Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Aprendamos lo que significa amar y servir, comprendiendo que la verdadera obediencia es obedecer a la Verdad y al Amor, es decir, a quien más nos ama: Dios, nuestro Señor.

Homilía o021016a, predicada en 20260119, con 7 min. y 55 seg.

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Transcripción:

Hermanos, si hay un libro que toma en serio la obediencia es la Biblia. Pero creo que en nuestro tiempo la obediencia, sobre todo la obediencia por motivos religiosos, a mucha gente le parece como una especie de tontería en el sentido de que si estás obedeciendo a otro. Quiere decir que no puedes decidir por ti mismo. Quiere decir que no piensas con tu cabeza. Quiere decir que te tienen manipulado. Quiere decir que eres un desastre.

Y yo creo que un pensador muy, muy famoso que expresó esta idea con bastante claridad fue el filósofo Emmanuel Kant en un escrito de él que es de muy fácil lectura y es muy fácil de conseguir. Por ejemplo, en Internet un escrito que se llama ¿Qué es la ilustración? Kant dice que la humanidad ya llegó a su mayoría de edad y explícitamente dice que ya no necesitamos de pastores o sacerdotes. Ya no necesitamos incluso de maestros, porque cada uno de nosotros tiene la capacidad de pensar. Y si tú tienes la capacidad de razonar, si tienes la capacidad de pensar, entonces ¿qué haces siguiendo un sacerdote? ¿qué haces siguiendo al Papa? ¿qué haces escuchando a tu obispo?

Yo creo que toda esa filosofía que se conoce como filosofía de la autonomía ha impactado mucho. Tal vez inconscientemente. No mucha gente ha leído a Kant, pero es que las ideas propias del mundo filosófico van mucho más allá del alcance de la lectura directa. Y este es un tema que personalmente como docente me impacta mucho. Encontrarse en una cantidad de gente que está siguiendo ideas de Schopenhauer o están siguiendo ideas de Nietzsche, o están siguiendo ideas de Marx, o están siguiendo ideas de Kant. Y en realidad no han leído estos autores. Pero son como memes intelectuales, son como memes de pensamiento que se van contagiando y muchas veces ni siquiera la gente sabe el origen, ni siquiera saben por qué piensan como piensan, pero la verdad es que han quedado marcados por esas ideas.

Todo esto lo comento porque cuando nosotros tenemos la idea de que basta la propia cabeza, es decir, la famosa idea de la autonomía. Autonomía quiere decir yo soy ley para mí mismo Autos es el mismo o lo mismo y cuando se dice Nomos es ley. Entonces, autonomía quiere decir yo soy ley para mí. Y eso quiere decir que no tengo que obedecer, porque obedecer sería un acto de ingenuidad, o de infantilismo, o de cobardía, o de debilidad.

En la misma línea, por cierto, hablaba Nietzsche. Nietzsche decía que existía la moral de los señores y la moral de los esclavos. Y lo típico de la moral de los esclavos es que están siempre mirando a ver qué dice el que manda. Y para Nietzsche, esa es la gran vergüenza. Se supone que cada persona tiene que obrar como amo y dueño, como amo y señor. Fíjate con un siglo de diferencia. Kant escribía en la frontera entre los siglos dieciocho y diecinueve y Nietzsche al final del diecinueve, y prácticamente tiene su entrada hasta el veinte, pues con cien años de diferencia vienen a decir lo mismo.

Bueno, yo estoy hablando de esto porque es que la primera lectura de hoy nos habla de la desobediencia del rey Saúl. Y repito, nuestro tiempo se caracteriza porque la gente es muy obediente para algunas cosas, pero cuando se trata de fe, cuando se trata de religión, cuando se trata de los bienes espirituales, parece que lo peor que uno puede hacer es obedecer. Y ahí sí parece que uno es un tonto, un ingenuo, un débil o un infantil y que no es autónomo. Pero no es difícil encontrar cuánta obediencia tiene nuestro tiempo.

Yo estaba mirando hace poco en mis redes sociales cuántas personas ya no solamente van a un gimnasio, sino es que es muy importante que tú vayas y tengas un entrenador. Y ¿qué crees que hace el entrenador? El entrenador no está ahí para mirarte y tomarte fotos. El entrenador en el gimnasio está ahí para decirte qué es lo que tienes que hacer. Y tú le haces caso a ese entrenador. Tienes que hacer el ejercicio de la cuerda. Si has visto a la gente que hace el ejercicio de una especie de cuerdas pesadas, eso tendrá un nombre técnico. Que ahora tienes que levantar pesas. Que ahora tienes que correr tanto. Ahora tienes que hacer este ejercicio de fuerza. Y la gente obedece y obedece hasta el sudor más profuso. Obedece hasta el agotamiento y al final dice gracias y paga, ¡gracias y paga!, obedece y paga. Y lo mismo obedecemos a quienes nos hablan de nutrición, que ahora hay que hacer tal dieta, obedecemos al que nos enseña un idioma y obedecemos y pagamos. Obedecemos y pagamos cuando se trata de nuestro cuerpo, cuando se trata de aprender un idioma, cuando se trata de la nutrición. Y en esto que es tan importante.

Y en nuestra vida, la vida que permanece después de la muerte. La vida de nuestra alma. Ahí si no obedecemos, ahí si decimos con Kant que eso es infantilismo, ahí si decimos yo quiero ser autónomo, yo quiero, yo quiero hacer mi propia religión. Yo si creo en Dios, pero a mi manera.

Ese fue el problema de Saúl. Saúl pretendió servir a Dios a su manera, no como Dios le mostraba a través de un profeta acreditado por todas partes. Uno de los grandes profetas de los comienzos de Israel fue precisamente Samuel. Y a través de Samuel, Dios le habló muy claramente a Saúl. Y Samuel no era cualquiera. Las palabras de Samuel eran profundas, eran sabias y siempre se cumplían. Lo muestra también la Biblia. Saúl no, yo serviré a Dios a mi manera. Saúl era el autónomo. Yo haré lo mío, yo haré, yo me organizaré como yo quiera. Las consecuencias son las que aparecen en la primera lectura de hoy. Tú quieres organizarte a tu manera. Hazlo, pero no cuentes con Dios. Y Dios tampoco cuenta contigo. Y ahí empieza el colapso. Empieza el desastre. Empieza la caída definitiva de Saúl.

Aprendamos, aprendamos lo que significa amar, lo que significa servir y aprendamos el bien de la verdadera obediencia, que finalmente es obediencia a la verdad y obediencia al amor. Es obediencia al que más nos ama, es obediencia al auténtico y único sabio, obediencia a Dios Nuestro Señor. Saúl tomó un camino diferente y lo pagó muy, pero muy caro. Tú y yo tenemos la oportunidad de hacer las cosas bien.

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