Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Homilía o022003a, predicada en 20100119, con 35 min. y 29 seg.

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Transcripción:

Amados hermanos, la primera lectura de la Misa durante estas semanas iniciales del año nos cuenta cómo empezaron los reyes en Israel y en Judá. El hombre clave fue Samuel, Samuel fue el último de los llamados jueces y fue el que abrió, podemos decir esa etapa en la historia del pueblo de Dios, la etapa de los reyes. El primer rey se llamó Saúl, era un hombre fuerte, sumamente alto. Dice la Biblia que de los hombros para arriba sobresalía delante de los demás hijos de Israel, era alto, era fornido, se le veían podemos decir sus cualidades, se le veía su fuerza, su liderazgo, su apariencia era grande.

Pero luego resultó que el corazón de Saúl no era tan dócil a Dios. Saúl empezó a interpretar a su manera las palabras que Dios le daba por medio del profeta, por medio de Samuel. Y usted sabe que a través de la interpretación de las palabras se puede retorcer el sentido de lo que le mandan a uno. Y eso fue lo que hizo Saúl y fue volviéndose cada vez más caprichoso, más soberbio, más autosuficiente, más violento, hasta el punto que hemos oído en la primera lectura de hoy, que el mismo Samuel, el cual lo había ungido rey, ya le tenía miedo a Saúl, porque ya Saúl no le importaba gobernar en nombre de Dios, sino ya lo que le importaba era mandar ya la parte de que, en el nombre de Dios o de parte de Dios, ya eso le importaba, como decimos popularmente, un pepino. No le interesaba, no le llamaba la atención. Ahora Saúl únicamente tenía atención para sí mismo. Su corazón estaba lleno de sí mismo, no estaba lleno de Dios. Finalmente, Saúl cayó en abierta desobediencia hasta el punto de invocar muertos. Cayó en el espiritismo. Uno de los pecados más repugnantes ante los ojos de Dios. Saúl cayó en el espiritismo porque fue resbalando por esa pendiente. Usted sabe que esa característica tiene el pecado, que empieza como algo pequeño, pero va ganando fuerza, va ganando fuerza y termina uno realizando cosas que no se hubiera imaginado.

Así pasa con los demás pecados. Por ejemplo, una persona iracunda, si no aprende a dominar su temperamento, un día resulta matando a alguien. Una persona de ojos impuros, si no termina aprendiendo a gobernar los ojos, un día se le van esos ojos detrás de cualquiera y resulta destruyendo el hogar, y resulta con hijos por todas partes. Y fíjate, todo empezó con unas miraditas. Pero el pecado es así. Empieza chiquito, pero va ganando fuerza, va ganando impulso. Y con ese impulso y con esa fuerza, al final arrasa con todo. Eso le pasó a Saúl. Saúl empezó con desobediencias chiquitas y justificándose. Pero una vez que admitió el pecado en su vida, el pecado fue creciendo, creciendo, ganando fuerza, ganando fuerza. Y llegó el punto en el que acabó con la vida de Saúl. De manera que Dios rechazó a este primer rey. El rey, que tenía una apariencia grande, era alto, era cuajao, fortachón, pura apariencia. Era fuerte, pero puso esa fuerza al servicio de sí mismo. No puso esa fortaleza en obediencia a Dios. Y esta es la gran lección que nos deja Saúl.

Se puede resumir en esa frase que se encuentra precisamente en este libro de la Biblia que estamos leyendo. Ese libro se llama El primer libro de Samuel. En ese primer libro de Samuel se resume la tragedia de Saúl con estas palabras Más vale la obediencia que los sacrificios, porque Saúl, en cierto momento de su vida, creyó que podía resolver todo ofreciéndole grandes sacrificios a Dios, como queriendo comprar a Dios. Dios no tiene precio, Dios no está a la venta y a Dios nadie lo soborna. Entonces el mismo profeta Samuel, a un cierto punto le dijo a Saúl Más vale la obediencia que los sacrificios. Y otra manera de entender esa frase es esta El sacrificio que Dios verdaderamente quiere es que seamos obedientes a su voluntad, a sus mandamientos.

Entonces la historia de Saúl, que fue el primer rey, fue una historia que acabó mal, bastante mal. Y quedaba el problema de ¿ahora qué se hacía?, ¿dónde conseguir otro rey? Pero ya Samuel como que había aprendido la lección. El primer rey que eligió Samuel fue Saúl, que era hijo de un hombre llamado Quis. Y Saúl era de mucha apariencia, pero de poca sinceridad en el corazón.

Entonces, la primera lección que aplica Samuel cuando tiene que buscarle el reemplazo a Saúl, es una frase que hemos oído en la primera lectura de hoy. Y esa frase es No te fijes en las apariencias. Dios no ve como los hombres que ven la apariencia. El Señor ve el corazón. Es decir, Samuel ha aprendido una lección, las solas apariencias no son suficientes, es necesario que lo íntimo de nuestro ser, esa zona que la Biblia llama el corazón. Lo más importante es que el corazón le pertenezca a Dios. Lo más importante es que interiormente, de cara a Dios, aún cuando nadie nos esté mirando, nuestra vida esté en amorosa obediencia al Señor. Y esto es muy interesante, porque a través de esta historia de Saúl y de David queda una lección que vale no solamente para los israelitas y que vale no solamente para aquella época, sino que vale para todos los tiempos a partir de este momento en la Biblia y para todos los libros de la Biblia que siguen, ese tema del corazón va a ser supremamente importante. Dios conoce el corazón, Dios escruta el corazón, a Dios nadie le engaña porque Dios sabe lo que hay en el hombre.

Por cierto, este es uno de los elogios si podemos hablar así que se hacen de nuestro Señor Jesucristo. Nos dice el evangelista Juan en el capítulo segundo que Jesucristo no necesitaba que le dieran referencias de nadie, porque él sabía lo que hay en el hombre. Esta expresión es sin duda una proclamación de la divinidad de Jesucristo. Para aquellos que tontamente niegan la naturaleza divina del Señor, por favor tomen nota de esto que estamos diciendo. Esto que dice el evangelista Juan, que Jesús no necesitaba que le dieran referencias de nadie porque él conocía lo que hay en el corazón. Esto no es otra cosa, sino una afirmación clara de una prerrogativa típicamente divina solo Dios penetra el corazón.

Entonces, la lectura de hoy nos invita a descubrir también dentro de nosotros el misterio de esa interioridad, el misterio de ese corazón. Porque así como David tiene un corazón que le agradó a Dios, por lo menos muchas veces y en muchas circunstancias, así como Saúl en cambio tuvo un corazón que fue rebelde, cada uno de nosotros también tiene su corazoncito, como dice el dicho. Pero hay que tener en cuenta que la palabra corazón, como la solemos entender hoy en día, se refiere casi siempre a los sentimientos. Por ejemplo, el amor. Sentir uno que ama, que tiene un corazón lleno de amor, o un corazón triste, o un corazón lleno de esperanza, o un corazón lleno de alegría. Nosotros solemos relacionar el corazón con sentimientos, alegría, amor, esperanza. En cambio, en la Biblia, el corazón, repito, es como la zona interior de tu vida. El corazón es aquello de ti, aquello que es tuyo y que nadie conoce, aquello que es tuyo y en donde tú tienes poder para decidir. Y el descubrimiento de que uno tiene esa área interior, el descubrimiento de que uno tiene un corazón, pero no corazón en el sentido del órgano que tiene sístole y diástole, ni corazón en el sentido de tener sentimientos, sino corazón en el sentido del recinto interior de tu alma. Tú tienes ese recinto y descubrir el corazón, descubrir que uno tiene el corazón, es descubrir que uno puede vivir en la verdad. Es descubrir que uno puede vivir en la obediencia. Es descubrir que uno puede vivir o puede renunciar a vivir en amistad con Dios.

Déjenme, mis hermanos, comentar un poco sobre cómo descubrir el corazón, porque la gran diferencia entre un niño y un adulto no está en los años. Hay adultos que tienen veinticinco, treinta, cincuenta años y lo que son es niños grandotes, pero siguen siendo niños no se conocen a sí mismos, no han aprendido a descubrir su propio corazón. Crecer, madurar es descubrir el propio corazón y es poner ese corazón en la presencia. Bajo la influencia benéfica de los rayos de sabiduría, de gracia y de amor de Dios, eso es madurar, eso es llegar a una vida adulta según el querer de Dios. Cómo puede uno descubrir el corazón, el corazón propio, es decir, esa zona interior que está llamada a ser el lugar del encuentro con Dios. Ese corazón se puede descubrir por muchos caminos. Y déjenme comentarles algunos de ellos, porque es importante que nuestra vida cristiana no se quede en la exterioridad. Nos mandaron a hacer esto y lo hacemos en la exterioridad de la pura costumbre. Lo que suele haber es miedo. Repito lo que se acostumbra por no quedar mal o porque no me regañen pero Dios lo que quiere es que el corazón le pertenezca. Y para eso lo primero es descubrir que uno tiene ese corazón. Es decir, que en cada uno de nosotros hay una zona especial, hay un recinto interior, hay un espacio en el alma que está reservado para la verdad, para el silencio, para la escucha, para el encuentro con Dios. ¿Cómo puede uno encontrar el corazón? Bueno, vamos a dar algunas pistas. Jesús nos dice en el Sermón de la montaña, nos lo dice varias veces Tu Padre que está en lo escondido te lo pagará. Lo escondido es una de las maneras de referirse a esos caminos que llevan a esta realidad íntima interior que se llama el corazón. ¿Qué es lo escondido? lo escondido es la respuesta a esta pregunta ¿cómo eres tú cuando nadie te está viendo? esa es una manera de empezar a descubrir el corazón. ¿Cómo eres tú cuando nadie te está viendo? ¿cómo eres tú, cuando no hay quien te regañe, quien te vigile, quien te aplauda, quien te anime o quien te desanime? ¿cómo eres tú? Tú, no en respuesta al papá para no ponerlo bravo, no en respuesta al Prior para que no se me disguste. No en respuesta al policía, para que no me castigue. No en respuesta al juez, para que no me condene. No en respuesta a mis amigos, para que no se desanimen de mí. No en respuesta a mis enemigos, para no desanimarlos a ellos. ¿Cómo eres tú cuando nadie te está viendo? ¿cómo eres tú, cuando no hay nadie criticándote?, pero tampoco nadie aplaudiéndote. En esa soledad, en esa privacidad, ahí se descubre el propio corazón. Por eso, uno de los principales y más importantes caminos para descubrir el corazón es la soledad. Soledad que a veces uno la puede buscar, como por ejemplo en un retiro espiritual, soledad que a veces simplemente se da porque hay trabajos en los que a uno le toca estar muy solo muchas horas o porque a veces la vida lo deja a uno solo muchas horas o muchos días. Qué pensamientos cruzan tu mente cuando no hay nadie aplaudiendote, engañándote, animándote, desanimándote. Cómo eres tú en esos momentos cuando se acaban las apariencias, cuando no tienes que buscar convencer a nadie de nada.

Yo les voy a dar ejemplos propios para que sepamos de qué estamos hablando. Por ejemplo, la oración cuando nadie te está viendo, nosotros, los religiosos, se supone que tenemos que orar por la mañana, por la tarde, por la noche. Tenemos oraciones especiales que no deberían ser solo para los religiosos, porque es oración para todo el pueblo de Dios. Se llama la Liturgia de las Horas. Bueno, cuando nadie te está viendo, tú que eres un religioso o una religiosa, ¿oras? y ¿cómo oras? y ¿con qué corazón oras? Porque mantenerse uno en un cierto ritmo de oración como para que la comunidad lo vea. Eso es apariencia. Pero cuando estás solo, por ejemplo, cuando pasas unos días solo porque estás viajando, porque estás en misión, porque estás donde sea, ¿haces oración? ¿cuál es la calidad de tu oración? yo les confieso que muchas veces me descubro un gran mediocre en mi oración. Dónde se ve que el corazón mío está muy crudo delante de Dios, yo no soy gran cosa ante Dios, porque se ve que cuando nadie está ahí cerca para mirar, para juzgar, para aplaudir, entonces la calidad de la vida de Fray Nelson Medina decrece. ¿Eso qué significa? Que este hombre, este predicador que les está hablando, tiene un corazón que necesita convertirse, que necesita acercarse más a Dios.

Otro ejemplo, hay un dicho que dice bajo mi sayo o bajo mi capa al rey mato. Eso qué quiere decir, que hay muchas personas que no son capaces de llevar obras, pensamientos a la vida real, a las obras, pero en su interior juzgan, maldicen, critican, reniegan de otras personas cuando nadie los está viendo. Esto es lo que el filósofo Nietzsche llamaba la triste venganza del cobarde. Como no se atreve a enfrentarse en pelea con el otro, entonces allá, cuando nadie lo está viendo, entonces tiene rabia y aprieta los dientes y maldice y le desea el mal y ojalá que le vaya mal. Pues eso que está indicando eso está indicando dos cosas un corazón picho podrido y además cobarde, un corazón cobarde. Eres tú una de esas personas que cuando se quedan solas reniegan, critican, envidian, maldicen ahí, ahí, ellas metidas, quizás metida en su cocina, quizás metida en su lavadero, quizás metido en su taller, quizás metido en su automóvil, reniega, critica, maldice, del jefe, del primo, del cuñado, del amigo, del vecino y que nadie me oiga. Pero es que es un tal por cual. Eres un cobarde hermano y tienes un corazón picho eso se llama un corazón podrido.

Dios conoce lo que tú dices en privado y en público. Eres de las personas que tienen su corazón malos sentimientos, pero no los atreves a sacar. Eres un cobarde y un cobarde que apesta y tu corazón hiede y el hedor lo siente Dios. Porque a Dios no se le engaña. Esto es conocer el corazón. Cómo soy yo cuando nadie me está mirando, cómo soy yo cuando nadie me está aplaudiendo, nadie me está criticando. Hay veces incluso que la gente se junta para murmurar y entonces el pecado ya es triple, porque es la podredumbre de un sentimiento malo más la cobardía de no expresarlo al interesado, más la complicidad de asociarse con otros para murmurar. Cuando se reúnen dos o tres, a veces esposo y esposa, este espectáculo grotesco lo he visto con mis propios ojos. Hay veces que esposo y esposa se juntan para murmurar, murmurar de los vecinos, murmurar de conocidos o del trabajo de lo que sea. Ten cuidado con lo que haces con tu boca, porque las palabras sucias y las maldiciones que salen de tu boca. Cuidado, no vayan a caer sobre tu cabeza. Hay gente que se pregunta por qué le salen mal muchas cosas en la vida. Yo me pregunto si no será que se le están devolviendo tantas palabras asquerosas, tantas palabras de agresión, tantas palabras de insulto, tantos juicios implacables que han arrojado sobre el mundo entero. Ten mucho cuidado con esas palabras, pero antes de las palabras vigila tu corazón.

Porque aquí viene otro criterio importantísimo que nos dio Jesucristo. Jesús dice: De lo que abunda el corazón habla la boca. Fíjate, el primer criterio para conocer el corazón es esta pregunta ¿cómo soy yo cuando nadie me está mirando? El segundo criterio para conocer el corazón es ¿cómo son mis palabras?, si tú eres de aquellos que anda con el chistecito de doble sentido, la vulgaridad, la obscenidad y todo, te parece simpático, si es así, medio vulgar, ya sabes de qué está hecho tu corazón. Tu corazón está hecho de impureza, de lo que abunda en el corazón, hablan los labios, nos dice el Señor Jesucristo. Si tú eres de aquellas personas que agarra un teléfono para sentarse a hablar con la amiga y te puedes pasar cuarenta y cinco minutos rajando, como decimos en Colombia, rajando de todo el mundo, hablando mal de la otra amiga, la vecina, la suegra, el esposo. Hay mujeres que se sientan al teléfono para hablar mal de los respectivos esposos. Primero habla la una y cuarenta minutos de toda la vida terrible que le da el esposo y cuando esa termina ya se descargó, ya sacó toda la bilis que tenía, todo lo que se le podría por allá en el corazón. Entonces viene la otra y sigue su turno, hablar mal del otro esposo. Claro que yo entiendo que uno tiene que desahogarse, pero la manera de desahogarse no es esa. ¿Qué queda después de toda esa grosería, de todo ese espectáculo grotesco de murmuración? ¿qué queda después de eso? queda amargura en el alma, queda desesperanza. Esos no son frutos de Dios. Por supuesto que una esposa puede sentir mucho dolor. Claro mucho, mucho dolor porque está sufriendo con su esposo. Pero la manera de obrar no es dedicarse a hablar mal del esposo. Por ejemplo, hablarle a la mamá, llamar a la mamá y decirle mamita, figúrese que mi esposo hizo esto, hizo esto y hizo esto. Esperando a que la mamita le diga suélte a ese mi hijita, venga para acá que usted tiene su casa. Cuántos matrimonios no se han acabado por eso, porque todo empieza con una murmuradora del esposo. Muchas veces la primera respuesta que debería darles la mamá es pues la manera hija mía, la manera de abordar ese problema es otra, hagamos esto, recemos por esto. Yo entiendo el dolor que tiene, pero venga a ver cómo podemos solucionar eso. Si tú te pones en el plan de únicamente hablar de los defectos, los problemas, las heridas, los dolores que te causa tu pareja, lo que le estás diciendo al mundo entero es sáquenme de aquí. Y no faltará el que te proponga entonces que pierdas lo poco o mucho que habías logrado en ese matrimonio.

Llevamos dos criterios. ¿Cómo eres tú cuando nadie te está mirando? Pero yo no estoy hablando aquí, cuando uno tiene el radio encendido, la televisión encendida o cuando tiene esos audífonos aquí metidos. No, porque ahí no hay ni tiempo de pensar. Yo pienso que cuando una persona se enchufa a la televisión a mirar la telenovela, pues eso es darle el descanso eterno a las neuronas, ahí mueren eso, ahí no queda pensamiento vivo. Pero yo estoy hablando, es cuando uno está solo pero no está enchufado, enchufado a un radio, a un iPod, a un reproductor de mp3 o mp4, a un televisor, a un equipo de sonido. Cuando uno no está enchufado y está solo, ahí uno conoce el propio corazón.

Luego lo que nos dice Jesús de lo que abunda en el corazón habla la boca. Y le voy a dar un tercer y último criterio. Ese lo aprendí hace poquito de un amigo norteamericano que es consejero allá en su iglesia. Y dice él lo siguiente me parece muy buena su comparación. Cuando tú aprietas una naranja, ¿qué sale? jugo de naranja, cuando tú aprietas un limón, sale jugo de limón y así sucesivamente. Cuando tú aprietas un corazón, sale lo que hay en el corazón. Por ejemplo, me pasó esta anécdota. Yo tenía, bueno, todavía tengo una amiga muy buena persona ella, que por supuesto sabe que yo soy sacerdote, además aprecia mucho la labor de la predicación, es muy piadosa, o sea, realmente una gran persona, una gran amiga. Íbamos en automóvil, ella conduciendo. Yo iba de copiloto en la hermosa, populosa e insoportable ciudad de Bogotá. Mi amiga va manejando, es una amiga piadosa que reza el rosario, que va grupos de oración que ha venido a esta basílica y que seguramente va a oír esta homilía por Internet, porque estas homilías yo las grabo y quedan en Internet. Si usted entra a mi página web que se llama fraynelson.com, ahí encuentra las homilías de los días pasados y esta la va a encontrar en unas horas. Bueno, el hecho es que mi amiga, que seguramente va a oír esta homilía, ella iba manejando su automóvil, una amiga piadosa, de esas que tienen aquí colgados, un Rosarito, de esas que en el espejo tienen una imagen de la Virgen del Carmen, de esas que tienen un divino niño, de esas que tienen la Biblia abierta, de esas que hablan del Señor, el poder del Señor y no sé cuántas cosas el Señor y el Señor, y ella va manejando y se le atraviesa un taxi, uno de esos taxis que no respetan a nadie y esta mujer se transfigura. Yo vi como se transfiguró. Para mí fue impresionante. Cambió el color de su piel, se puso verde como el monstruo ese, se puso verde, le temblaban las manos, se le inyectaron los ojos, abrió su boca y soltó una palabrota que no se puede repetir en la Basílica.

En un aumento de presión, de dificultad, el corazón saca lo que tiene. Cuando llega el momento de la dificultad, ahí se sabe qué es lo que hay en el corazón. Por ejemplo, no sé si ustedes se habrán dado cuenta que yo soy la persona más paciente del mundo. Yo soy, me permito presentarme. Yo soy el ser humano con más paciencia en el mundo entero si no se meten conmigo. Claro, cuando no se meten con uno, todos somos pacientes, todos somos humildes, todos somos súper católicos, todos somos buenas personas, pero el corazón se reconoce cuando lo espichan, cuando lo oprimen, cuando llega una dificultad. Ahí es donde el corazón, ahí sale, ahí sale lo que tenía, mi piadosísima amiga de Rosario colgado, de Virgencita del Carmen, del Niño Jesús, Biblia, grupo de oración, cuando le llegó el momento de la dificultad, su reacción fue esta, ahí soltó una terrible, terrible, eso fue terrible. Eso prácticamente con esa grosería sola se empañaron los vidrios, eso fue espantoso.

Entonces, hermanos, tres caminos para conocer el corazón. Los digo de atrás para adelante. ¿Cómo soy yo cuando hay problemas?, sobre todo problemas inesperados. Me lleno de ira, maldición, desesperación, busco un culpable, un chivo expiatorio. Como por ejemplo muchas señoras que tienen mucha paciencia, pero cuando algo le sale mal, entonces practican esta zona de la mano que se llama nudillo y le acomodan esta zona que se llama nudillo en la cabeza a los hijos empiezan a repartir coscorrones y se están desquitando con los hijos. Hay gente que cuando tiene problemas se desquita con otro y al esposo le fue mal en el trabajo y llega a la casa a insultar a la esposa y ha pelear con ella y ella no tiene culpa de nada y ella entonces queda toda tensa y toda brava y se desquita con el hijo mayor y el hijo mayor va y busca la hermanita chiquita y le acomoda también su coscorrón para que aprenda que el mundo es injusto.

Primer criterio para conocer el corazón. ¿Cómo soy yo cuando hay problemas?, problemas inesperados, los estoy diciendo a los criterios de atrás para adelante. O sea que ese fue el número tres. Ahora viene el número dos. ¿De qué es mi conversación? ¿qué es lo que yo me la paso hablando? ¿qué es lo que sale de mi boca? Alacranes, sapos, gusanos o qué. ¿qué es lo que sale de la boca mía?. ¿De qué es que yo hablo? hay que examinarse. Una práctica muy sana es que uno todas las noches debe hacer examen de conciencia. Cómo utilicé ese don maravilloso que me dio Dios, que se llama la capacidad de hablar de qué es que hablo yo todo el día. Ese es el segundo criterio.

Y el primero que dimos y que aquí lo digo de atrás para adelante, en último lugar, es ¿cómo soy yo cuando nadie me está viendo?. Por ejemplo, cuál es mi sueño dorado cuando yo miro los frailes por aquí andaba un fraile, o cuando yo miro a mis amigos acólitos. Mi sueño dorado es que al acólito no haya que vigilarlo, que no, no tenga ningún temor con los acólitos. Todavía no hemos llegado a ese punto. Vamos a ver cuánto avanzamos. Lo mismo con los frailes. A mí me nombraron prior de este convento. Yo soy prior del convento aquí en Chiquinquirá. La delicia mía es que no haya que vigilar a nadie. Que la gente tenga conciencia delante de Dios, de lo que tiene que hacer cuando uno obra porque lo están viendo, porque lo están vigilando, todavía no ha llegado a la libertad, todavía no ha llegado a la madurez. ¿Qué hemos aprendido hoy en esta misa? Espero muchas cosas, pero sobre todo hemos aprendido una que en ese episodio, en ese cambio del rey Saúl al rey David.

La Biblia descubrió una cosa maravillosa o nos ayuda a descubrir una cosa maravillosa: el corazón. ¿Qué es el corazón? lo repito por última vez. Es la zona interior de tu encuentro con Dios. Ese es el corazón, aquella parte de tu ser donde tú te recoges cuando tienes que tomar las decisiones realmente trascendentales. Aquel lugar de tu alma donde tú haces oración. Cuando la oración te sale de lo más entrañable de tu vida, ese es el corazón. Y hemos visto algunas estrategias sencillas para empezar a conocer el propio corazón de manera que el corazón pueda ser limpio y agradable a Dios.

Así nos lo conceda Jesús, que nos ha amado con toda la fuerza de su Sagrado Corazón. Amén.

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