Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El profeta Samuel buscaba altura para el rey de Israel; Dios le mostró que, más que altura en lo físico o en lo humano, hace falta altura en el discernimiento, en la moral, y en lo espiritual.

Homilía o022011a, predicada en 20220118, con 14 min. y 23 seg.

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Transcripción:

Hay una parte que es un poquito graciosa en la primera lectura de hoy. Cuando Samuel tuvo que elegir rey la primera vez, él se fijó en las condiciones, llamemoslas naturales. Y ese fue el motivo para elegir a Saúl. Ya hemos comentado en otra oportunidad que Saúl tenía muchas cualidades para ser elegido rey. Era un hombre fuerte, entrenado, era un líder natural. Además, pasaba una cosa con Saúl y es que era alto. Se acuerda que eso lo destaca en todas partes, que era alto.

La frase de la Biblia, que también a uno le produce como algo de extrañeza, es destacaba de los hombros para arriba, por encima de todo Israel. Entonces, pues, mirando hacia el conjunto de Israel, allá está el alto. Entonces ese es el rey. La parte simpática que tiene que ver con la lectura de hoy es que, pues Dios envía al profeta a que escoja el sucesor de Saúl. Porque ya vimos el problema de Saúl, de eso hablábamos la vez pasada. El problema de Saúl. Entonces Saúl queda descartado. Cuando Saúl queda descartado, hay que elegir un nuevo rey. Entonces Dios envía al profeta Samuel. Y qué sucede, pues Samuel dice que va a ofrecer un sacrificio. Lo cual no es mentira. Tampoco es toda la verdad. Lo más importante parece que no era el sacrificio, sino ungir al otro rey. Pero bueno, en todo caso va ungir al rey.

Y mire la primera opción de Samuel. ¿Vienes en son de paz? Sí, vengo a hacer un sacrificio. Purificó a Jesé y a sus hijos y los convidó al sacrificio. Cuando llegaron, vio a Eliab y se dijo. Sin duda, ante el Señor está su ungido. Pero el Señor le dijo a Samuel, no mires su apariencia, ni su gran estatura, como quien dice ese es Dios diciéndole a Samuel otra vez, va a elegir otro altote. No se fijen en las apariencias. Se ve que Samuel tenía como esa idea de que se necesitaba alguien alto. Entonces uno se pregunta por qué Samuel le interesaba que fuera una persona alta. Pues resulta que los jefes en la guerra tienen que ser altos porque se necesita una persona que rápidamente se dé cuenta de lo que está sucediendo. Entonces, una persona que sea así, demasiado bajita, entonces no se da cuenta, no se la pilla, no, no se pilla qué es lo que está pasando, no tiene que ser alto. Y Dios le dice no te fijes, el problema no es de altura, mejor dicho, no es de altura física. Es otra altura a la que se necesita para servirme.

Entonces, primer punto para nuestra meditación de hoy es otra altura la que se necesita. Pero a ver, por qué Samuel elegía los altos, ya expliqué, porque se necesita alguien que en el combate se dé cuenta lo que está pasando. Fíjese que se parece mucho a lo que le dijo Dios al profeta Ezequiel. Te he puesto como centinela sobre la casa de Israel, que es lo propio del centinela, estar alto, estar en un lugar alto ¿para qué? para darse cuenta qué es lo que viene allá, viene un peligro, aquí viene una invasión. O sea que Dios si, nos quiere altos pero altos con la altura que Él quiere. Y esa altura es la que le muestra al profeta Ezequiel, entonces, ¿cuál es la altura que Dios quiere? La altura que Dios quiere consiste en que veamos los peligros a tiempo. Esto vale especialmente para los pastores, los obispos, los sacerdotes, los superiores. Para ver los peligros a tiempo, hay que ver a tiempo el peligro antes de que llegue. Pero segundo, para ver el auxilio a tiempo. El buen vigía no solamente ve el peligro, sino ve ah ya vienen los refuerzos. Para ver los peligros desde la distancia.

Entonces necesitamos ser gente de altura. Gente de altura que se dé cuenta de lo que está pasando. ¡Mire, mire esto viene, esto viene!. Este es un ataque que viene contra la iglesia. Uno tiene que pensar que uno es miembro de la iglesia, que hay que proteger la iglesia por la que Cristo derramó su sangre. Y uno tiene que estar muy atento. Mire bien este peligro contra la iglesia. Algunos de nosotros, hace treinta años, cuando nadie hablaba de eso, ya estábamos hablando del peligro de la nueva era hace treinta años. Algunos de nosotros, perdónenme que me ponga de referencia. Eso es fastidioso. Pero esta vez, perdónenme, pero yo debo dar este testimonio. Hace veinticinco años, con un pequeño grupo de estas consagradas que son las vírgenes seglares dominicas. Yo les dije: Acuérdense de mí. Viene una ola de lesbianismo de la sociedad. Hace veinticinco años era año noventa y siete, una cosa así noventa y seis, noventa y siete. En esa época eso ni se mencionaba ni había matrimonio de personas del mismo sexo ni nada. Pero uno lo ve. Yo lo vi venir y yo lo avisé. Y me acuerdo que estas niñas se extrañaron, incluso les pareció como un poquito exagerado, ahí viene, ahí está, ahí está, ya se metió en las comunidades y ya se metió en muchas partes. Entonces nosotros tenemos que ser gente de altura, pero esa altura no es la altura puramente humana, ni mucho menos la altura física. No esa altura puramente humana. Tenemos que tener la altura, la altura del que ve las cosas con la perspectiva de Dios. Esa es la altura que necesitamos, la altura para ver los peligros y para ver también los auxilios. No es solo que vienen peligros, también hay auxilios que Dios nos envía.

Hay otra altura de la cual nos habla San Gregorio Magno y que la hemos mencionado en una o dos charlas de nuestro retiro. Esa otra altura es lo mismo que dijo Cristo que nosotros somos como una ciudad que tiene que estar a la vista. Y dice Jesús que sean tales las obras de ustedes, que la gente que las mire, que le dé gloria, que la gente viendo sus obras le dé gloria al Padre Celestial. Entonces nosotros tenemos que tener una altura moral.

La primera altura se llama la altura del discernimiento. La segunda es la altura moral. La altura moral es que la gente vea en nosotros las siete virtudes. ¿Cuáles son las siete virtudes? Las cuatro virtudes humanas, las tres virtudes teologales. Cuando la Iglesia va a canonizar una persona, un examen que hacen siempre, a mí me tocó participar en un proceso de canonización que sigue abierto aquí en Colombia por una religiosa y entonces eso fue una experiencia de aprendizaje para mí. Mejor dicho, estoy agradecidisimo con la Iglesia y con Jesús que me permitió eso porque me permitió ver un poquito qué es lo que la Iglesia examina cuando va a canonizar a alguien. Y una de las cosas que examina es el examen de las siete virtudes. Las siete virtudes es las cuatro virtudes humanas principales de las cuales nos habla el Catecismo, es decir, prudencia, justicia, fortaleza y templanza. Esta persona era prudente, no tanto. Era una persona justa, era una persona fuerte. Qué significa fuerte, fuerte frente a la persecución, frente a la burla, frente a la tentación era una persona templanza temperada, es decir, una persona con dominio de sus propios placeres, especialmente los que tienen que ver con la comida, el sexo, la comodidad. Ese es el examen que hace la Iglesia. Entonces, prudencia, justicia, fortaleza, templanza y después las tres teologales fe, esperanza y caridad. Entonces nosotros tenemos que tener altura moral,¿qué es altura moral?, es brillar en esas siete virtudes. Hay que estar atentos a esas siete virtudes para conocer más de esas virtudes, no se pierdan lo que nos ofrece el Catecismo de la Iglesia Católica. Eso es muy bueno lo que está ahí, como todo lo del catecismo. Entonces necesitamos altura moral.

Tercera altura que necesitamos. Necesitamos altura espiritual. Observe usted cómo Moisés sube a la altura, como la transfiguración sucede en la altura. Hay que tener altura espiritual. Altura espiritual es esa relación personal constante, viva con el Dios vivo, esa relación viva con Dios. Eso se transparenta. Eso se nota cuando la persona tiene esa relación viva con Dios. Hay que tener esa altura espiritual. La altura espiritual no hay que confundirla con la altura moral. La altura moral nos da como una cierta respetabilidad, como una cierta autoridad. La altura espiritual infunde como una confianza, como un amor, como una credibilidad, como un deseo de ser como la otra persona. No confundir, porque cuando se confunde la altura espiritual con la altura moral, entonces se cae en un defecto que se llama moralismo, que es reducir la religión simplemente a portarse bien. No, la altura espiritual es algo muy importante, porque es como esa vecindad con Dios, esa vecindad con Dios. Qué expresión tan bonita como ser vecino de Dios. ¿Para qué? Para que la gente tenga ganas de decir ¡ay yo quisiera ser!, ¡qué bonito ser como esa persona! la altura moral nos hace respetables, lo cual está bien que tengamos respetabilidad, autoridad. Todo eso está muy bien, pero no es suficiente. Hay que tener altura espiritual. Entonces la altura espiritual hace que usted sea vecina de Dios y esa vecindad con Dios da como un aura, como un agrado, algo tan especial que tiene Dios, porque es que Dios es la bondad misma y eso hace que la gente quiera estar cerca.

Fíjese cómo Jesús tenía las dos cosas. Por supuesto, tenía una altura moral infinita, porque las virtudes eran perfectas en él, pero tenía altura espiritual. Por eso Jesús no asustaba, Jesús no asustaba siendo tan perfecto atraía. ¿Cómo va a ser eso? ¿Cómo es eso? Perfectísimo. Porque a veces las personas que son tan perfectas casi le producen a uno como una sensación de cierto, de cierta distancia. Son como tan perfectos. Hay santos que uno mira esos santos y uno dice no, eso está como muy difícil, espera y me leo otro santo más suave. Pero Cristo tenía la altura espiritual. La altura espiritual produce como una bondad, como una cercanía, es como una familiaridad, es como ese sentir, sabe cómo se describe eso. Esas personas que son muy poquitas, pero existen esas personas que le hacen sentir a uno inmediatamente como en casa, como que uno conoce a la persona y uno no quisiera separarse. Es una persona que irradia algo. Bueno ahí terminamos esta predicación, esta tocaba cortica.

Altura de discernimiento, altura moral, altura espiritual. Samuel, siendo quien era, tremendo profeta, tuvo que aprender. Y en donde encontró Dios ese hombre, según su corazón lo encontró en el rey David, que efectivamente tenía mucho de discernimiento, tenía mucha altura moral y tenía mucha altura espiritual. Que Dios, palabras para cerrar un poco nuestro retiro espiritual, que Dios nos conceda esa altura de manera que la altura del discernimiento no permita que nos engañen. La altura moral nos conceda servir de referencia con autoridad y la altura espiritual nos permita atraer mucha gente hacia Jesús. Amén.

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