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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cuando Samuel, el profeta, debe proceder a la elección del sucesor del rey Saúl, Dios le adiestra la mirada con varias lecciones: (1) No te fíes de tus ojos, que pueden quedarse solo en las apariencias. (2) Los ojos de los demás no necesariamente muestran su verdad y sus intenciones; hay mucho regalo en esta tierra. (3) Pregúntate qué intereses de otras personas hay en juego en la decisión que debes tomar. (4) Ten cuidado de aquellas personas que ven el mundo solo en clave de ganar o perder; prefiere a aquellos que buscan más el bien común. (5) Atento a las personas que tienen su corazón sabido a trascender y recibir la obra de la gracia.
Homilía o022009a, predicada en 20200121, con 21 min. y 57 seg. 
Transcripción:
Mis hermanos. Considero especialmente interesante, en la primera lectura. Como Samuel, profeta de Dios, tiene un proceso a lo largo de la elección del que debe suceder a Saúl. Hemos visto en el texto de ayer en la misa por qué Dios rechaza a Saúl. Resulta que Saúl se ha blindado contra la Palabra de Dios, interpreta como quiere lo que Dios dice y luego justifica su comportamiento. Estas dos acciones de Saúl le hacen impermeable a la Palabra divina. Ese es el rechazo de Saúl hacia Dios. Y entonces este Dios rechazado queda por fuera del plan de vida de Saúl y Saúl queda por fuera del plan de salvación de Dios. Recordemos que Saúl era una persona que destacaba por sus cualidades. El papá de Saúl se llamaba Kish y él pertenecía a la tribu de Benjamín. Saúl era un hombre entrenado en la batalla, en la guerra, desde su juventud. Eso lo sabemos por la descripción que hace la Biblia de él con motivo del combate con Goliat. Así que Saúl era un hombre de guerra. Claramente tenía cualidades para el combate. Y era, por decirlo de alguna manera, un líder natural. Varias veces se habla de la altura de Saúl. Dice, por ejemplo la Biblia sobresalía de los hombros para arriba, por encima de todo Israel. Es decir, que le llevaba considerable estatura a cualquier otro israelita que le pusieran cerca. Alto, fuerte, entrenado para el combate, Saúl era lo que podríamos llamar un líder natural. Ese fue el primer elegido de Dios a través de Samuel. Pero ahora Dios quiere elegir otro tipo de rey. Y como el instrumento para esa elección va a ser el profeta Samuel, entonces Dios tiene que educar los ojos de Samuel. Eso es lo que encontramos en la primera lectura de hoy. Dios educando los ojos de Samuel para que vea las cosas no simplemente desde el exterior, sino que pueda, aunque sea un poco, acercarse a la manera como Dios nos ve a los seres humanos, es decir, a la manera como Dios ve el corazón. Se trata de educar la mirada, ese es el tema de esta lectura. Observe cómo empieza, cómo empieza el proceso de elección. Dice que Samuel preparó a la gente para ofrecer un sacrificio. Purificó a Jesé y a sus hijos y los invitó al sacrificio. Cuando estos llegaron, vio a Eliab. Eliab era hijo de Jesé y Samuel pensó para sus adentros. Este es el punto de partida en la educación de la mirada de Samuel. Samuel pensó para sus adentros seguro que está su ungido ante el Señor. Está su ungido ante el Señor. El Señor le dijo, No te fijes en su apariencia y mire lo que le añade, ni en lo elevado de su estatura. Como quien dice, No busques otro Saúl. No te quedes mirando lo que antes viste. Vamos a avanzar en la educación de tu mirada Samuel, eso es lo que le está diciendo Dios. Tú quieres en este momento elegir la continuación de Saúl, y yo quiero traer la novedad de David. Samuel es un hombre dócil a la inspiración de Dios, como buen profeta que es. Y entonces Samuel aprende la lección y empieza un proceso de educación de su mirada. El Señor le dice, No se trata de lo que vea el hombre. El hombre mira a los ojos, mas el Señor mira el corazón. Es interesante esta traducción, porque usualmente uno piensa que los ojos son las ventanas del corazón. Y aquí viene un segundo elemento en la enseñanza de Samuel. Si, los ojos deberían ser las ventanas del corazón. Pero resulta que en un mundo donde existen tantas mentiras, como es este mundo nuestro, muchas veces, de una manera consciente o inconsciente, disfrazamos lo que sentimos, lo que queremos, lo que pensamos. De manera que ya los ojos no son ventanas del corazón. Es decir, no se puede presumir que uno con solo ver a una persona a los ojos ya sabe lo que está sintiendo, pensando, deseando, no se puede llegar a esa conclusión. Entonces, realmente la lección es más que superar las apariencias. Se trata de descubrir que se requiere de un don, porque incluso donde parecía que debía estar la sinceridad, se cuela también el engaño, se cuela la mentira. Jesé llamó a Abinadab, otro de sus hijos, lo presentó a Samuel. Samuel, entonces ya tiene ese doble entrenamiento, no quiero la continuación de Saúl, no quiero pensar que es simplemente una persona fuerte a estimación de mis ojos. Y tampoco me puedo fiar solamente de lo que muestre en sus ojos. Abinadab. No me puedo quedar con eso. Y esa especie de desconfianza de Samuel le sirve para encontrar una nueva docilidad, una docilidad muy profunda al querer de Dios. Tampoco a éste lo ha elegido el Señor, dice Samuel. Jesé le presenta entonces a Samá otro de sus hijos. Usted se da cuenta que lo que hay en común aquí, en estos tres primeros candidatos, con esos nombres tan extraños para nuestros oídos. El primero se llamaba Eliab, el segundo Abinadab, el tercero Samá. ¿Qué hay en común en estos? Hay en común que es Jesé el que los está presentando, claramente Jesé tiene sus preferencias, claramente Jesé se siente orgulloso de esos hijos a los que presenta en primer lugar, Eliab, Abinadab, Samá. Y luego sigue presentando a los demás hijos. Y Samuel le responde, El Señor no ha elegido a éstos. Entonces ahí viene otra lección para educar la mirada. El que estaba presentando los candidatos era Jesé. De modo que hasta cierto punto, las preferencias, los gustos, de Jesé pretendían condicionar esta elección. Esa es otra enseñanza para Samuel. Samuel está educando su mirada. Podríamos decir, en un lenguaje más moderno que Samuel se da cuenta, aquí hay intereses. ¿Cuáles son los intereses que están en juego aquí? ¿Cuáles son los intereses en juego? Y Jesé es el que tiene intereses claramente, pues él va a ser el papá del nuevo rey, y él quiere que quede una persona que sea cercana a su corazón, a su manera de pensar y de actuar. Posiblemente quiere tener un grado de influencia sobre ese nuevo rey que Dios va a elegir. Pero lo que quería Jesé no funciona. Samuel está demasiado pegado al corazón de Dios y no se va a dejar convencer así nomás. Samuel entonces pregunta ¿No hay más muchachos? Esa pregunta es la que saca a Jesé de sus preferencias, porque Jesé tenía su lista de preferencias uno, dos, tres, hasta siete. Pero en su lista de preferencias no estaba, no estaba David. David parece que ni siquiera lo contaba como hijo. Es muy triste ese comienzo de la historia de David. No lo tenía con los demás hijos, no lo llamó para ofrecer el sacrificio junto con Samuel. Claramente era el hijo descartado, era el hijo marginado. Pero la pregunta de Samuel saca a Jesé de sus preferencias, lo saca de su capacidad de influir en la elección. ¿No hay más muchachos? Pregunta Samuel, obligado por la pregunta Jesé tiene que decir la verdad. Queda, el menor está pastoreando el rebaño. La respuesta de Samuel tuvo que sonarle muy fuerte a Jesé. Manda a buscarlo, no nos sentaremos a la mesa mientras no venga. Jesé mandó por él y lo hizo venir. Era rubio, de hermosos ojos y buena presencia. ¿Quiere decir que ahora Samuel toma como criterio una cierta belleza? No, no debemos pensarlo así. Sobre el buen aspecto de David, hay que decir dos cosas. Primero, que este hombre tan bien parecido no es un guerrero. El guerrero tiene sobre todo si ha sido entrenado desde muchacho, tiene una mirada, una mirada fuerte, muchas veces agresiva. Las personas que están entrenadas en la guerra adquieren una cara usualmente, una cara dura, porque su vida es dura y porque están acostumbrados a manejar el dilema del soldado o mato o me matan. Y este continuo dilema, repetido tantas veces en la vida de los guerreros, hace que sus caras y su aspecto sea agresivo. Esa agresividad, esa dureza, ese fruto del entrenamiento como soldado, eso es lo que no tiene David. Entonces, una parte que debemos entender de la buena presencia de David es que no tiene aspecto de soldado. No tiene aspecto de soldado. Y lo segundo en la Biblia, con mucha frecuencia la belleza física se ve en unión con la obra de la gracia. Esto se nota más en las mujeres, pero hay algunos casos en los hombres, como pasa aquí con David. Efectivamente, si uno mira historias de mujeres como Judith, como Esther, uno se da cuenta de que son mujeres bellas. Es verdad que la belleza puede ser engañosa, como fue el caso con Dalila, o como fue el caso con la hija de Herodías, ya en el Nuevo Testamento. La belleza puede ser engañosa, pero también hay una unión entre la belleza del alma y la belleza del cuerpo, una belleza corporal que no necesariamente es de proporciones escogidas y exquisitas si no es, por ejemplo, la belleza que tiene un rostro en paz, un rostro que no cuesta, que no tiene dificultad en sonreír y en querer agradar. Tal es la belleza que podemos suponer aquí de David. Entonces Samuel ve a este último de los hijos de Jesé y recibe el encargo del señor, úngelo de parte del Señor, es este. Y así se elige a David, el rey más importante, sin ninguna duda. El rey más importante del Antiguo Testamento. El rey que va a servir de referencia incluso para el Mesías. Usted recuerde que el título con el que se saluda al Mesías en el Nuevo Testamento es, Hijo de David, como quien dice en ti se refleja el corazón y la manera de ser y de vivir de David. Ese hombre tan importante en el Antiguo Testamento es el que vemos cómo fue elegido en este pasaje de hoy. O sea que es un pasaje bastante importante. Tratemos de recopilar las enseñanzas que recibió Samuel. ¿Cuál fue el entrenamiento que tuvieron sus ojos? Y nos damos cuenta que fueron como unas cinco lecciones. La primera lección es, usted no se fíe de las apariencias, porque muchas veces las personas le pueden parecer a usted fuerte, fuerte o le pueden parecer inteligentes o le pueden parecer muy sociables. No se quede solo con esas apariencias. Podríamos decir que la primera lección es, usted necesita, usted debe desconfiar de sus propios ojos. Segundo, tampoco le crea mucho. Las primeras tres lecciones son como negativas en el sentido de advertencias. Entonces, primero, no se fíe de sus ojos. Segundo, tampoco se fíe de los ojos de la otra persona, porque hay mucho engaño en el mundo y fácilmente la gente se presenta como lo que no es. Entonces, no se fíe solamente de sus criterios, no se fíe de lo que la gente presenta, porque muchas veces los ojos no son ventanas del corazón. Tercero, piense cuáles son los intereses que están en juego, ¿Quién puede quedar beneficiado con esta elección? ¿Quién sale ganando con esto? o ¿Quién se quiere que, pierda con esta elección? Ese es el tercer elemento. Examine bien qué intereses están en juego. Cuarto elemento, ya entonces entramos a la parte positiva. Necesitamos una persona que no se caracterice en primer lugar por la batalla. Fíjate que uno de los problemas de Saúl fuese como Saúl, era un guerrero. Él veía el mundo en términos de ganar o perder. Tarde o temprano, la persona que ve el mundo como ganar o perder se va a encontrar con un dilema como el que tuvo Saúl, en el cual Dios le dice entrega en sacrificio todo el botín de los amalecitas, como quien dice ellos van a perder claramente, porque van a ser derrotados, pero tú no vas a ganar, ese fue el problema con Saúl. Tú no vas a ganar. Ellos van a perder, pero tú no vas a ganar porque todo se va a ofrecer en sacrificio. Y cuando, le llegó ese momento a Saúl. Saúl, un soldado acostumbrado a que o se gana o se pierde. Pues para la lógica de Saúl, si ellos perdieron, yo gané. Y si yo gané, pues el botín también es mío. Entonces, cuarta lección, cuidado con la lógica del ganar o perder. Esa lógica es peligrosa. Dicho de manera positiva, prefiere una persona, una persona que quiera que todos ganen. Una persona que se preocupe no solo de ganar él, sino que en la medida de lo posible, todos ganen. Y de hecho eso va a ser David. Fíjate que David no exterminó, por ejemplo, a los enemigos de Israel. Su obsesión no era exterminar a los filisteos, como sí era una obsesión de otros líderes en Israel, por decir algo. Sansón. No, la obsesión de David no era exterminar a los filisteos, sino más bien llegar a una situación en que acabara la guerra con los filisteos, y eso fue lo que logró. Logró poner paz en las fronteras. Entonces busca una persona que tenga por encima el bien común. Y por último, quinta lección, busca una persona que entienda el lenguaje de la gracia, una persona que tenga su corazón abierto a la acción de Dios. Efectivamente, David en su labor de pastoreo pasaba por grandes peligros y de esos grandes peligros los libró Dios y por eso David tenía el corazón adiestrado, podemos decir, para la acción de la gracia era sensible a la presencia y al auxilio de Dios. Bueno, yo creo que casi sobra decirlo, pero estas lecciones que Dios le dio a Samuel también nos sirven a nosotros. Si uno aplicara estas lecciones en su vida, yo creo que todos somos llamados a aplicarlas. Uno escogería mejor a sus amigos, escogería mejor con quien trabaja, escogería mejor a los líderes políticos. Incluso las personas que se sienten llamadas a formar una familia escogerían mejor su pareja. Pidamos al Señor que entre la sensatez, la sensatez divina en nuestros corazones, que su espíritu de sabiduría nos guíe y que estas lecciones queden también para nosotros. Amén.

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