|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Toma en serio la obediencia a Dios porque cuando Él nos pide hacer algo no es un capricho suyo es por nuestro bien. El sacrificio perfecto de amor a Nuestro Señor es darle nuestra voluntad.
Homilía o021015a, predicada en 20240115, con 6 min. y 4 seg. 
Transcripción:
La primera lectura de hoy está tomada del primer libro de Samuel y es un acontecimiento triste porque termina con una voz de rechazo. Básicamente, lo que le dice el profeta Samuel al rey Saúl es, Tú desechaste a Dios, Dios te desecha a ti. El gran problema de Saúl, y así lo enuncia la Escritura, es un problema de desobediencia. Saúl parece incapaz de someter su criterio al criterio de Dios, claramente manifestado a través del profeta.
Y esto nos invita a hacer una reflexión sobre la obediencia. Concretamente, yo quisiera que nos centráramos en tres puntos.
Primero caigamos en cuenta de que vivimos en la época del capricho, de la subjetividad, del relativismo. Y eso significa y es tan triste decirlo, eso significa que estamos viviendo en tiempos de desobediencia. Tiempos de desobediencia que se traducen en expresiones de absoluta arrogancia. Dios quiere tal cosa. Yo no lo voy a hacer. No me interesa lo que quiera Dios. No me interesa lo que diga la Iglesia, no me interesa lo que enseña la Biblia. Caigamos en cuenta que estamos viviendo tiempos de desobediencia. Pero caigamos en cuenta también cuál es el precio que la humanidad está pagando por esa desobediencia. Y ese precio siempre lo pagan en primer lugar, los más débiles, los más pequeñitos, los más pobres.
En este momento las estadísticas en países como España nos hablan de un veinticinco por ciento de embarazos que acaban en aborto. Es decir, analicemos lo que eso significa. Analicemos en qué se está convirtiendo la humanidad. Pero lo que Dios diga, no importa. Lo que Dios quiera, no cuenta. Ese es el primer punto de reflexión. Vivimos en tiempos de desobediencia y por consiguiente, lo auténticamente revolucionario en el sentido propio de la palabra, lo auténticamente revolucionario hoy es hacerle caso a Dios, obedecer.
Segundo punto, la obediencia es obediencia por nuestro bien. Hay comparaciones que yo siempre hago y las voy a repetir aquí. Piensa, por ejemplo, lo que sucede cuando una persona está iniciando un tratamiento médico y le dice el especialista, por ejemplo necesito que usted tome este medicamento, necesito que usted deje de comer estos alimentos, necesito que usted tenga esta actividad física. Y ¿qué hace la persona? Tal vez le cuesta trabajo, pero estoy seguro que por lo menos lo intenta. Intenta obedecer. Y esa persona que obedece a ese médico privándose de alimentos que le parecen deliciosos, privándose de su comodidad y su pereza. Esa persona nos va a decir, el médico es un tirano, ¡no!, queda agradecido con el médico y le paga. ¿Por qué? Porque es por mi bien.
Y eso es lo que tenemos que entender. Que cuando Dios dice No hagan esto, no es un capricho de Dios. No es amargarnos la vida, es por nuestro bien. Ese es el segundo punto que quería compartir.
El tercer y último punto que quiero compartir es el que tiene que ver con esa frase que le dice el profeta Samuel al rey Saúl. Mejor es obedecer que sacrificar. Es decir, que el sacrificio más pleno, más perfecto que nosotros podemos darle a Dios no son tanto nuestras cosas, sino el sacrificio de nuestra voluntad. Y observa que en el Padrenuestro ese es exactamente el sacrificio que anunciamos cada vez que rezamos la oración de Jesús, decimos Hágase tu voluntad en la tierra, como se hace en el cielo. Ese es el sacrificio de amor, el sacrificio de obediencia que nosotros le ofrecemos a Dios.
Así que te invito, te invito en el nombre de Cristo, a que tomes en serio lo que es la obediencia. Mira a dónde nos está llevando el camino de la desobediencia a Dios. Míralo, por favor. Date cuenta que lo que Dios manda lo manda por nuestro bien y porque nos ama. Y date cuenta que es tan grato al Señor, es homenaje de amor a Él, entrar por el camino de la obediencia. Así como la desobediencia finalmente es un menosprecio a la gloria del Altísimo. La obediencia es una proclamación de que Él es el Señor. Él es el que de verdad nos conoce. Él es el que verdaderamente nos ama. Que la gloria sea para Él. Amén.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|