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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Riqueza del mandamiento de "santificar las fiestas."
Homilía o022005a, predicada en 20140121, con 5 min. y 0 seg. 
Transcripción:
Hermanos queridos, la reflexión que deseo compartir en torno al Evangelio que hemos escuchado el día de hoy, tomado del Capítulo Segundo de San Marcos, proviene de algunos textos del Papa Benedicto XVI, concretamente en el primer tomo de su obra sobre Jesús de Nazaret. El Papa Benedicto reflexiona sobre lo que quería decir el sábado y sobre cómo la obra de Cristo y la Palabra de Cristo en este sábado específico, son profundamente reveladores de quién es Él y qué ha venido a hacer a esta tierra. Ante todo, ¿Qué es el sábado? Interpretamos el sábado como día de descanso. Interpretamos el sábado también como un día que tiene que ser santificado. Muchos recordamos la lista de los mandamientos de la ley de Dios diciendo, que el tercero de esos mandamientos es santificar las fiestas. Y entendemos que ese mandamiento es como la herencia que nos queda de aquello que dijo Dios a su pueblo elegido sobre el sábado. Es decir, es un descanso y es un descanso santo, lo cual quiere decir que no es simplemente descansar en el sentido de dejar de trabajar. Es un descansar, para hacer santo el tiempo, santificar las fiestas. ¿Cómo se hace santo el tiempo? ¿Cómo podemos santificar el tiempo? Para los judíos, el día principal era el sábado, para nosotros los cristianos, por una tradición que se remonta al día mismo de la Pascua, el día principal es el de la resurrección de Cristo el domingo. Pero la pregunta que vale para los judíos, vale también para nosotros. ¿Qué es santificar ese día especial? Algunas personas consideran que todo se refiere simplemente a asistir a la misa. No es malo, es muy bueno, diría yo que es un buen comienzo. Y es una cumbre muy elevada de nuestra fe. No tenemos nada mejor que la Eucaristía, eso está clarísimo. Pero eso es todo lo que hay que hacer. ¿O realmente con eso ha quedado santificado el domingo? El único santo es Dios, según la Escritura. Y por eso nosotros somos santos solamente en comunión, en amistad, en cercanía, en relación con Él. O sea que el propósito principal del sábado es abrir un espacio para que la vida no se nos vuelva únicamente producir cosas y consumir cosas. Para salir de ese círculo de producir y consumir. Hay que detenerse un momento a los obreros y a las obras. Hay que detener las máquinas, hay que parar. Y cuando paramos, nos damos cuenta de que somos más que nuestras máquinas, más que nuestros productos, más que nuestra producción y que nuestro consumo. Descubrimos que somos más, que valemos más, que significamos más, que hay en nosotros una mayor dignidad cuando nos acercamos así al Señor. Y por eso este mandamiento tiene que ver con la verdad de Dios y tiene que ver con el ser más profundo nuestro. No somos máquinas de producción. Hay un problema, sin embargo, un problema no, una buena noticia. Cristo dice, que el Señor del sábado. Cómo puede Él interpretar de esa manera un mandato que viene de Dios y que describe la santidad de Dios y la comunión en esa santidad que nosotros tenemos, ¿Cómo puede darse eso? Solamente si el que nos habla es Dios, solamente si Cristo es Dios.

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