que busca con sinceridad la voluntad de Dios va a encontrarla, va a encontrar luz, va a encontrar claridad, va a encontrar respuestas. Pero hay que buscar, porque Jesús dijo El que busca, encuentra. Hay que buscar, hay que buscar esa voluntad. Y si nosotros buscamos esa voluntad, si la buscamos con sinceridad, si la buscamos con amor, entonces pues realmente hay respuesta de parte de Dios. Entonces, los criterios de elección, los criterios de decisión, tienen que pasar por ahí. Y probablemente es la última pregunta que la gente se hace. Y algunos ni siquiera en último lugar, hay que preguntarse eso. ¿Y Dios aquí qué?, ¿cómo queda Dios con esta decisión? ¿cómo quedan los intereses de Dios con esta decisión? esas preguntas entraron profundamente en el corazón del profeta y fueron las preguntas que marcaron el camino de elección del gran rey David. Y piensa si será grande el reinado de David, que a Cristo, para hacerle un elogio, lo llamaban hijo de David. Así que ya sabes, educar la mirada y aprender a tomar decisiones, buscando con ardor y con perseverancia el querer del Señor los intereses de Dios. Que Él te bendiga.

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