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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Vale la pena hacer una excepción a la norma cuando se busca un bien mayor, cuando se renuncia a mí mismo y no simplemente por hacer lo que me gusta, lo que prefiero.
Homilía o022010a, predicada en 20220118, con 7 min. y 48 seg. 
Transcripción:
Había una vez un papá que era muy estricto. Él era casado, vivía con su esposa y con sus tres hijos, la mayor de unos catorce años, y luego dos niños pequeños. Y entonces este papá quería que en su casa hubiera unas reglas muy claras para educar a sus hijos de la mejor manera. Entonces él puso una regla, por ejemplo, y esa regla era, en esta casa nadie sale después de las nueve de la noche sin permiso. Bueno, algo así, el hecho es que esa regla era para poner un poquito de orden, pues para que los niños no estuvieran en la calle, para que no se demorarán tampoco en regresar si tenían alguna comida o algo. Pero resulta que la niña mayor, la que tenía catorce años, pues muy inteligente, muy despierta y como toda adolescente, bastante observadora y bastante crítica con respecto al papá. Entonces ella se dio cuenta que cuando llegó el tiempo de Navidad salieron todos para una comida y salieron como a las diez de la noche. Y entonces ella tomó atenta nota y le dijo al papá después, pero nosotros teníamos una regla que aquí nadie salía después de las nueve o nueve y media a la hora que fuera, y ahora salimos más tarde. ¿Por qué hicimos esta excepción? En otra ocasión, el niño menor de la casa se enfermó y hubo que salir para el hospital a las once y media de la noche. Entonces hubo que hacer otra excepción.
Y ese tema, el de las reglas y las excepciones, es el tema que aparece en el Evangelio de hoy, porque resulta que los enemigos de Cristo lo criticaban porque él hacía cosas excepcionales, o sea, cosas que eran la excepción, hacía cosas que no se debían hacer los días sábados. Entonces, bueno, ¿por qué las hace así? ¿Por qué? eso no está bien, eso era lo que ellos pensaban. Y la verdad que es, un gran tema aprender cuándo hay que buscar una excepción, cuándo es válida una excepción, porque tener unas normas en la casa. Todos sabemos que es necesario tener unas normas en la Iglesia, es necesario tener unos principios y normas para dirigir la propia vida. Es necesario, todos necesitamos principios, normas. Quizás la palabra te suena antipática, pero estoy seguro de que tú tienes también tus normas. Nosotros no vivimos a lo que salga. Tenemos ciertas normas, normas para tratar a las personas y para exigir como nos traten. Normas para distribuir nuestro tiempo. Para buscar nuestro descanso. Normas para saber con quién tratamos y con quién no. Cómo hacemos nuestros negocios.
Todos tenemos normas, pero el problema está en cómo manejar las normas y las excepciones. Porque, por ejemplo, en el Evangelio de hoy los apóstoles estaban arrancando espigas porque estaban realmente con un hambre terrible, arrancaban espigas, las frotaban entre las manos para dejar solo el grano, y se comían ese grano para tratar de aliviar un poco el hambre. Entonces los enemigos de Cristo, los fariseos, sobre todo, veían en eso como una especie de excepción caprichosa, mientras que Cristo ve ahí una excepción válida. Y repito, este es un tema muy importante porque vivimos en una época en que a veces se aplican las reglas de un modo absurdo y a veces se buscan excepciones de un modo absurdo.
Déjame dar un ejemplo de ambas cosas. Tomemos el caso de normas morales. Hay normas morales que son muy sanas, pero entonces pasa que algunas veces los catequistas, los predicadores, los sacerdotes, empiezan a mostrarse así como muy amplios, como quien dice a nosotros no nos preocupan las normas, porque nosotros estamos en el tiempo de la Nueva Alianza, estamos en la libertad del espíritu, estamos en el tiempo del Evangelio y entonces vuelven las excepciones, asunto de capricho. Entonces enseñan cualquier cosa. Por ejemplo, enseñan mira, realmente eso de tener que ir a misa, esa es una norma que no, pues si tú realmente no quieres ir a misa, pues entonces no, otros van más allá en cosas más serias. Si tú quieres tener relaciones con tu novio, con tu novia, si tu quieres masturbarte, es decir, eso no es pecado, eso no es problema, para ellos la excepción la marca la persona prácticamente como se le dé la gana. Eso no es sano. Pero hay otras personas que utilizan las normas de un modo opresivo.
Por ejemplo, nos dimos cuenta a lo largo de la pandemia cómo se aplicaban unas normas súper estrictas con los templos. Que la gente tiene que estar distanciada no sé cuánto tiempo, no sé cuánta distancia. Y luego resulta que, por ejemplo, en los centros comerciales no se aplicaba eso. O sea, la norma estricta, incluso absurda, aplicada muchas veces en las iglesias y en otras partes no.
Entonces, cómo reconocer esas verdaderas, las auténticas excepciones, como es el caso de los discípulos de Cristo en este Evangelio, cómo reconocerlo, pues mira, hay dos criterios básicos. No podemos hacer aquí todo un tratado, pero hay dos criterios básicos. Primero tiene que ser en la búsqueda de un bien mayor, no simplemente lo que a mí me gusta, lo que yo prefiero, lo que a mí me da la gana. El argumento no son tus ganas ni las mías. El argumento no es tu capricho ni el mío. Tiene que haber un bien mayor. Por eso, cuando ese papá sale con el hijo menor enfermo, once y media de la noche, está rompiendo materialmente la norma. Pero es que hay un bien que es mucho mayor, que es la salud. Y luego te pones a pensar y hay otro criterio y ese otro criterio es muy relacionado con el anterior, la capacidad de renunciar a nosotros mismos. Es decir, si la norma se rompe simplemente para mi ventaja seguramente es un rompimiento ilícito de la norma. Pero si hay una renuncia de mí mismo, si no es por mi ventaja, si no es por mi bien en ningún sentido, si no se complementa con lo anterior por un bien mayor, entonces puede tener realmente una razón de ser. Esos son principios que nos ayudan a entender cuándo vale la pena hacer una excepción a la norma. Y ahí vamos aprendiendo todos. Dios te bendiga.

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